A finales de los ’60, cuando ingresé a la UASD a estudiar periodismo, la Universidad estaba ‘en pie de lucha’ demandando del Gobierno un subsidio de ‘medio millón’ de pesos mensuales, un aumento ‘significativo’ a su presupuesto que entonces alcanzaba a unos RD$4 millones al año.
Era el principal centro de ejercicio político, donde soplaban con más energía los aires de democracia que se expandían por el continente con la caída de las dictaduras. Para muchos un centro de agitación del fervor de las izquierdas, de la expresión sin censura, lo que no era novedad nacional, sino que era una especie de ‘norma de conducta’ que se reproducía en las universidades públicas de las Latinoamérica.
Hoy, a 50 años de aquellas luchas, la UASD sigue demandando más dinero del gobierno, ahora con la aspiración de un subsidio anual de unos RD$13 mil millones de pesos, o sea, poco más de mil millones mensuales.
¿Vale esta inversión lo que aporta la UASD a la sociedad?
La matrícula de la UASD de hace 50 años era de unos cientos o pocos miles y la nómina de profesores y empleados parecía acorde a la demanda del momento. Estos puestos han ido aumentando como la espuma, sin control, sin que se apliquen estrictos controles de calidad, tanto para el estudiantado como para empleados y el profesorado. Hay muchos jóvenes que se forman profesionalmente mientras otros ‘viven’ de la universidad. Hay muy buenos profesores, mientras hay otros anquilosados, congelados en el pasado, de espaldas a la realidad tecnológica que envuelve y gobierna al mundo de hoy. Hay muchos empleados entregados en cuerpo y alma a sus obligaciones en la Institución, mientras muchos otros presionan para seguir recibiendo salarios, que no compensan lo que se les demanda.
En el medio un grupo de autoridades incapaces y temerosos de esos grupos, estudiantes, empleados y profesores, que son los que realmente gobiernan la UASD.
Doña Emma Polanco, la primera mujer que accede a la rectoría de la UASD, se pronunció este lunes sobre una revolución profiláctica en la Universidad, a nivel general, que es lo que espera y demanda la sociedad que la sostiene económicamente.
Es el discurso de los rectores cuando llegan al cargo. ¿Será diferente ahora?
No queremos más una Universidad del Estado para ‘entretener’ a millares de jóvenes, muchos de los cuales quieren profesionalizarse pero que no tienen oportunidades en las universidades privadas.
Queremos una UASD que responda a las expectativas y a la inversión que en ella se hace, un centro de investigaciones, de formación de profesionales que suplan las demandas de la nación, no un centro de agitación y de desorden estudiantil, de ‘oportunidad’ de un grupo de ‘cobra-cheques’ responsables en gran parte del despilfarro que corroe las finanzas de la Universidad.
No más una UASD a la que vayan muchos de nuestros jóvenes a ‘lograr’ un certificado que adorne en un marco las salas de su vivienda.

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