Alá, Venecia y el Alcalde

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El AUTOR es escritor. Reside en Nueva York.
   Es un hábito en mi diario vivir leer, a tempranas horas del alba, diversos periódicos internacionales y locales, para de ese modo estar al tanto del diario acontecer en este agitado mundo en que vivimos, que cada día nos sorprende con muchas noticias las cuales en su mayoría no son tan agradables.
   Bajo esa percepción,  me llamó la atención una información en donde se recogían las declaraciones del Alcalde de la hermosa ciudad de Venecia en Italia, el Sr. Luigui Brugnaro  en donde decía lo siguiente (cito):  “Si tú corres en la Plaza de San Marcos y gritas “Ahahu Akbar” (Alá es grande) -el paréntesis es mío- haces cuatro pasos y te abatimos. Te abatimos, tenemos francotiradores y te abatimos. Hemos aumentado la defensa” (Ver video declaraciones): //www.infobae.com/america/mundo/2017/08/24/el-alcalde-de-venecia-advirtio-que-si-alguien-grita-allahu-akbar-sera-abatido-inmediatamente-tenemos-francotiradores/
   Como era de esperarse, no tardaron en aparecer las críticas a las palabras dichas por ser “tan duras” y “agresivas” por parte del Alcalde Brugnaro, de aquellas personas pusilánimes ante las atrocidades del terrorismo islámico y que atenta contra la paz mundial, que no respetan las vidas de los demás y quieren doblegar al mundo Occidental a aceptar sus creencias diabólicas clamando por la sangre de los inocentes.
   La inercia de los que están llamados a salir al frente a esos demonios del Islam, ya sean con las armas, las palabras orales o escritas o su postura a tomar en las circunstancias del momento, son los culpables de que estas bestias criminales se salgan con las suyas y causen tanto dolor y derramen tanta sangre de inocentes en sus actos de terror en el mundo.
   Es por eso que, ante la postura pasiva y conservadora de muchos, es que cobran vigencia las palabras del escritor y político británico Edmund Burke, considerado el padre del liberalismo-conservador cuando dijo: “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”.
 
   En consecuencia, no veo el porqué alarmarse y no apoyar las valientes y decididas palabras del Alcalde de Venecia Luigui Brugnaro, el cual lo único que hace es tratar de proteger la vida de sus munícipes y de los millones de turistas que visitan anualmente esa paradisíaca ciudad y disuadir aquellos que quieren sembrar el terror y llevar luto y dolor hacia los demás.
   Me identifiqué totalmente con las declaraciones del Alcalde Brugnaro, porque  estuve allí en esa impresionante plaza y reconozco que un acto terrorista en ese lugar,  tendría  un final sangriento por la cantidad de turistas y propios que se concentran en ese ícono turístico de Venecia.
Venecia y su Plaza de San Marcos
 
   En efecto, el pasado mes de mayo el año 2016, me encontraba en compañía de mi esposa en Roma, La Ciudad Eterna y capital de Italia en viaje de placer y, no quería perder la oportunidad de conocer a la idílica ciudad de Venecia, que ha sido exaltada en canciones, poemas y el cine. Dista de Roma unos 530 Km. de distancia y para aprovechar el tiempo, abordamos el tren de alta velocidad “Le Frecce” y en unas 3 horas 30 minutos arribamos a la estación Santa Lucía puerta de entrada a la fascinante ciudad edificada sobre una inmensa laguna.
   La ciudad consta de una sola calle, angosta y en algunos tramos sinuosos, llena de negocios en ambos lados como  restaurantes, cafeterías, tiendas de souvenir, hoteles y por ella transitan a pie en un ir y venir un mar de gente. El transporte automotriz no existe y solo la movilidad se lleva a cabo en barcos, botes, los Vaporettos y las emblemáticas góndolas negras.
   La Plaza de San Marcos la podemos definir como el corazón de Venecia al punto que el Emperador Napoleón la definió como “El salón más hermoso de Europa”. Allí están concentrados los edificios más representativos de la ciudad . Sus autoridades son muy celosos con el lugar y por esa razón no se permite  ni comer, beber o arrojar basuras. De igual manera, está prohibido dar de comer a las palomas. Esta plaza se encuentra muy por debajo del nivel de las aguas y, cuando la marea sube, tiende a inundarse.
   Tanto en la única vía terrestre para llegar a San Marcos como en la plaza misma, la multitud de turistas es enorme y por consiguiente, un atentado terrorista al estilo del islamismo radical, sería sumamente desastroso, sangriento y mortal. Es la razón por la cual entiendo a plenitud la preocupación de su alcalde y su disposición de dar primero al enemigo ante la primera señal.
Los caballos de Troya ya están adentro
 
