Carácter asimétrico del conflicto palestino-israelí

El conflicto palestino-israelí genera enormes pasiones entre la diversidad de audiencias, y como dice el maestro Mauricio, esto a veces ocasiona que se pierda la perspectiva en comprender de manera muy específica lo que ahora mismo está aconteciendo. Al día de hoy, tanto la postura oficial de Israel como la postura oficial de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), es el reconocimiento mutuo a la existencia como Estados legítimos, siendo que, lo que no han podido acordar es que mecanismos utilizar para implementar acuerdos aceptables para ambas partes. De manera que el reconocimiento mutuo ya no es hoy, el tema que está sobre la mesa. Hamás no es la Autoridad Nacional Palestina (ANP) ni representa el modo como todos los palestinos piensan. Para Hamás, una organización islámica militante, el Estado judío no debe existir y debe ser combatido por la vía armada, situación que contrasta con la postura oficial del gobierno comandado por Mahmoud Abbas. Por ende, la situación de guerra entre este grupo político, que controla la franja de Gaza, debido a que expulsó por la fuerza a la ANP y el Estado de Israel, es permanente. Hamás ha perdido gran parte de las fuentes financieras que Irán y Qatar le proporcionaban, y aunque este último sigue aportándole dinero, lo hace en cantidades menores y con más restricciones. Así tras la deposición de Mohamed Morsi en Egipto, el gobierno de Abdul Fatah Al-Sissi es más hostil con el grupo integrista, ya que le considera un brazo de la Hermandad Musulmana, organización que El Cairo declaró como terrorista. Todos estos factores contribuyeron a que Hamás buscase un acercamiento con la ANP, con quien sostiene un conflicto desde hace varios años que llegó a las armas y como ya dijimos a la expulsión del gobierno de Abbas de la franja de Gaza. Así, tras esta reconciliación, se formó un gobierno de coalición entre ambos grupos políticos. Si bien la situación con Israel, radicalizó la posición de Hamás, exhibiéndose a sí misma como distante de las posturas oficiales de Abbas. Sin embargo, en Gaza existen otros grupos militantes radicales como la Yihad Islámica, quienes también combaten a Israel, la intensificación en la cantidad de cohetes que estos militantes enviaron hacia ciudades israelíes hizo que Benjamín Netanyahu exigiera un alto total a este fuego para detener las represalias de la fuerza aérea israelí. Como en apariencias Hamás no fue capaz de controlar a estos grupos, sus acciones contribuyeron a la escalada del conflicto y de manera inevitable, terminó arrastrando a Hamás al mismo. Hoy Hamás cuenta con la capacidad de amenazar a un 50% de la población israelí, situación que irrumpe sobre la vida cotidiana de esa nación, afecta su economía y su turismo, y genera condiciones de estrés y traumas con consecuencias a veces de largo plazo. Hamás ha sido capaz, en ocasiones, de atacar poblaciones con cohetes, ubicadas tan lejos como a 125 km de Gaza, lo que confirma que ha mantenido el contrabando de armas sofisticadas a pesar del bloqueo que Israel ejerce sobre la franja. Siendo que Hamás no es la Autoridad Nacional Palestina (ANP) o el Estado Palestino, la guerra entre Israel y ese grupo militante islámico es un choque entre un actor estatal y un actor no-estatal, esta clase de conflictos son entendidos normalmente como asimétricos y por ende deben ser evaluados a partir de parámetros distintos a los de conflictos tradicionales. Toda vez que Israel efectúa una operación en contra de Hamás bombardeando Gaza, que es un territorio densamente poblado, el número de pérdidas civiles inocentes aumenta grandemente, y con la muerte de cada niño o anciana, Israel pierde en imagen y presión, fortaleciéndose Hamás en lo político, ganando prensa, adeptos y respaldo diplomático. Este es un factor que acaba ejerciendo una fuerte influencia en el gobierno israelí, quien a pesar de decir lo contrario, usualmente termina por buscar un alto el fuego antes de cumplir los objetivos militares que previamente se había trazado. Dicho de otra forma, las bajas civiles además de componer la mayor tragedia de este conflicto, terminan operando en contra de los intereses militares de Israel. En cuanto a Hamás, el objetivo en una guerra de ese tipo es mucho más psicológico y político que material, en esos campos, mientras más civiles palestinos mueren, Israel va perdiendo el control de la iniciativa y acaba políticamente dañado, independientemente del golpe a la infraestructura de Hamás, la cual, eventualmente es reconstruida. Del lado israelí normalmente las pérdidas de vidas inocentes son mucho menos, pero esto no es debido a que los cohetes de Hamás y de militantes como la Yihad Islámica no estén siendo dirigidos hacia importantes poblaciones y zonas urbanas en Israel, sino al escudo antimisiles israelí, Domo de Hierro, con una eficacia del 90% en destruir estos proyectiles antes de que lleguen a su destino. En aquellas ocasiones en que falla, el sistema de alarma en Israel otorga unos segundos a la población para irse a los refugios habilitados en la ciudad o poblado atacado. Asi, estos factores minimizan las pérdidas humanas. Hamás conoce esto muy bien, de manera que no le es ajeno, no obstante, el objeto de enviar misiles hacia ciudades, repetimos, es mayormente psicológico. La población civil israelí es afectada como ya vimos en aspectos tales como el trauma, el estrés agudo y el estrés post-traumático. Varias veces al día las personas tienen que suspender sus actividades laborales, escolares, su sueño, o lo que sea que estén haciendo y correr en unos 15 segundos hacia el refugio más cercano. Lo hacen 5, 6, 7 veces, mañana, tarde y noche, un día, dos días, tres días, todo lo que dure la operación. Si bien es cierto que esto antes solo ocurría en las ciudades del sur. Hoy en día los cohetes de Hamás están amenazando a la mayor parte del país, incluidas las tres ciudades más pobladas: Jerusalén, Tel Aviv y Haifa. Evidentemente, que los bombardeos israelíes también generan fuertes efectos psicosociales en la población de Gaza, además de las pérdidas de civiles, ya que producen en la gente terror, profundos sentimientos de riesgo e inseguridad, que luego impactan negativamente en la posibilidad de llegar a futuros entendimientos, y alejan las posibilidades de paz. Sin embargo, las capacidades de Hamás para enviar los cohetes no han sido impactadas. Por el contrario, a medida que se recrudecieron los bombardeos israelíes, Hamás ha ganado en imagen, en posición política, en respaldo internacional, mientras que al mismo tiempo, se exhibe con fuerza, con elevadísima capacidad de afectar la vida cotidiana de su enemigo, así como su economía y su turismo, pues los turistas también tienen que huir en pocos segundos a los refugios más cercanos, varias veces al día. En este punto cabe destacar que nuestro objetivo no es poner a la audiencia a favor o en contra de algunas de las partes en conflicto, sino tratar de aportar claridad en los aspectos estructurales y cotidianos, para estar enfocados e informados y contribuir de ese modo a un debate que en lugar de alimentar los odios y los rencores ponga el énfasis en las posibilidades de paz o al menos en el mantenimiento de la desescalada actual de la espiral de violencia.

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