Comiendo del pastel

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EL AUTOR es ministro cristiano. Reside en La Vega.

En nuestra cultura, igual que en otras, se celebra el cumpleaños de una persona, con lo que llamamos pastel. Este genera alegría, en los participantes y se convierte en el momento más importante de la celebración. Sin embargo, hay muchos pasteles de los cuales cada quien desea comer, según su preferencia. Pero, también existe el pastel de la discordia. Cada uno debe identificar cuál es su pastel favorito, pero debe estar atento, porque muchos querrán su pastel, el cual de preferencia se convertirá en su discordia.
Un cristiano anhela fervientemente ir al cielo, como su meta final, pues, se habla de múltiple beneficios, sin que exista sufrimiento. Pero, la gran discordia es su diario vivir, tener que enfrentar el mundo de los anti-valores, el cual tratará de quitarle la oportunidad anhelada. De ahí que, su batalla diaria debe ser ganada con grandes sacrificios, como escribiera el apóstol Pablo: «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo» Gál. 6:14.
Ahora bien, las luchas intestinas que tienen las sociedades, son productos de las contradicciones internas que se dan en ellas. Ninguna sociedad puede avanzar, sino hace un cambio significativo en los paradigmas que la han sostenido. Por eso, el pensamiento social debe ser conllevado hacia las mentes productivas de cambios, pero dentro de un objetivo determinado. No son los grandes discursos los que hacen cambios, sino las buenas estrategias hacía una meta determinada.
Jesucristo, vino al para salvar el mundo, como expresara en la casa de Zaqueo, el publicano: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» Lc. 19:10. El no se entretuvo viendo y oyendo a sus contrarios, quienes querían destruirlo, sino que continuó su labor, a pesar de las tentaciones y obstáculos que éstos  le ponían. El sabía a lo que había venido, así que, llegó hasta su meta: morir por los pecados, ser sepultado, y resucitar al tercer día; venciendo con su sacrificio el pecado y ganando a los creyentes para vida eterna.
Los pueblos deben tomar en consideración a aquellos hombres y mujeres, quienes demuestran los valores morales y espirituales que adornan sus vidas, no con simples palabras, sino con los ejemplos debidos. Son éstos quienes pueden producir los cambios necesarios, para que sus compueblanos puedan ser felices. El pastel, debe ser compartido para todos. De ahí que, el socialismo, como el capitalismo han sido fracasos de la humanidad. No crearon una conciencia humana, un nuevo hombre, simplemente son «más de lo mismo».
Aunque el mundo prefiera estar ciego, porque «no hay mayor ciego, que el que no quiere ver;» sólo el cristianismo verdadero, puede producir hombres de valores cristianos, el cual es el fundamento de nuestras sociedades conquistadas y colonizadas por pueblos «cristianos». Es ahí, donde está el meollo de nuestros pueblos latinos, que a diferencia de otros, implantaron un cristianismo a fuerzas, basados en no conversos de convicción, sino de conversos políticos, de acuerdo a los intereses se sus patrocinadores.
El ateísmo, el deísmo y el cristianismo científico han sido respuesta a ese cristianismo adulterado de los pueblos. En el pasado, hubo pueblos que utilizaron el cristianismo como forma de conquista y como permanencia de ellos; y de igual forma los «cristianos,» usaron a éstos como forma de expansión y sostén de la religión «cristiana». Esto ha sido lo más absurdo que el hombre ha hecho. El cristianismo verdadero debe conquistar el mundo para Cristo, pero no debe aliarse al mundo, pues, éste le seguirá desviando de su verdadero objetivo.
Varios apóstoles nos advierten del peligro de desviarse del cristianismo verdadero Santiago, escribiendo «a las doce tribus en la dispersión;» les dijo: «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios» Stgo. 4:4. Pablo le escribió a Timoteo: «Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado» 2Tim. 2:4. Y Juan, escribió: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él» I Jn. 2:15.
Esta es la clave para identificar la verdad de Dios, Jesús no aceptó del pastel de los reinos y sus glorias que satanás le ofreció, como forma de tentarlo, cito: «Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares» Mt. 4:8, 9. La respuesta de Jesús fue contundente «Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás» Mt. 4: 10.
En la mezcla cristianismo, política, ciencia, tradiciones y filosofías no hay compatibilidad; las cuatro últimas son productos de la mente humana, con objetivos humanos, mientras que el cristianismo es producto de la mente de Dios, con objetivo divino. En ambos casos, el ser humano es la materia prima, en consecuencia, es una lucha de conquista, depende de cual pastel quiere comer del cristianismo, o del mundo, pero en ambos casos los objetivos a obtener son diferentes. Algunos quieren comer de ambos, cayendo en el pastel de la discordia. Usted decide por usted, no por otros.
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