Bob Menéndez

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

El mundo de hoy es globalizado. Las potencias han solidificado su dominio.  Terminó la guerra fría, pero nuevas caras han surgido en el horizonte. La política se liga al mercado monetario. Donde,  como siempre, son los intereses los que predominan.

En ese mundo de las ideas globalizadas, es difícil establecer las fronteras y las barreras del pensamiento y las ideas. Se pueden levantar muros y colocar soldados, para evitar migraciones masivas de  países vecinos, pero en la red on-line todo el existir terráqueo se manifiesta en un clic de computadora, Tablet o celular.

Hay injerencia de ideas y de pensamientos, y hay colonialismo y naciones bananeras. El entreguismo económico y político da pie a los eternos irrespetos de las potencias y de sus figuras más connotadas. Es el caso del senador Bob Menéndez.

Aunque se diga en las tertulias, es cuesta arriba pensar que un senador de los Estados Unidos se dejaría influenciar por un político local. Es más, de haber pruebas de esa aseveración correría el riesgo de un juicio político. Pero donde hay familiaridad y cercanías nada se descarta. Hasta prueba en contrario, está presente la influencia local en la carta de Menéndez a Mike Pompeo.

Cuando un extranjero opina sobre los sucesos internos de un país, comete un acto de injerencia. Todos los periódicos dominicanos han editorializado sobre el problema de Venezuela, ¿es eso injerencia? . El gobierno dominicano ha tomado opinión a favor de la oposición venezolana, ¿es eso injerencia? . Es un hilo indefinido, impuesto por la globalización de las ideas.

Ahora bien, los problemas internos de los dominicanos, tienen que ser resueltos por los dominicanos. Si se apoya la reelección, o se rechaza el continuismo, es un tema y responsabilidad de los dominicanos. No tiene derecho a meterse en ese asunto un senador de los Estados Unidos.

Pero la injerencia también está cuando se nos quiere imponer la camisa de fuerzas de la migración haitiana, y una gran mayoría guarda silencio y se arrodilla ante el poder imperial. Solo un  puñado repudió al hijo de Vargas Llosa, cuando intentó establecer campamentos haitianos en  República Dominicana, y que fueran considerados nacionales, los nacidos de padres haitianos en situación de ilegales.

Los norteamericanos nos han invadido en dos ocasiones y el pueblo ha hecho frente a ese abuso y ese atropello. Menéndez juega en el terreno de las ideas y del pensamiento, difícil determinar si es una injerencia. Es una carta que se le debe dar seguimiento, porque dirigida a los halcones norteamericanos tendrá consecuencias, a favor o en contra. Los dominicanos deben resolver sus problemas, y nadie más. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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