La opinión pública nacional reaccionó muy sorprendida la semana pasada cuando se enteró de una confrontación telefónica mantenida por los empresarios cuyos consorcios están, directa o indirectamente, comprometidos con la explosión que mató a ocho personas y causó una gran devastación en el sector Villas Agrícolas de la capital de la República.
La circulación de ese lance telefónico hizo suponer que el siguiente capítulo sería un litigio judicial, lo cual dejaría la remediación de los daños en un plano secundario a la espera de un desenlace incierto.
Sin embargo, la sensatez de los empresarios Arturo Santana, principal ejecutivo de Propagas, y Manuel Díez Cabral, de Polyplas, marcó la tónica del siguiente capítulo, el cual ha tenido como punto esencial acudir en auxilio de los afectados por un evento trágico del que la búsqueda de responsabilidad directa o indirecta no conducía a nada positivo.
En consecuencia, lo correcto ha sido el paso dado por ambas empresas que de forma mancomunada han empezado a dar una mano a las personas más impactadas por la desgracia.
Así las cosas, Polyplas y Prepagas, esta última con vinculación con Nat Gas, la razón social que suplía el gas natural a la empresa devorada por la explosión, hicieron lo correcto al poner a un costado el conflicto para asumir la parte material de una catástrofe que ha dejado huellas imborrables en las familias que perdieron a sus seres queridos aquel fatídico día.
La creación de un fondo común que servirá para canalizar la asistencia a las víctimas ha sido una demostración de que en estos casos tan dramáticos valen el desprendimiento y el abandono de actitudes rígidas para dar paso a la simplificación de mecanismos de remediación de daños.
Un dato importante es que las empresas han confiado en las organizaciones de base de Villas Agrícolas para la administración del fondo, es decir, que sea la misma comunidad la que asuma la tarea de tratar directamente con las víctimas en lo que los mecanismos institucionales determinan la responsabilidad civil que se deriva de estos eventos.
Conociendo lo engorroso que resultan estos asuntos, hubiera sido hasta cierto punto inhumano dejar a estas familias esperando soluciones judiciales para que hicieran frente a su drama cuya solución, al menos en parte, era para ahora mismo.
Sin bien nada material puede resolver el impacto de las familias que perdieron a sus seres queridos durante la explosión, por lo menos la asistencia material, pero sobre todo la ayuda sicológica, pueden significar un alivio en medio de una situación que les llegó de sorpresa y en cuestión de minutos se llevó vidas y bienes. Creo que los empresarios involucrados actuaron correctamente en términos humanos.

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