Economía, ciencia barroca del absurdo

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La economía y la literatura se parecen, la primera recrea la realidad, la segunda la subvierte, una confunde, la otra esclarece. Países subyacentes, en vez de países emergentes. Emerge la clase dominante y sumerge la pobreza. Un obrero chino gana 50 dólares al mes y trabaja 15 horas diarias. Crédito basura. Todo crédito es basura, puesto que se encuentra estimulado por los intereses, no sobre la ganancia que se ha obtenido. El caso de Raskolnikov y la usurera Elena Ivanovna, de Fédor Dostoievski en Crimen y Castigo, el crimen de pedir y el castigo de pagar por ello. Burbuja, deflación, PIB, acción bursátil, todo un diccionario de una de las ciencias más barrocas que se conocen. Mediante su nomenclatura y sistema de señales los economistas no dejan de confundir a las masas con sus verdaderos tratados de adivinadores sin adivinanzas. Cada día el dinero vale menos, no adquiere ni los imprescindible. ¿Por qué venden y por qué no compran? Venden porque no les va bien y no compran por el temor de perder lo que tienen. ¿Por qué el colpaso del sistema financiero mundial? Porque los bancos de guardianes y benefactores del dinero de sus asociados, se han convertido en usurureros. Gobiernos que dilapidan el presupuesto de los pueblos, marginan a sus súbditos, bajo un sistema de precarias inversiones. En el ajedrez de la sociedad han asfixiado al rey del pueblo, no se producen jugadas, el juego se paralizó a falta de inteligentes estrategias. Lo que se produce se le vende a un solo comprador, que no compra sino mega cantidades, bajo un tal monocultivo geopolítico que ha desatado la furia de una de las hambrunas más catastróficas que se conocen, acompañada de epidemias. Los pobres, muchos de ellos, sin apenas leer conocen de burbujas. Cuando la tripa neumática del estómago comienza a fabricar subidas anormales de gases, genera burbujas, el pulso se detiene, la tensión baja, la bomba eléctrica del corazón se paraliza y el desgraciado muere de hambre. Con el PIB ocurre los mismo, o la brutalidad de dilapidar lo que se produjo en un año en inversiones que perjudican. Las acciones bursátiles brillan por su ausencia, no existe amplia aceptación en el mercado, ni en la acción de vender vasos de oro, en vez de vasos de agua. ¿Qué dejaríamos en cuanto al diccionario de las repeticiones con nombres que se enmiendan? Lo mismo de siempre, los que viven de las burbujas de la palabra, los del producto interno deshumanizado, los que anuncian la baja repentina de los precios a causa de los mismos engaños, los que sólo creen en Dios los domingos, los que anuncian las acciones bursátiles sin acciones ni resultados y los que padecen de pesadillas porque a pesar de sus bolsillos llenos, sus conciencias no les dejan vivir en paz. La teoría económica del desastre financiero mundial no merece un ensayo, sino preguntarle al panadero, ¿De los panes que horneó hoy cuántos ha vendido y de los que horneó ayer cuántos le quedaron? Acaso una paloma triste perseguida por el torbellino del hambre, que se lance del alero de un techo tras el botín de alguna migaja, nos ilustre sobre el asunto, o un perro callejero con el costillar afuera.

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