De la corrupción administrativa pública a la privada 

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El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura. Reside en Santiago de los Caballeros 

«Me he propuesto hacer un abordaje médico y psicológico del país en el que cuento, analizo y llego a la conclusión de que el país está sumergido en una enfermedad grave que es el “tigueraje”» (Dr. José Dúnker)

Desde la muerte de Rafael L. Trujillo hasta la fecha es mucho lo que se ha escrito acerca de la corrupción pública en la República Dominicana. Sin embargo, de la otra corrupción, la administrativa privada, es muy poco lo que ha dicho, a pesar de que diariamente recibimos de ella sus letales efectos.

A los dominicanos solo parece preocuparle el derroche de los recursos del Estado llevado a cabo por un determinado funcionario; pero no así las prácticas fraudulentas en que fuera de la administración pública se incurre cuando se brinda o solicita un servicio. Con tal de lograr un propósito, en esta tierra de Duarte, Caamaño y Luperón, todo vale. No creo que exista otra parte del mundo en el que como la patria dominicana tenga tanta presencia el famoso principio maquiavélico aquel de que «El fin justifica los medios»

Por eso estamos sumergidos, no solo en una grave enfermedad llamada “tigueraje”, al decir de nuestro reputado siquiatra, José Dúnker, sino en la cultura del fraude, del engaño o del aprovechamiento. Por eso debemos estar siempre a la defensiva. Por eso el mecánico, el plomero, el técnico de radio o televisión, el abogado, el médico, etc., te dobla y hasta triplica el costo normal del servicio prestado si te ven la cara de forastero o ingenuo, andas en un vehículo lujoso o saben que vives en un sector residencial.

Los casos sobran y se repiten todos los días:

Un plomero, para corregir una filtración en mi casa, cuya labor tardó solo media hora, me solicitó el pago de cuatro mil quinientos pesos. Casi me da un paro cardíaco. Se produjo el natural regateo y el estafador con traje de plomero, aceptó que le pagara solo mil pesos.

En 1999 solicité en Santiago los servicios profesionales de un abogado y profesor universitario (Q.E.P.D.), con tal de recuperar los RD$175,000.00 que el administrador de una empresa constructora no pretendía devolver, después de haber violado el contrato de venta de un apartamento. El estafador, con traje de abogado, logró que el no menos estafador, con traje de constructor, devolviera el dinero; pero para que este llegara a mis bolsillos, tuve que someter el caso ante la fiscalía del distrito judicial de esta ciudad.

Un hermano nuestro va a un taller a cambiar el tambor de su yipeta. En lo que el mecánico montaba la pieza, aparentemente nueva, mi pariente se ausentó durante unos veinte minutos. Cuando regresó, ya dicha pieza estaba instalada. ¿Cuál? La misma dañada que tenía.

Un anciano residente en San José de las Matas recibe de su hijo radicado en Nueva York un moderno televisor. Lo enciende y al notar que no funciona, arranca en su B.M.W y se lo lleva a un técnico en Santiago. El televisor estaba en perfecto estado, pero el don no sabía manipularlo. Consciente de eso, el ladrón, con traje de técnico, tomó el soldador, quitó varias piezas supuestamente en mal estado y le dijo al hombre que debía comprarlas, traérselas y regresar al día siguiente a buscar el aparato, no sin antes decirle que el trabajo valía mil pesos. Cuando un día después el anciano volvió al taller, esta vez se presentó en un lujoso y moderno carro marca Lexus. Esto fue más que suficiente para que nuestro técnico, en lugar de mil, le cobrara mil quinientos pesos, monto al que para su favor, debió añadirse las piezas nuevas compradas.

Una pariente nuestra “le cogió” con practicarse una cirugía plástica en la nariz. Más de un cirujano honesto le había dicho que tal procedimiento, en su caso, no procedía. Ella, sin embargo, insistió y habló con un famoso estafador con traje de cirujano plástico de Santiago, muy ligado entonces (inicio década del 2000) a los medios de comunicación, el cual simuló haber realizado la cirugía, después que primero se le depositara en su cuenta la suma de cinco mil dólares.

¿Y no es también corrupción la aberrante conducta de un “profesor” o mal llamado “educador” consistente en asignar notas a cambio de beneficios extras?

Quizás se deba a que la conducta corrupta de muchos funcionarios impacte mucho más, pero lo cierto es que la corrupción administrativa privada es tan dañina y común como la que se practica en las diferentes instituciones del gobierno. Merced a lo hasta aquí expuesto, es que siempre he dicho que : en nuestro país, el cliente, más que eso, es una verdadera víctima.

dcaba5@hotmail.com

jpm-am

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Luisa
Luisa
7 meses hace

muy bien dicho, profesor.solo hubo un error en su artículo desde mi punto de vista: poner al coronel caamaño entre gregorio luperon y nuestro padre de la patria juan pablo duarte.es cuanto.

antonio roca
antonio roca
7 meses hace

en otras palabras, vivimos bajo el timo y el engaño y los peores son los medicos, nada mas hay que ver las monstruosas clinicas que se leventan y han levantado en santiago para saberlo.

Miguel Espaillat
Miguel Espaillat
7 meses hace

una verdad del tamaño de la catedral…