Biografía de Norma Feliz Peralta

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Norma Feliz Peralta nació en Constanza, República
Dominicana.Graduada en Hostos Community
College en Administración Pública (1998) y Lehman College, donde obtuvo una licenciatura
que la acredita como Especialista en Recreación Terapéutica (2003). Actualmente
cursa una Maestría en Literatura en la universidad City Collage (Nueva York).

Participó en el encuentro internacional literario
Poetas del mundo (Chile, 2008) donde fue galardonada como cónsul en
Nueva York. En febrero del (2009) La Sociedad peruana de poetas la
nombra Embajadora honorífica del Perú en los Estados Unidos.

Obras poéticas publicadas son: Madrugadas (2008) La
Muralla (2009) CIPANGO (2010) Perú libro compartido con la Dr. Martha
Crosby. Poemas de familia (2012), Wii-ken (libro digital
– 2013) and Wii-ken libro físico (2014)

Norma Feliz Peralta:
El vuelo y el agua en los espejos

Los dos primeros libros de Norma Feliz Peralta
aparecieron en el 2009, publicados por Obsidiana Press en los Estados Unidos de
América. El primero, titulado La muralla
y el segundo titulado Madrugadas, constituyen una apertura intuicional ligada
al tiempo sensible de la palabra que intenta “decir” su sentido en el orden
mismo del lenguaje y de sus imágenes de mundo.
Ambos libros suman 448 páginas en las que lo poético marca en su espesor
verbal la poesía, esto es, aquello que se vuelve mundo interno desde el
lenguaje.

En el 2010, Norma Feliz Peralta publicó en Lima, Perú,
un tercer libro menos voluminoso, titulado Diálogo de espejos, para luego, en
el 2012, publicar sus Poemas de Familia y cerrar un ciclo donde las marcas de
lo poético habían constituido un mundo verbal particularizado por un yo
espectral y fantasmático.

Los libros que hasta ahora ha publicado la poeta,
descubren unas líneas internas asumidas como testimonio lírico y temporal,
donde “las despedidas, en la oscuridad/son tristes. /Pero/más lo son/si se está
despierto. (Madrugadas, 13). El tiempo es un valor estético en el universo
del nombre y del nombrar las cosas en el orden creacional. La muerte es un signo que sigilosamente
vigila a la poeta y a todo lo que a su alrededor se mueve como entidad.

En efecto, la muerte es un imponderable y al mismo
tiempo una justificación de la vida: “Un
par de ojos me confirman/que todavía ando entre vivos” (Madrugadas, 19). Pero el orden extendido por el poema sitúa la
mirada y el tiempo en una sierpe nocturna y visional, donde lo figural y lo
verbal alcanzan su propio ritmo y estabilidad expresiva.

Cabe decir que en el caso de Norma Feliz Peralta, la
poesía es también una esperanza de voz y lenguaje en cuyo punto lírico
permanece el cuerpo tonal de la soledad la pérdida y el azar. Sin embargo, la trampa de la vida se coloca
en el camino y como esfera permanece:
“Sueños imantados/cuerpo a cuerpo/con la nada/(La muralla). Como vientre del día y de la noche el poema
entra y sale de su recinto verbal para narrar el origen, la verdad de ser y las
trampas del estar-ahí.

El existente que encontramos en La Muralla y
Madrugadas no es un ente borrado o suspendido, sino más bien un trazado
dinámico y a la vez una perspectiva de vida reconocida en el devenir de la
creación y el territorio de toda biografía poética. Es allí donde el universo de nuestra autora
se revela en lo indefinido del contraorden poético verbal, en aquella estancia
que disemina la palabra en el espacio de la desafirmación y el hito
existencial.

Así pues, la poesía que hasta ahora ha “poseído”
a Norma Feliz Peralta, se pronuncia en
el movimiento de la metáfora temporal y en la huella de lo que ha quedado como
proyecto de vida y forma de la voz en un ciclo lírico ontologizado. Si la visión discurre como horizonte, el yo
se pronuncia como escenario de una presencia-ausencia del territorio memorial.

El esplendor, el sollozo, el regreso, la oscuridad, el
número, la existencia, la elección, el sueño, el desplome interior y el reclamo
existencial, atraviesan el cuerpo de La Muralla y Madrugadas, mediante dos
cardinales del poema escrito como sentido y latido de un vivir atribulado y abismal.

