Prefacio
El día 5 de diciembre de 1492 llegó a la isla La Hispaniola la nao Santa María en el primer viaje que se hacía al continente americano, la cual estaba comandada por el almirante Cristóbal Colón junto a otras dos naves conocidas como la Pinta y la Niña. Poco después de haber arribado a la isla, la Santa María encalló en la costa noroeste de lo que hoy se conoce como la República de Haití y con los restos de su madera se fabricó el Fuerte Navidad.
A la llegada de los españoles, La Hispaniola estaba habitada por indios taínos los cuales a su vez provenían de la América del Sur y la división política radicaba en cinco cacicazgos que dominaban de manera específica los territorios, los cuales a su vez eran gobernados por caciques. Estos cacicazgos eran: Marién, Maguá, Maguana, Higüey y Jaragua.
Al cabo de cierto tiempo se hicieron otras expediciones, que no tuvieron como objetivo poblar o conquistar territorios, sino más bien, hacer reconocimientos exploratorios para realizar actividades de comercio sin intención de quedarse. La finalidad era obtener nuevos datos, explorar la nueva región y entablar relaciones con los nativos que, obviamente, eran los que conocían mejor el lugar en donde vivían.
De manera astuta y para ganarse su confianza para sus planes, los conqistadores españoles invitaban a los indígenas a intercambiar cascabeles, baratijas, cristales de colores y espejos, a cambio de los objetos de oro que ellos llevaban puestos, claro está, sin tener ellos el conocimiento de su valor. Por otra parte, les preguntaban a los aborígenes, de dónde habían sacado el oro que lucían. Mediante ese engaño, se ganaron la confianza de los nativos, convirtiéndose eso en una actividad ilícita de los españoles. Como consecuencia de eso, los conquistadores se aprovecharon de la ignorancia de los lugareños para obtener ganancias en el intercambio y sacar el oro de la isla.
Pero, lo que esos exploradores nunca se habrían imaginado, ni tampoco los historiadores que dejaron plasmado para la posteridad este magno encuentro de dos continentes es que, 528 años después las mismas artimañas que los españoles utilizaron en contra de los indios que habitaban La Hispaniola para despojarlo de su oro a cambio de baratijas, los descendientes de otra isla conquistada por ellos conocida como Cuba, iban ha realizar las mismas prácticas de engaños y, de cierta forma, abusar exprofeso de una “ignorancia acomodaticia” de algunos gobiernos con iguales orientaciones ideológicas de corte socialistas de sus estafadores. Veamos pues.
Daniel y el engaño al estilo Castro-cubiche
Me agradan las definiciones de los conceptos que utilizo en mis modestas opiniones, porque ellas hacen más comprensible el mensaje que trato de llevar a los amables lectores por más simples que parezcan. En consecuencia, me quiero referir a la palabra “engaño” porque es parte fundamental de esta exposición.
El término engaño es una acepción que emana de latín y más propiamente del verbo “ingannare”, cuyo significado es “engañar a alguien y burlarse de él”. Es la manera de inducir a otro a tener como cierto aquello que no lo es, dar a la mentira apariencia de verdad o producir una ilusión. Colegimos entonces que, un engaño supone una falta de verdad en lo que se dice, se hace o se piensa en perjuicio de otros.
Como sabemos, la pandemia del COVID-19 se inició en el mercado de Wuhan en la provincia de Shanghái en la China Popular, al mutarse un coronavirus en ese mercado de animales vivos, ocasionando la génesis de una crisis sanitaria que la nación comunista ocultó deliberadamente para no exponerse a los ojos del mundo. Esta innoble conducta se hizo coludida con la Organización Mundial de la Salud (OMS) que dirige el comunista Tedhros Addanon Ghebreyesus, que calló y no alertó a tiempo a las demás naciones como era su deber para tomar las medidas de lugar. Eso ha sido un genocidio y una vil conducta que ha ocasionado miles de muertos en todo el planeta, ha cambiado el estilo de vida en los seres humanos y ocasionado pérdidas cuantiosas al comercio mundial.
Aunque luzca macabro, siempre en las grandes crisis hay personas, empresas y gobiernos que de las desgracias colectivas han obtenido pingües negocios y una opípara fortuna. Algunas de esa motivaciones son lícitas y honestas pero, otras como es el caso de Cuba, no son más que acciones oportunistas, perniciosas y una verdadera estafa en nombre del dolor ajeno y una burla al juramento hipocrático. Veamos las razones de este criterio.
A raíz de explayarse al mundo el virus chino de manera rápida, poco conocido, astuto y altamente contagioso, los gobiernos de todos los países en el mundo se vieron en la necesidad de prepararse ante la pandemia, adquirir medicamentos, instrumentos médicos y parafernalias de protección al personal sanitario con el agravante de que no se tenía una vacuna para detener el contagio.
Bajo esa tesitura, el gobierno de Nicaragua del izquierdista, sandinista y pederasta José Daniel Ortega Saavedra, hizo lo propio y, para esos fines, solicitó a principios del mes de mayo al Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), le autorizara una partida de unos 11.7 millones de dólares para hacerle frente a la crisis sanitaria que se avecinaba. Dicha partida iba a estar destinada al
“Programa de Emergencias Prevención y Contención del COVID-19 en Nicaragua”. Como sabemos, estos gobiernos socialistas que tanto presumen de ser “soberanos”, tienen una debilidad enorme frente a la manipulación cubana debido a que la isla propiedad de la familia Castro los orienta en cuanto a política, la dinámica médica y mantener el control del poder.
