Cámara de Cuentas:  poner orden, dar ejemplo y contribuir al fortalecimiento institucional

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

Sea por mera circunstancia o por una repetida mala selección de sus miembros, la Cámara de Cuentas – que más escándalos, vergüenza y pena no puede dar- ha devenido en una institución infuncional o en el cuento de nunca acabar. Repitiendo los errores de confrontación de sus integrantes, de incumplimiento de las responsabilidades de fiscalización y de desnaturalización de las funciones, los nuevos integrantes del órgano oficial no aprendieron la lección, volviendo a dar de que hablar y a ser nueva piedra de escándalo.

Pero si mal parados han quedado ante los ojos del país muchos escogidos en tiempos diferentes para encabezar la Cámara de Cuentas, culpa mayor le cabe al Congreso Nacional, ya no solo por poco tino o escaso acierto en la selección de los equipos respectivos, sino por proceder con paños tibios, con salidas salomónicas o frente a cosas no claras medir a todos con la misma vara(¿),cuando – al ser apoderado de actos de indisciplina , de diferencias internas o de prácticas irregulares – debió actuar con mayor firmeza , responsabilidad y equidad.

En el órgano fiscalizador de referencia hay un pleno, con una cabeza, pero también hay un viejo problema: que varios generalmente aspiran a ser presidente y, en lo que el hacha va y las posibilidades llegan, algunos de los miembros – de manera aislada o en grupo- se dedican a boicotear o llevarle la contraria al número uno de turno. En ocasiones ¿el caso actual? se achaca al primero de hacer y decidir cosas sin conocimiento ni aprobación del pleno. Y habría más de eso, a decir de tres damas que se “enfaldaron” y llevaron una queja formal al Senado, incluyendo una acusación de “acoso”

Ojalá esta vez el Senado no aplique la tesis de Pilatos, que se lavó las manos, como hiciera con Andrés Terrero, cuando presidía la Cámara de Cuentas -2006-2008-, y en un juicio político en el que se conocieron las diferencias insalvables que caracterizaba a la mayoría de los integrantes con la cabeza, que había puesto de relieve el boicot en su contra y rechazado un aumento desproporcional de salario aprobado por sus compañeros, se le canceló en el paquete, sin miramiento ni establecer grados de culpabilidad individuales.

Terrero, y eso me consta, había hecho partícipe al Senado, en especial a su presidente hoy finado Reinaldo Pared, de las dificultades que enfrentaba, y de las aspiraciones y ambiciones desmedidas de varios de sus compañeros, al punto de quejarse de que “no lo dejaban trabajar”.

Por tanto, a todos no se les debió medir por el mismo rasero, sino – y estudiado el caso y comprobados los hechos- cancelar a todo el que apareciera con responsabilidad en el grupo y confirmar solo a Terrero, que había hecho la denuncia muy temprano. Incluso, hizo un periplo por distintos altares para poner al corriente a figuras importantes del pais, incluyendo al cardenal López Rodríguez, en ese entonces activo; a directores de periódicos y a líderes políticos.

Y lo de la Cámara viene a cuenta, porque vuelve a estar en el tapete, por el mismo cuento, y lo que cuentan de que uno de los titulares del Congreso le recomendó (y recordó) a los comisionados del órgano fiscalizador que fueron a denunciar al actuar titular, la ligereza de que: era mejor buscar un entendimiento o un “bajadero” a eso, para que no se repitiera la historia de cuando Terrero y compartes, que un juicio político mandó para su casa al equipo entero.

La sugerencia –y que me perdone el autor- pudo tener la mejor intención, pero no pudo ser más irresponsable, porque escurría el bulto. Lo que manda, es que se estudie el caso a fondo, escuchen las partes, se analicen los detalles, y se corte por lo enfermo. Así, solo así, se pone orden, se da un ejemplo y se contribuye al fortalecimiento institucional (ahora, tras el escándalo, el Congreso se reunirá, repitiendo la tesis del dominicano, el robo y el candado).

encar-medios@hotmail.com

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