La poeta intuye lo fugaz y lo espectral de un
significado vital huidizo, perdido en un espacio y que sin embargo no niega su
movimiento en el cerco entitativo del ser-vivir y el ser-sentir en el
mundo. ¿Cuál es el eros que proyecta la
voz en el poema unificado como discurso de un estar-en-el-mundo de la
desesperación y la pérdida?

Es importante destacar en el caso de la poesía
pronunciada por Norma Feliz Peralta, que el olor “a vida imperfecta” forma
parte de un ajedrez óntico acentuado en el cuerpo de base de un equívoco de
mundo.Fractura y a la vez satisfacción,
arrastran el orbe de un emblema intimado como ausencia-presencia de un cuerpo,
un recuerdo y el momento de la intención latente.El pulso que podemos advertir en los pasos
erosionados, legibles en Diálogo de espejos (Sociedad Peruana de Poetas, Lima,
2010), conduce a un entendimiento del mundo, unas veces difuso y otras veces
infuso.

En Diálogo de espejos, (Cipango), la materia poética y
el conjunto expresivo-verbal modela y a la vez disuelve lo que la tradición
moderna ha denominado “Metáfora en progreso”.
Los elementos intimados sobre la base del speculum sitúa lo temporal
como reafirmación de las estructuras elementales de la personalidad creadora,
de tal manera que el destino, y la “tentación” creacional, participan del mirar
en profundidad como posibilidad de vivir el origen (giro en borde y dirección
opuesta “(Ese siempre listo a mirar/a otros duendes cuando la naturaleza/cobra
días enteros” (p. 48, Diálogo… Cipango, p. 48)

“Adivinanza” es, en esta perspectiva poética, un
momento significativo del libro que comparte
Norma Feliz Peralta con Martha Crosby Crosby. El poema se perfila como aquello que cuelga
del enigma para salvar su suelo (“Lectura/contagiada de memorias/llama con voz
de viejo/Ecos eternos indefensos/en la curiosidad/de siete huellas/Húmeda
tierra/ronda una/distancia cerca/Cerca…tan cerca/que duele olerla”/ (p. 56,
Cipango)

El camino que no acaba como imagen enterrada y a la
vez impulsada por el plasma de unidad y presentificación, frasea su contenido
como génesis y búsqueda de tonos persistentes (“Todo tiempo es eso/memorias
perseguidas/que persiguen/Persisten/pasado que nunca llega”/ p. 61, Cipango)

En “Albas”, el texto construye la afirmación y la
conjetura como elementarización simbólica y figuralidad que mueve acciones y
sonidos, virtudes y gargantas (“lo poético movió acciones de
cristales/gargantas/ Frases caen en adornos sin señales/cruzan
mortíferas/virtudes” (p. 69, op. cit.).
El yo como pulso y movimiento asume la sustancia-cuerpo y el
relato-espacio como forma callada y ojo conocido por la soledad.

El hito es el habla o hablar poético marcado por sus
atildamientos polivocales y sustancias que, como base fluyente y a la vez
centrípeta, alcanza los estados de un ser que tiembla pero también se arroja
(“Un punto en el universo/con ráfagas de espacios ciegos/Ella mira”/ p. 72, op.
cit.)

¿Cómo se explica la evolución temática y expresiva de
nuestra autora al llegar hasta Poemas de familia? Publicado en el 2012 (Obsidiana/Press,
106 págs.), el libro es un recinto de huellas que hablan en primera persona
toda una historia mítica. Nuestra poeta
se resiste a caer sin origen, punto este que asimila rotura temporales,
travesías y suspensiones (“y resisto la caída sin origen/Atravieso
humanidad…/cae de la mata la macabra sombra de la risa/p. 5).

Justo en la página 6 la poeta advierte grietas en su
mundo frágil “Siento dudas/En la raíz de este silencio/Batallan
movimientos/Versos… Confina demonios/İmpetu.
İnmediatos. Abismos/Hoy quiero
unir…tu sombra/ Dormir el idilio/Realidad Oscura/Umbral perezoso del pudor…/La
llama/Es leopardo anaranjado/Engaño repentino/İnterrogación apresurada/ (p. 6,
“Grietas”)

Por donde el ser sale y se derrama como cuerpo ocurren
accidentes reconocidos en la desproporción de una lógica perceptiva y a la vez
caótica. El ímpetu y la sinrazón imponen
el abismo de la oscuridad, la llama que devora también la intuición primitiva,
el tempo mismo de una voz que habla desde el éxtasis de la palabra.