Como muestra de lo anterior, previo al desembolso del BCIE de la partida solicitada, llegaron a la patria de Rubén Darío una “brigada de avanzada de asesores médicos cubanos” así como también la Organización BioCubafarma con la idea de implementar para enfrentar esta pendemia unos 22 medicamentos, siendo uno de ellos el Interferón Alfa 2B recombinante que, según dijo Marta Ayala vicedirectora del Centro de Investigación de Biotecnología de Cuba: “Este medicamento está siendo utilizado por las autoridades de salud en China y otros ministerios de salud en el mundo” (cierro la cita). Más Pinocho no se puede ser cuando se persigue un fin pecuniario.
Como era de esperarse y para no desairar a sus camaradas socialistas, Nicaragua apostó al uso del Interferón Alfa 2B y fue así que antes de la aprobación del préstamo, ya el 8 de abril habían llegado al aeropuerto de Managua 8 mi dosis del citado medicamento cubano presentándolo en los medio oficiales como una especie de “donación” de Cuba en muestra de solidaridad con el pueblo de Nicaragua. Pocos días después, llegaron un equipo de científicos y médicos cubanos preparando el terreno antes de la aprobación del préstamo que se daba como un hecho, para producir a nivel local el Interferón con propósitos de exportación a Latinoamérica.
Si calculamos las 8 mil dosis de Interferón Alba 2B “donadas” por Cuba para una población de 6 millones 465,513 nicaragüenses, tendríamos que se utilizaría una dosis por cada 808,189.125 habitantes, lo que nos lleva a concluir que más descaro, cinismo y burla no podía haber.
Cuba reeditó el engaño del colonizador
De los 11.7 millones de dólares entregados por el BCIE a Nicaragua, el gobierno de Daniel Ortega entregó a Cuba la friolera de 5.9 millones de dólares para la compra de 49,715 inyecciones del medicamento “cubano” Interferon Alfa 2B y colocarlo en los protocolos de los hospitales en Nicaragua y 900 mil dólares para la compra de 40 ventiladores mecánicos de tipo universal. De manera insólita, en esas partidas no se incluyó los equipos de protección necesarios para el personal de salud.
Sin embargo, al cabo de poco tiempo, los hospitales en Nicaragua desistieron de colocar en los protocolos de tratamiento el antiviral Interferón Alba 2B, al darse cuenta de que muchos pacientes no respondían con mejorías, otros les hizo más daño que bien, muchos fallecieron y la curva de la pandemia iba ascendiendo y no cediendo, según fue denunciado por el reconocido neumólogo nicaragüense Dr. Jorge Cuadra, el cual trabajaba en el Ministerio de Salud (MINSA) en Nicaragua y fue despedido tras esos señalamientos. Sin dar una explicación razonable y como se merece la sociedad nicaragüense, el Interferón Alfa 2B desapareció de los hospitales en todo el país y el gobierno ha hecho mutis sobre el caso ante la gravedad de jugar con la salud pública de una nación y, por demás, haber pagado una millonada ante una evidente estafa y engaño médico por parte de Cuba.
Según el Observatorio Ciudadano que es un grupo interdisciplinario de la sociedad en Nicaragua, ante las mentiras y desconfianza que genera el gobierno sandinista, ha llevado un conteo paralelo de los efectos de la pandemia en ese país y sostienen que, hasta principio del mes de junio habían unos 5,027 contagiados y habían fallecidos unas 1,114 personas por el COVID-19 destacando que en Nicaragua ahora con la pandemia se han implementado los llamados “entierros express”.
Epílogo
Interferón Alfa 2B : El embuste cubano con batas blancas
Hace exactamente dos años en Junio 2018, me econtraba junto a mis esposa en viaje de placer en la ciudad de Zurich, Suiza y, estando en la casa de una pariente política en donde me había hospedado, me llamó la atención una revista en donde había un artículo que hacía referencia al interferón. Tomé notas del mismo y me fueron muy útiles para emitir mis criterios sobre el tema y denunciar el engaño y la estafa de la tiranía cubana con este antiviral contra el pueblo nicaragüense. Veamos las razones en que me sostengo:
1.-a) El interferón primario fue descubierto por el virólogo suizo Jean Lindemann en el año de 1957, en su laboratorio en Gran Bretaña y fue dos años antes de que triunfara la Revolución Cubana.
2.-b) Una variante del primer interferón lo fue el Interferón Alfa 2B, descubrimiento llevado a cabo en la Universidad de Zurich, Suiza, en la década de los 80 y cuyas investigaciones la dirigía el científico Charles Weissmann junto a Jean Lindemann (suizos) y Alick Isaasc, (británico) y fue el trío que descubrió la variante Alfa 2B y la puso en el mapa mundial de la medicina. Aquí no hubo ningún cubano.
3.- c) Cuba supo del interferón, cuando el Dr. estadounidense Randolph Lee Clark, se reunió en 1981 con el sátrapa Fidel Castro Ruz y le habló de este antiviral y el dictador envió a dos científicos cubanos a recibir entrenamiento en Texas para producirlo en la isla. Lo aprendido en los laboratorios del científico Lee Clark unido a las moléculas patentadas por el filandés Kari Kantell en 1972, el recombinante fue reproducido por médicos cubanos en 1986. No fue cubano como ellos dicen.
4.-d) Hasta el momento la Organización Mundial de la Salud (OMS) no ha recomendado el uso del Interferón Alfa 2B para tratar el COVID-19 ni está incluído en ningún protocolo internacional.
Atribuirle a los científicos cubanos la creación del Interferón Alfa 2B, no solo es inexacto, falso, y una soberbia mentira, sino, un engaño, parte de una estrategia propagandista y un robo descarado de los millones de dólares que el BCIE le facilitó al pederesta Daniel Ortega.
JPM-sp


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