Dineros que mortifican

A decir de sus biógrafos, Honorato de Balzac el gran novelista francés, era un ladino que debía a las veinte mil vírgenes y eso asi, debido a que ostentaba ser rico, codearse con la aristocracia de su época, beber el mejor champán y vivir en castillos sin poder. Para entonces, los libros que escribía, no le dejaban para tanto boato.

Siempre recordamos  cuando estábamos en la facultad de derecho de la universidad de Santo Domingo, que el notable y egregio profesor don Hipólito Herrera Billini nos decía: “cuando estén en el ejercicio, no acepten todo dinero que les ofrezcan, hay dinero que quema, forja ronchas y hace más mal que bien”. Dinero que forma llagas y se aloja en la columna vertebral de la historia.

Ese extraordinario profesor, no se imaginó siquiera, que hoy ese don dinero, se haya convertido en una calamidad de magnitud impredecible, que quien no lo posea a granel, no vale nada ni siquiera una guayaba podrida.

Según la Real Academia Española de la lengua, organizar quiere decir “establecer o reformar algo para lograr un fin, coordinando  las personas y los medios adecuados”. De esta forma, al relacionar el sustantivo crimen con el adjetivo organizado, se insinúan dos pertenencias que resultan extrañas a gran cuantía de delitos.

De las manos, el término organizar entiende asumir un importante suficiente cercano al de planificar, de modo y manera que el crimen organizado debe desemparejarse de aquellos otros actos delictivos abiertos o que se cometen sin reflexión previa, bajo el efecto de reacciones apasionadas, como sucede con los llamados “crímenes pasionales”.

Volviendo a la definición académica, organizar exige poner en coordinación a varias personas, lo cual permite excluir otro buen número de delitos o crímenes, en ceñido todos aquellos que recubran o pueden consumarse de forma individual.

Igualmente, a diferencia de otras expresiones calzadas para asemejar características delictivas, la expresión “crimen organizado” no designa un tipo concreto de infracción o ilegalidad (como ocurre al hablar de un robo o una estafa), tampoco una categoría concreta de victimas (como al referirnos a la violencia de género o al abuso de menores), de donde resulta que el crimen organizado puede englobar una amplia variedad de delitos y de víctimas.  

De esto discurrimos, que el crimen organizado no es un tipo de delito en particular, sino una forma de cometer delitos representados por dos condiciones: cierto nivel de planificación, y la contribución conjunta y sistematizada de varios individuos.

Pero no todo delito de perfil planificado por medio de la acción coordinada de varios sujetos presume un caso de crimen organizado. Para que los individuos que lo realizan logren ser imputados como autores implicados en un crimen organizado deben formar parte de una organización, y la palabra organización no inviste a cualquier grupo de fulanos, sino a un tipo concreto de asociación.

Específicamente, las propiedades cardinales de una organización son como siguen: 1.- Un conjunto de individuos o de grupos de individuos. 2.-  Asociados entre sí para conseguir ciertos fines y objetivos. 3.- Que asumen y desempeñan una variedad de funciones o tareas diversificadas. 4.- Que maniobran de forma coordinada y consonante a ciertas reglas. 5.- Que actúan con una cierta continuidad temporal.

De este perfil, las organizaciones envueltas en el crimen organizado completarán a las cinco características arriba señaladas una sexta y última: la de haber sido creadas con el propósito de adquirir y atesorar mercedes monetarios por medios primariamente ilegales. 

El funcionar y las decisiones políticas que dan contenido a las clasificaciones jurídicos reinantes en un país pueden abrir la puerta al crimen organizado de varias maneras. La más simple consiste en estimular o proteger legislaciones penales que, en paralelo con las de otros países, presuman un sistema más laxo de los delitos directa o veladamente conexos con el crimen organizado, desde la asociación ilícita al blanqueo de capitales. Ciertamente la ausencia de leyes drásticas que garanticen la trasparencia de las entidades bancarias, lo cual puede atraer el capital de las organizaciones criminales. Por último no hay escenario politico más proclive a la delincuencia que aquel donde el orden jurídico instituido no recibe el respaldo de un sistema de justicia y las agencias de seguridad competentemente poderosas.

 Por tales motivos, es cabalmente lógico que los países o zonas definidas por su ineficiencia para aplicar las leyes y controlar las actuaciones ilegales se conviertan en foco de seducción para el crimen organizado.

Irrebatiblemente, las deficiencias mas importantes en este sentido son las que perjudican la persecución policial y judicial de los criminales, lo que crea un vacío represivo en el que establecidas prontitudes delictivas tienen grandes posibilidades de quedar impunes. Pero estas no son las únicas apatías que pueden servir de acicate a la delincuencia organizada. También están las que responden a un control ineficaz de fronteras y de las operaciones bancarias, tan concluyentes para las prácticas ilícitas de importación y exportación, y la transferencia de fondos ilegales, respectivamente, porque todo lo otro no es más, que pececitos de colores.

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