En un segundo momento se expande el estado posible y
cardinal de la visión (Hoy/tu sombra/cae sobre la lluvia/sobre su canto de
bronce/y somos/gargantas fluidas/silencios temerosos/sobre el lenguaje de
cristal/ (İbid.)

Poemas de familia alcanza un ritmo donde lo dicho y lo
escrito se resisten a perder su pulso verbal.
La evolución de una poesía que en cuatro tiempos apunta hacia la
consecución de contenidos significativos sentientes, motiva la lectura de
bordes y miradas que se deslizan como cuerda sigilosa y plexo composicional.

En “Escuelita de pánico” (p. 11) el verbo funciona
como ritmema entitativo, desde el cual el poema se escribe y se habla como un
tiempo vocalizado y extendido (Ven… Cita… Borra… Toca… Ven… Calma…) marcando,
de tramo en tramo verbales, el sentido de lo poético (“Ven hombre/Ata tus alas
a mis fugaces/Espacios/Borra todos los machos/que cimbran en la piel/de este
poema/ (p. 11).

El mismo compás verbal expresivo y la centralidad
propia de lo nombrado por la otra voz de la poeta, ayudan a resituar los
poetemas como cuerpo de significación y continuidad de las imágenes que
fecundan el significado expresivo del poema(“/Toca sentidos sin
manzanas/mortalidad de escalofríos/Ven ata tu mañana/A este cuerpo
violento/hombre/calma la mancha/Y déjame sangrar en tus sentidos/” (İbídem).

Poemas de familia ocupa un lugar de excepción en la
travesía poética de Norma Feliz Peralta, pues una simiente de raíces, formas,
estancias y cauces surgentes, aspiran a borrar y a presentificar los puntos
claves del existir en el poema.
“Puerperio lírico” (p. 12) es una tensión significante y significativa y
a la vez el asimiento de la voz a sus quebraduras.

La bio-graphia describe ocurrencias y deseos
orientados a una alegorización propia de la modernidad tardía (“A este museo de
cera/Llegué libremente/Sin opulencia/Con absolutos impenetrables/ mirando
cúmulos de adeptos/A este museo llegué ciega/Vi comensales tragando
moluscos…/Resucitando luces/Hielo/Y/todos los hombres muertos/Que me invaden”/
(p.12).

En efecto, toda una estancia de elementos
fantasmáticos encuentran ecos, proporciones, entidades murientes y sufrientes
que transitan, sin embargo, y a pesar de sus dones (“El dios que la hizo/Es
bestia de tres caras/Ocho ojos…/Siete patas/El dios de ustedes/Es un troglodita
de lapsos/El mío es un triángulo/Cura la muerte/Cuando sangra”/ p. 15).

Así pues, poemas como “Día” (p. 16), “Desvíos” (p.
17), “Exige tu noche Azul” (p. 20), “Lenguas” (p. 30) y “Caída que levita” (p.
32), conforman los núcleos de significación patentes en el libro, donde la
poeta admite su terca soledad, su magma empático-medular y la necesidad de una
diseminación traslaticia. Se trata de
una memoria presentificadora de un orden espacializado por el sentido y
temporalizado por la existencia.

La nueva lírica escrita por mujeres en Latinoamérica
surge en la línea de una ruptura sugerida en los años 60 y 70 del siglo XX,
cuando el eros y la violencia metafísica de los diversos lenguajes femeninos,
buscaron de manera radical su lugar creacional y participativo, originando el
canon y la canonicidad tardomoderna.

Es así como en la diáspora dominicana se expande un
discurso poético disidente y confluyente en la rebelión ontológico-existencial,
que difiere de la poesía hecha por hombres o predominantemente falocéntrica y
logocéntrica. Los diferentes trasplantes
verbales y poético-discursivos, resultan a veces destructores de identidades
verbales expresivos.

El punto de inflexión crea sus contrastes, sobre todo
cuando entre la voz interior y la escucha se genera el elemento de base para
nutrir el foco de interpretación de mundos fundados por un texto que se
posiciona como evento de existencia y figura simbólica (Ver, “Viaje ligero” (p.
41), “Plasma” (p. 42), “Epitafios” (p. 44), “Océano” (p. 47), “Ciego” (p. 59),
“Espera” (p. 63), “Rosas” (p. 68).

