Al actual Presidente se le consideró –en su partido- como “El último mohicano” para diferenciar una suerte o categoría de dirigente-partido en vía de extinción. Bajo la fragua de ese referente partidario Danilo Medina construyó un liderazgo real y ensambló un proyecto político presidencial que sobrevivió al “arca de Noe” y al Canal de la Mona en donde algunos lo arrojaron. Sin embargo, allí, en pleno mar abierto, al filo y al acecho de tiburones y de olas embravecidas, supo sortear tempestades y airear velas, y como bien radiografió don Federico Henríquez Gratereaux “remar una canoa…”. La suya -la de Danilo- fue una proeza que cabalgó –por mucho tiempo- encima de los hombros de un amplio abanico de dirigentes (ortodoxos, fanáticos y eclécticos) que se aferraron a una quimera a contrapelo de otro liderazgo mayoritario y que, quiérase admitir o no –ese liderazgo-, abrió puerta y fue magnánimo e indulgente. Tanto así, que si no hubiese sido flemático y visionario, pulveriza y aplasta, pues, en el 2007, algunos querían 90-10; y los mas radicales, la expulsión. Pero no, no hizo caso a las voces furibundas de canto eterno y caudillismo sin futuro (muy a pesar de lo que Temo y otros –en campaña- digan). Y franqueó el paso (2012). Pero ahora no se trata de lo que pudo ser y no fue. Se trata de lo que se coronó, y que, abajo y en el medio, espera un llamado. Pero, ¿cuál es el presente y el futuro del danilismo? Sin duda alguna, el presente está casi contestad el Presidente está cosechando los éxitos de una propuesta programática que por años y sacrificio diseñó, trabajó y que convocó –a sus seguidores y antes de llegar al poder- a promoverla. Hoy, el país entero exhibe y reconoce los éxitos de una gestión pública que ha impactado el tejido social y que ha rescatado el aparato productivo nacional en casi todos los renglones. Hay satisfacción publica-colectiva y sentido de que se está cumpliendo con lo que se ofertó. ¡Enhorabuena! Del futuro y a dos años de gobierno, las proyecciones son halagüeñas a pesar de algunos desafíos: la sentencia 168-13 (un imprevisto de alcance nacional-internacional que podría ponernos en la perspectiva de encarar un complejo de avestruz histórico-geopolític la migración haitiana, que ya la ley 169-14, le buscó un bajadero doble: con “la debida diligencia” y el “trato humanitario” que el Presidente ofreció), Loma Miranda (casi Parque Nacional), el eterno problema eléctrico (un negociazo histórico político-técnico-empresarial de mil cabezas e intereses), Bahía de las águilas (resuelto y en halagüeñas perspectivas de desarrollo para el sur) y la seguridad ciudadana. Por decir de los mayores y cruciales. No obstante y respecto a la relación partido-Gobierno (¡chichigua en banda!), hay, curiosamente, franjas que en sus definiciones no encajan (y el “fustigador” de Weber se pierde en una espesa neblina de olvido y campaña a destiempo), pues hay espacios, canales y puentes que han quedado rotos y en el limbo. Creo, o mejor, me aventuro a decir que es hora de escuchar y mirar para abajo porque –arriba y en este caso- no hay siquiera un San Pedro partidario que abra la puerta que no sea para una foto-bulto de algún aspirante-ego a destiempo. O tal vez, la solución es tan simple y sencilla como que uno -de lo de arriba y compromisario de aquella quimera- baje y haga del otrora super-ministro que tuvo Leonel Fernández. ¿O será mucho pedir? Es más, en mi misma cara, he visto como gente burlona (¡barco noruego!) -sí, gente que se burló de aquella osadía-quimera- ha levantado su trofeo (decreto) y se ha vuelto a burlar, en el fondo, de aquel –y según ellos- proyecto “…que no iba para ninguna parte”. “Cosas veredes, Sancho”. Pero, ¿qué hacer? si ya se reciclaron. Y están adelante. Adelante! (como decía el fenecido Bueyón Martínez). Mientras otros, de los suyos y en el olvido, ya no saben ni encuentran como reconocerse y ser reconocidos. En fin, que es urgente que una mirada sentida, haga acto-presencia. Y todo lo digo, porque en el fondo el leonelismo y el danilismo, a pesar de su diferencia de estilo y de enfoque (no de objetivos primarios-prioritarios: la patria, las reformas y el desarrollo integral), tan saludable; ahorita, cuando se decrete la campaña electoral 2016-20, serán tratados y encajados como pájaros de un mismo nido (el PLD) para la oposición, nuestros adversarios políticos-mediáticos y de aquella jauría de periodistas-intelectuales, ongs y sociedad civil –algunos coyunturalmente y a conveniencia con un pie en el estribo- que nos tiraran, a mas no poder, para desalojarnos y denunciarnos como los peores. Con la diferencia de que, para el 2016, será a Danilo Medina a quien le tocará el mérito de hacer posible –una vez más y como partido- el relevo en el poder. O quizás, quien sabe, apurar la cicuta a la mejor tradición de Sócrates.
El danilismo en clave: presente y futuro
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