No es casual que a raíz del terremoto que «arrasó» con lo que quedó de Haití tras el saqueo de Francia, España, Estados Unidos, los Duvalier y sus Tonton Macoutes, el Imperio haya eliminado trabas para conceder a los dominicanos el «privilegio» (visas) de ingresar legalmente a su territorio.
En razón de eso, es muy común hoy día ver a cualquier «saltapa’trá» con una visa estadounidense de 10 años estampada en su pasaporte.
Da la impresión de que el Departamento de Estado del Coloso del Norte y sus socios canadienses y europeos hayan decidido «hacerle un huequito» en sus parcelas a los hijos de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón para que estos, a su vez, le «dejen el límpio» a sus vecinitos haitianos.
Para poner en marcha ese plan, Estados Unidos necesitó la complicidad de un gobierno entreguista, lacayo, genuflexo y servil como el que encabeza Danilo Medina y los que dicen ser alumnos del profesor Juan Bosch.
No fue una mala decisión, ya que, según el parámetro de «Los Dueños del Mundo», los dominicanos somos menos «salvajes», más saludables, más educados, más dóciles y más cobardes que los haitianos, por lo que prefirieron «bregar» con los primeros en territorio norteamericano, y no con esos «burros de carga» nacidos en la otrora invasora nación que fundó François Dominique Toussaint Louverture.
No culpo a los haitianos de la desgracia de los dominicanos, sino a los «azarosos» gobenantes que hemos heredado y, en cierta medida, a nuestra propia ingenuidad.
Los que ahora están en el «Palo» han vendido la falacia de que Danilo Medina gobierna con «el oído en el pueblo». Si es así, le aconsejo al hombre de Arroyo Cano que se limpie la cera y escuche el clamor de millones de dominicanos que piden a gritos un gobernante que les devuelva el orgullo, que saque la cara por su gente cuando nos acusan de lo que no somos y que le haga ver al mundo, si es preciso, que queremos mantener nuestra dominicanidad por encima de los planes de Francia, España, Estados Unidos y dos o tres islitas insignificantes.
Expliquele a esos «irrespetuosos» que esta Patria costó mucho sacrificio y sangre, y que para fundarla debimos sufrir antes 22 años de abusos, humillaciones, salvajismo y bestialidades de esos que hoy, nueva vez, nos invaden, desconsideran y obstruyen nuestro desarrollo con sus malintencionadas mentiras.
Hable señor presidente. Digales que no es que seamos xenófobos, sino que deseamos regirnos por nuestras propias leyes y que estamos hartos de cargar con los problemas haitianos, que nos conviene, y queremos, avanzar sin ellos.
jt/am

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