El poema cobra en este sentido su valor como hebra,
fulgor, escape, muerte, vida-muerte, siembra y sombra. El fraseo poético de base activa el
estar-en-el mundo, como razón de vida y cuerpo agrietado por las bocas del
existente nacido como ser y sombra.
“Sombra Feliz” es un ejemplo de ello.
Así pues, en los últimos veinte años la poesía escrita por mujeres surge
de un territorio de la visión, la memoria y la significación. (“Encontré lugar para los dos/Las rejas de la
duda/El vino sagrado/La sombra de/mi puño” (p. 70).

En Poemas de familia, la síntesis y la brevedad
expresiva es signo de intensidad, pasión contenida, movilidad de vertientes
existenciales.

La poeta vuelve al fragmento y al pro-onto sartreano,
al salir de su cuerpo y renacer en el sentido del sin-sentido. Como acción y vida en el mundo, el poema “se
dice” como extensión verbal y estetización de la mirada en la invención del
mundo individual.

En Musa (p. 72), el elemento motivador no es la simple
inspiración o el ojo que pierde la apariencia y la esencia. Lo posible y lo sensible adquieren valor allí
donde el lenguaje libera, redime y transforma lo visto, lo vivido y lo
establecido por las lejanas presencias (“Se deshoja la noche/en el polen/de tus
ojos”).

Es importante en el contexto de esta crisis tensional
lograr el “casi”, no como adverbialización, sino como “destrascendentalización”
(“En este gran concierto/de mentiras/el coro/es tu nombre”/(p. 80).

La poeta concibe la vida como puente y como
salto. Lo que se acentúa como campo,
travesía y silencio es el poema; es su propia intencionalidad; es justamente el
tiempo de una subjetividad que aspira a legitimar el ente en el entrecruce entre
imagen, gesto, cifra, tumba, sustancia, distancia y orbe. (Este
puente/valiente/mira el segundo/que lo separa de la tumba/(p. 86).

El aullido como rasgadura del camino se escucha
también como distancia del exilio cotidiano, de un país que penetra en la voz
individual. De ahí que la cardinal significante
y la cardinal sustancial se autoenuncia en el mensaje como forma expresiva y
forma tensiva. Lo que implica entonces
el contacto y el espejo, el tempo donde la palabra transita en la transparencia
del poema. Así, el “aullido” como
tiempo, lenguaje y subjetividad, produce la alteridad como sentido del mundo
(Ríos/de pestañas evasivas/hierven/en mi garganta/y el soliloquio/es
sangre”/(p. 87). En “Corto” (p. 89), lo que trasciende es la frontera entre la
vida y la muerte (“Tomé/la herida de tu puñalada y todavía no muero”/(p. 88).

El fragmento como proclividad y pro-onto se expresa en
el sentido-sin-sentido del sujeto, en este caso, el femenino (“Pedazos de
silencios forman mi quebrado vuelo y te miro en segmentos”/(p. 89).

Poetizar desde el afuera y el adentro es un camino y
una travesía negativa. La poeta habla
como huella y presentificación verbal que induce al extravío y a la torcedura,
pero también al abismo del instante.
Sentida la palabra vive en el fragmento y la quebradura, el empuje y la
caída, el plexo y el deseo de temporalidad y espaciamiento.

La noción de espejo, puerta, duda, piel, océano,
alfabeto, idioma, silencio y pulso, crea sus estados como deconversión y
pérdida. Sin embargo, el ente, lo que ha
hecho del cuerpo una grieta, es lo que transgrede el no-ser para vivir sin el
nombre, fuera y dentro a la vez de la huella y el sentido.

El poema entonces no olvida sus vertientes y raíces,
no se deja abatir por el lenguaje y el vuelo temporal.

Se podría decir que la poesía de Norma Feliz Peralta
ha sido un trasiego que no termina en el verso ni en su espesor
sintáctico-semántico. Materia y entidad,
sutura, conversión y deconversión, prometen el vertimiento donde la
subjetividad derriba los nombres del despertar y la aventura.

Decidir el momento como temblor y precipicio, resitúa
como pregunta y respuesta la verdadera historia del sentido poético donde
volvemos a sus creaciones poéticas anteriores (Madrugadas, La Muralla y Diálogo
de espejos), creándose de esta suerte la intensidad que encontramos en Poemas
de familia. Fragmento, conjunción,
interioridad y exterioridad se revelan en la casa-límite del poema.

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