Dinámica del incendio y bandolerismo colectivo

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EL AUTOR es abogado y profesor universitario. Reside en Santo Domingo.

Una infracción en el origen de la cual se encuentra la violencia, y que puede ser considerada también como la expresión de una forma de agresividad destructiva, es el incendio.

Algunos individuos por sugerencia  directa o indirecta, y a menudo aun para vengarse, recurren al incendio. Si se les observa, se puede  constatar que presentan perversiones instintivas, del hecho que el fuego, y en específico la vista del fuego, los colman de profundo gozo.

Los incendiarios son a menudo débiles mentales llevados a ese delito por desenfrenos irreflexivos particulares: goce a la vista del incendio y sentimiento de vanidad anormal destinado a llamar sobre ellos la atención. En otros casos, se trata de sujetos en quien la debilidad mental se acompaña de esta crueldad que es propia a ciertos criminales constitucionales a orientación hipo evolutiva y psicopática.

Existen formas más graves de ese delito, cuyos dinamismos están ligados a ciertas formas de obsesión que se transforman fácilmente en esta obsesión-impulsión conocida con el nombre de manía incendiaria o piromanía. La piromanía puede ser autónoma o sintomática de psicosis agudas o crónicas y provocar toda una serie de delitos.

Entre los pirómanos se encuentran sujetos perversos, psicopáticos, oligofrénicos, epilépticos, esquizofrénicos, alcohólicos, pero sólo el examen clínico puede arrojar luz sobre el verdadero motivo de su suerte.

Por su lado, el bandidismo es una forma de criminalidad con una dinámica todavía más compleja. La experiencia muestra que se encuentra en los bandidos sujetos criminales y sujetos no criminales.

En el segundo caso el bandidaje es la expresión de características psicológicas individuales, las más frecuentes son la hostilidad hacia las normas éticas y legales de la sociedad, a las que se niega todo valor, y la actitud de desafío frente a la autoridad con fines de protesta.

En todo caso, el bandidaje, aunque está vinculado en su origen a peculiaridades psíquicas particulares del individuo, es más prevalente en el país donde las condiciones higiénicas, étnicas y culturales apenas difieren de las que hemos mencionado en relación con la subcultura de la violencia.

Una multitud reunida o no, en un propósito determinado, tiende a caer en un estado de monoideismo, que favorece, en todos los sujetos que la componen, el desarrollo de situaciones psicológicas particulares. Es entonces que el individuo, sobre todo  si está bajo una perturbación psíquica, tiene sus poderes de inhibición y de crítica embotado.

Todas las veces que una muchedumbre se dedica a actos incalificables, el sentido de la responsabilidad se debilita en cada individuo al punto de desaparecer, y los instintos más bajos y más agresivos se desencadenan.

Es por lo que el proceso de fermentación, de exaltación, y excitación de las fuerzas instintivas inferiores o que se encuentra en todos los participantes de una multitud, de suyo en una multitud tumultuosa, está siempre ajustadamente subordinado a su estructura físico-psíquico particular.

De hecho, se ha observado que son los sujetos que presentan variaciones extremas de carácter o rasgos psicopáticos los que adoptan actuaciones anormales y juegan el papel de protagonistas, en particular con motivo de hechos violentos. No hay duda de que también en el campo del bandidaje, los cabecillas son generalmente sujetos con una personalidad más o menos anormal.

El artículo 434 del Código penal, castiga el incendio según las distinciones siguientes: 1º con la pena de treinta años de reclusión cuando se ejecutase voluntariamente en cualquier edificio, buque, almacén, arsenal o astillero que esté habitado o sirva de habitación, y generalmente en los lugares habitados o que sirvan de habitación, pertenezcan o no al autor del crimen.

jpm-am                                                                                        

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Anana
Anana
2 meses hace

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