La mujer dominicana luchó por más de una década por el derecho al voto. La feminista Abigail Mejía, estuvo al frente de esa causa. En 1942, la mujer participa en el proceso electoral en el que se elige la primera senadora del país y varias diputadas, las que representaban el trujillismo.
Más tarde surgió el movimiento democratico femenino, que luchó en contra de la tiranía de Trujillo. En el que los rostros más conocidos, son los de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y Maria Teresa) y las mujeres de exilio Carmen Natalia Martinez, Maricusa Ornes y Carolina Mainardi.
Después de la caída del régimen de Trujillo y del golpe de estado a Juan Bosch en 1963, aparecen en el escenario político, nuevos rostros femeninos, las heroínas de la gesta de abril 1965. Estas mujeres luchaban por el restablecimiento de la constitucionalidad, la democracia y en contra de la injerencia extranjera.
La mujer tuvo una lucha destacada, durante los 12 años de dictadura del gobierno de Joaquin Balaguer, muchas de ellas fueron perseguidas, encarceladas y otras perdieron sus vidas, entre ellas: la estudiante Sagrario Ercira Diaz y la dirigente campesina Florinda Munoz Soriano (Mamá) Tingó.
En los años post revolución de abril, aparecen en el escenario político, dirigentes femeninas como Milagros Ortiz Bosch, Altagracia Bautista de Suarez, Ivelisse Prats de Perez. Sin embargo es partir de la década de los 90s, cuando se plantean políticas de inclusión de género, como un puente hacia la equidad.
En 1994, producto de la crisis del fraude electoral, se crean reformas electorales, para evitar el continuismo balaguerista y se aprueba el voto del dominicano y dominicana, en el exterior, con la firma del Pacto por la Democracia.
En 1997, bajo la ley electoral 275-97, se estableció una cuota, a las mujeres de un mínimo de 25%, para cargos electivos en las diputaciones y regidurías, para establecer un sistema de más representatividad. En el 2000, se aprobaron las leyes que aumentaban la cuota a las mujeres de un 25% a un 33 %.
En República Dominicana, las mujeres resultaron electas en un 55.28 %, en el pasado proceso electoral. Sin embargo, la mayoría de esas posiciones eran en cargos secundarios o de suplencia. Mientras que en los cargos titulares prevalece la presencia de los hombres, aunque la mujer representa la mayoría de los empadronados y votantes.
La mujer debe fortalecer su liderazgo en sus comunidades, en las juntas de vecinos, en los clubes, en asociaciones y especialmente en los partidos, que son los llamados a hacer los verdaderos cambios políticos, sociales y económicos. La historia dominicana, no registra hasta este momento una mujer que lidere o haya liderado un partido, con posibilidades de llegar al poder.
Las dominicanas, tendrán que organizarse y crear estructuras políticas, sociales, profesionales y gremiales, que le sirvan de base y apoyo en su carrera política, para lograr mayor representación y participación en las posiciones de poder, en la administración pública y en los partidos . El avance de la mujer en la política, va a depender de su integración, capacidad, trabajo y empoderamiento.

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