Por LUIS CASTILLO
Por más de cuatro años, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha gobernado con un terreno político despejado: no hay oposición real que le dispute el poder. El PLD y la Fuerza del Pueblo están divididos, desgastados y sin liderazgo que entusiasme. El PRM juega solo, sin contrapesos, con el control de todos los poderes del Estado.
Pero gobernar sin oposición no es lo mismo que gobernar bien.
Cuando llegó al poder en 2020, el presidente Luis Abinader prometió reformas profundas, transparencia y compromiso con los derechos humanos. Incluso aseguró que defendería a las mujeres en el nuevo Código Penal. Cuatro años después, esa promesa se quebró: las mujeres fueron traicionadas, reducidas a “incubadoras” por una visión política que abraza la agenda de la extrema derecha.
En materia económica, el Gobierno exhibe cifras, estadísticas y porcentajes… pero la gente no vive de números, vive de realidades.
¿Quién conoce a alguien que en este gobierno haya salido de la pobreza y haya pasado a la clase media?
¿Puede el PRM señalar un solo problema estructural del país que haya resuelto?
La realidad es que:
* El agua potable sigue siendo un lujo. Millones compran no solo el agua para beber y cocinar, sino también para bañarse.
* La seguridad se ha vuelto una jaula: la gente vive encerrada tras barrotes, y cuando hay un incendio, mueren atrapados por sus propios candados.
* La canasta familiar es hoy más cara que en 2020.
* Los combustibles cuestan más que cuando el PRM llegó al poder.
* La salud pública sigue siendo precaria, especialmente para los más pobres.
En estos cuatro años, el único logro político claro del PRM ha sido desarticular a la oposición para quedarse solo en el juego. Pero eso no es gobernar para la gente, es asegurar el poder para uno mismo.
Si hoy el país no está en una crisis social masiva es por dos factores:
1. Las remesas que envía la diáspora dominicana, sosteniendo a millones de familias.
2. Una oposición desconectada, incapaz de canalizar el descontento popular.
El PRM ha heredado todos los problemas estructurales del país y no ha resuelto ninguno. La pregunta es simple: ¿Dónde están sus logros reales?
El Gobierno debe salir a explicarle a la ciudadanía qué ha hecho de verdad por la gente más allá de repartir bonos, subir nóminas y hacer propaganda.
Gobernar sin oposición es fácil. Gobernar resolviendo problemas, no.
Y en eso, hasta ahora, el PRM está en deuda.


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