Cómo los demócratas evitan una tormenta perfecta

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El autor es antropólogo. Reside en Nueva York

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Por FELIX REYES

El conocimiento de los hechos del pasado brinda valiosas enseñanzas sobre la necesidad de enfrentar, desde el inicio, situaciones que pueden obstaculizar la realización de proyectos individuales o colectivos. Partiendo de la aseveración anterior, me propongo abordar un aspecto de la coyuntura política norteamericana vinculado al objetivo del Partido Demócrata de impedir la reelección del presidente Trump.

Tal objetivo no solo es de ese partido. También lo es de sectores independientes moderados y de sectores sensatos del Partido Republicano, atemorizados por la creciente polarización social interna y la acelerada pérdida del prestigio e influencia del liderazgo de Estados Unidos de América en el mundo, que ha ocasionado la presente administración.

Esta confluencia de diversos sectores se expresó en un primer momento en las victorias obtenidas por el Partido Demócrata en las elecciones de representantes al congreso, en el año 2018. Ellas fueron el resultado del predominio de políticas moderadas, atractivas para segmentos demográficos que, tales como adultos mayores y poblaciones de zonas suburbanas, habían votado mayoritariamente por el Partido Republicano en un pasado reciente.

También, en la presente coyuntura, Joe Biden ha asegurado la nominación a la candidatura presidencial demócrata, justamente debido a que por sus propuestas claramente diferenciadas de aquellas de sus adversarios en la competencia interna percibidas como radicales, la base de ese partido lo identificó como el más idóneo para, promoviendo un discurso de unidad nacional, contrarrestar el discurso divisivo y polarizante del actual presidente.

Conocida esta realidad, se impone que la dirección del Partido Demócrata persista en la puesta en práctica de líneas políticas moderadas, para, sin descuidar la atención a todavía insatisfechos reclamos y aspiraciones de su base política tradicional (minorías étnicas, jóvenes, mujeres, población de grandes ciudades y sectores liberales), incorporar aspiraciones y demandas de segmentos que, como he señalado, en el pasado reciente apoyaron al candidato republicano.

Siempre que el Partido Demócrata ha ganado una elección presidencial ha sido sobre la base de construir amplias coaliciones.

La construcción de coaliciones tiene como supuesto conciliar e integrar intereses y aspiraciones diversas, por ello debe eludirse la tentación de adoptar íntegramente propuestas muy radicales, como en el caso que nos ocupa lo es la propuesta del Nuevo Pacto Verde, la del Seguro Médico Público para Todos, la abolición de fronteras, entre otras.

Eludir la adopción de estas propuestas genera, sin embargo, un dilema de difícil solución, ya que es puesta como condición para evitar que se repita la experiencia de las elecciones del 2016, en que una porción significativa de los seguidores de Bernie Sanders promovió la abstención o el voto por la candidata del Partido Verde, contribuyendo de ese modo a la victoria del candidato republicano.

Por supuesto, que es posible y conveniente que se incorporen componentes de esas propuestas progresistas en la plataforma programática del Partido Demócrata. Pero debe quedar claro que no son realistas las expectativas de esas corrientes de imponerlas totalmente, como condición para evitar la repetición de la experiencia que permitió el triunfo de Trump.

No se debe perder de vista que, a pesar de la crisis por el Covid-19, el candidato republicano conserva un voto duro de alrededor de cuarenta y cuatro (44) por ciento, que para lograr la reelección solo necesitaría de pocos puntos porcentuales provenientes de litorales moderados que pudieren no sentirse representados en propuestas percibidas como radicales, como las ya referidas.

Además, un elemento que se debe observar, por el efecto negativo que podría añadir al propósito de impedir la reelección de Trump, está constituido por las derivaciones violentas de las manifestaciones que recientemente han venido desarrollándose en algunas ciudades de Estados Unidos, como reacción al asesinato de George Floyd.

Estos acontecimientos, sobre cuyas causas profundas existen tantas interpretaciones como visiones y agendas políticas, podrían generar una situación favorable a los propósitos del presidente Trump de alejar a sectores moderados de la coalición demócrata, reeditando la estrategia de Richard Nixon de apelar al apoyo de una mayoría silente, atemorizada por esos actos violentos.

Por ello, el Partido Demócrata, asumiendo las demandas de reforma policial del movimiento “Vidas negras importan”, debe ocuparse, sin embargo, de minimizar la influencia de corrientes radicales que justifican las acciones violentas y lanzan propuestas descabelladas tales como eliminación de la policía, así como en el asunto migratorio proponen la eliminación de la frontera y la oficina de control de migración.

En definitiva, el Partido Demócrata debe definir y desarrollar líneas de acción para evitar que estas corrientes persistan en tratar de imponer su agenda a la mayoría expresada en las primarias.

Es necesario abordar este problema ahora si se quiere prevenir la repetición de la tormenta perfecta del año 2016 cuando una base social y política del Partido Republicano fue a las elecciones unida y energizada en torno a su candidato Donald Trump, mientras el Partido Demócrata fue a las mismas con una base social y política dispersa y confundida.

JPM

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