Del legado de ‘El Moreno’ al servilismo: la carrera de Guido Gómez
POR JULIO MARTINEZ
Guido Gómez Mazara aparece hoy ante la opinión pública como un político dispuesto a arrastrar su historia personal y a vender sus valores con tal de ser aceptado en ciertos círculos de poder, especialmente vinculados a Estados Unidos. Ese contraste se vuelve más crudo cuando se le compara con el legado de su padre, Maximiliano “El Moreno”, cuya vida estuvo marcada por la confrontación con la injerencia extranjera y la defensa radical de la soberanía.
Maximiliano Gómez, “El Moreno”, fue dirigente del Movimiento Popular Dominicano (MPD), de inspiración maoísta, enfrentado tanto al gobierno de Joaquín Balaguer como a la presencia militar y política de Estados Unidos en República Dominicana. Su biografía está asociada al sacrificio, a la cárcel, al exilio y finalmente a una muerte violenta, elementos que lo convirtieron en símbolo de resistencia anticolonial y dignidad política.
Guido Gómez Mazara, abogado y figura conocida de la política dominicana, ha capitalizado durante años el apellido y la memoria de “El Moreno” como carta de presentación moral ante el electorado. Sin embargo, su trayectoria muestra una práctica política cada vez más alejada de aquella tradición de confrontación con el poder hegemónico, sustituyendo la ética de la resistencia por la conveniencia del acercamiento diplomático.
El dato de la cancelación de su visa por las autoridades estadounidenses, que se remonta a los años 2000, es un hito que ha marcado su relación con Washington y su propia narrativa pública. Lejos de asumirlo como ruptura con un país al que su padre enfrentó políticamente, Gómez Mazara ha tratado de presentar el episodio como una injusticia que, paradójicamente, refuerza su ansia de rehabilitación y aceptación ante ese mismo poder que lo sancionó.
En lugar de convertir la revocación de la visa en una oportunidad para reivindicar una posición soberana, Guido ha encauzado su discurso hacia la búsqueda explícita de respaldo y “normalización” con Estados Unidos, consciente de que este aval pesa en cualquier aspiración presidencial. Esa actitud proyecta la imagen de un dirigente que se arrastra políticamente, dispuesto a sacrificar coherencia con tal de reabrir puertas en la esfera internacional, aunque eso suponga desdibujar la memoria de “El Moreno”.
El espejo de María Corina Machado
La comparación con María Corina Machado no es casual: se trata de otra figura que, desde la oposición radical al autoritarismo en Venezuela, ha tejido su proyección internacional a través de una intensa alineación con Washington. El hecho de que haya llegado al punto de entregar simbólicamente su Nobel de la Paz al presidente de Estados Unidos subraya hasta qué punto el reconocimiento externo se ha convertido en eje central de su estrategia política.
Tanto Machado como Gómez Mazara entienden que, en la política latinoamericana contemporánea, la bendición de Estados Unidos puede equivaler a un certificado de respetabilidad y viabilidad para una eventual candidatura presidencial. En ese esquema, la defensa de principios históricos —ya sea el antichavismo sin concesiones o la tradición antiimperialista heredada de “El Moreno”— se supedita a un objetivo superior: resultar “confiables” para la potencia del norte.
La venta de los valores
En el caso dominicano, el costo simbólico es especialmente alto: el hijo del dirigente que enfrentó la injerencia estadounidense aparece hoy como un aspirante a estadista que mide sus movimientos en función de cómo serán leídos en embajadas y despachos
extranjeros. Esa dependencia de la mirada ajena equivale a vender los valores heredados, renunciando a una identidad política propia para convertirse en producto de consumo externo, moldeado según expectativas foráneas.
El esfuerzo casi suplicante por revertir o relativizar el estigma de la visa cancelada ha sido utilizado como argumento de victimización, pero también como moneda de cambio para mostrar obediencia futura. En esa dinámica, la humillación se convierte en estrategia: se tolera el agravio, se lo interpreta como “malentendido” y se redoblan gestos de sumisión en la esperanza de que, a cambio, llegue el apoyo a una eventual candidatura presidencial.
Desde la perspectiva histórica, la figura de Maximiliano Gómez emerge como contraste acusador frente a la conducta de su hijo: donde antes hubo riesgo, cárcel y exilio por una causa, hoy se observa cálculo, adaptación y búsqueda de beneplácito externo. Esa inversión moral no solo pone en vergüenza el legado de “El Moreno”, sino que envía a las nuevas generaciones el mensaje de que la dignidad es negociable cuando el premio es ser aceptado por el poder que antes se denunciaba.
JPM

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Usted no es servir’y vive allá.????
Bueno. Venga a vivir aca
El autor “reside en Miami”. Tremendo nivel de hipocresía. Ja ja ja
Y usted vive en EEUU. Y no quiere que el otro vaya??????