Lamentablemente las valoraciones sobre tal personalidad están permeadas por la apología o la satanización. Chibás no fue un ser perfecto. Emocional hasta la médula, en ocasiones pecó de injusto y le otorgaba veracidad a una fuente sin verificarla ni contrastarla, por lo que cometió graves errores políticos. Ingenuo a veces, como perdonaba con facilidad los agravios hechos a su persona, pensaba que los agraviados por él adoptarían igual actitud.
Lo que sí no se entiende es que quienes lo satanizan, en franco maniqueísmo, no reconozcan virtud alguna en él, incluso nieguen sus actitudes antimperialistas. Olvidan sus cruzadas contra algunos monopolios yanquis radicados en Cuba, entre ellas, su enfrentamiento contra la mal llamada Compañía Cubana de Electricidad, por el abusivo aumento de las tarifas.
Cuando presentó un recurso contra ese aumento, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) votó por mayoría a favor del consorcio estadounidense. Chibás denunció, primero en la radio y luego en Bohemia (6 de marzo de 1949), que ciertos magistrados habían “violado la Ley antipatrióticamente, sirviendo los intereses ilegítimos, imperialistas y anticubanos del pulpo eléctrico”.
Los magistrados aludidos se querellaron contra el líder ortodoxo. Un tribunal lo condenó a seis meses de cárcel.

Confinado al Castillo del Príncipe, convocó al pueblo a intensificar la lucha contra las arbitrariedades de “la Compañía Anticubana de Electricidad…, la Cuban Telephone Company y el consorcio de las tres S” (las empresas petroleras Standard Oil, Shell y Sinclair). Y desde su celda ganó la batalla.
También se opuso a los empréstitos concertados con la banca norteamericana. A la revista Bohemia (10 de abril de 1949), declaró: “Lucharemos por impedir que los presentes gobernantes hipotequen de nuevo la república. Estamos al borde de una gran batalla contra las grandes corporaciones imperialistas, batalla que el Partido del Pueblo Cubano librará con entusiasmo y decisión por la independencia económica de nuestra Patria”.
Después, en carta abierta al presidente Carlos Prío (Bohemia, 31 de julio de 1949), afirmaba: “Sabes bien que los empréstitos constituyen el instrumento de penetración del imperialismo, el arma favorita de la ‘política del dólar’ para sojuzgar económicamente a los pueblos de nuestra América”.
Chibás, es bueno aclarar, no fue marxista. Incluso tenía grandes prejuicios contra la Unión Soviética, a la vez que consideraba a Lenin paradigma de revolucionario. Defensor de la propiedad privada y la economía de mercado, pretendía solucionar el problema cubano con un desarrollo capitalista independiente, dentro de los marcos de la legalidad burguesa y con una importante intervención del Estado. Su Programa de Gobierno (Bohemia, 25 de abril de 1948) se basaba más en la ética y la honradez administrativa que en una transformación radical de la economía del país.
Chibás propugnaba la nacionalización de los servicios públicos (gas, electricidad, teléfonos, transporte ferroviario, etcétera), la eliminación de la discriminación racial, la organización de los pequeños agricultores en cooperativas de producción, distribución y consumo; y una Reforma Educacional que incluía la alfabetización del casi 30 % de iletrados existentes en el país y la enseñanza primaria obligatoria. Su “Reforma Agraria” era muy tímida: reparto de las tierras del Estado y establecimiento de impuestos a los latifundistas por los terrenos baldíos; en último caso, la confiscación de estos se haría mediante compensación inmediata.
Sus prejuicios hacia el movimiento comunista cubano, del cual fue un acervo crítico, no le impidieron coincidir con él en ciertas batallas. Dentro de los políticos burgueses, el líder ortodoxo fue quien denunció con más fuerza los asesinatos de Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias, a quienes llamó “destacados dirigentes de la clase trabajadora”. Igualmente condenó la clausura del diario Hoy, órgano de los comunistas, en 1950, por parte del presidente Prío.
Es necesario colocar a Eduardo Chibás en su justo lugar. Como dijo Jesús Montané, moncadista y expedicionario del Granma, “cuando pocos parecían creer, él levantó la fe. Cuando parecía que el espíritu patriótico de los cubanos sería sepultado en la marea de la corrupción y el entreguismo, él encendió en los corazones, con su prédica ardiente, el ansia de vivir y sacrificarse por Cuba”.

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