   A partir de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 al World Trade Center en la ciudad de Nueva York, los actos del terrorismo islámico yihadista se han convertido en una pandemia que se ha enseñado con el viejo continente de Europa y, obviamente, con los Estados Unidos.
   Como hemos vistos en los últimos años, los virulentos actos de terror con sus diferentes modalidades de imponer el pánico y causar muertes de víctimas inocentes, se han hecho rutinarios. Tiempos atrás, viajar a disfrutar de las bellezas y la apacibilidad del diario vivir en Europa hoy se ha tornado en preocupación y nos hace estar atentos ante personas extrañas en su proceder, su acento idiomático  o vestimentas  por los hecho sucedidos.
   Como muestra de ello, basta recordar algunos actos de terror acaecidos en años recientes como son: el del puente Westminter en Londres; el de la ciudad de Niza, Francia, con un camión matando a 84 personas; el de las explosiones en el aeropuerto de Bruselas, Bélgica donde murieron 32 personas; los ataques coordinados en París, Francia, en diversos sitios y el Teatro Bataclan que arrojaron 129 fallecidos y recientemente el de Barcelona, España.  Si seguimos, la lista es extensa y parece no detenerse.
   A mi entender, aparte de las motivaciones político-religiosa que son la fuerza motriz de esos grupos extremistas y asesinos desalmados, hay un factor común en muchos de los gobiernos en Europa y de Estados Unidos que por su actitud sumisa e indiferente ante el grave problema de las migraciones por motivos económicos, políticos y sociales,  se han tornado en el caldo de cultivo para que estas organizaciones extremistas se aprovechen de las mismas para infiltrar a sus agentes del terror y de la maldad para acometer esta matanzas indiscriminadas en diversas naciones del viejo continente.
   Mandatarios liberales y populistas como el expresidente estadounidense Barack Hussein Obama II Dunham, la Canciller de Alemania Angela Dorotea Merkel Jentzsch y el expresidente de Francia Francois Gérard  George Nicolás Hollande, en su afán de ser graciosos ante esta oleda de migraciones de Asia, Africa y el Medio Oriente por diversos motivos y mostrar pruritos en sus acciones,  abrieron las puertas de sus respectivas naciones y han hecho de estos emigrantes los nuevos caballos de Troya que, como bien estudiamos en nuestra adolescencia, fue el artilugio que usaron los griegos para poder penetrar a la fortificada ciudad de Troya que durante 10 años trataron de conquistar, según el relato que hiciera Virgilio en su obra “Eneida” y que para muchos fue una simple leyenda y para otros una realidad.
   Cuando el presidente Donald Jhon Trump McLeod quiso implementar el veto de entrada hacia el territorio de los Estados Unidos  contra los nacionales de seis países islámicos, les cayó una lluvia de críticas y rechazos hasta de muchos de sus propios connacionales, los cuales al parecer, viven en otro mundo y se han dejado llevar por los líderes del populismo del Partido Demócrata, a los que   les gustan conciliar y coquetear con los enemigos jurados de la Unión Americana. Pero, cuando sucede un atentado en donde la sangre  corre como río, podemos ver a esos mismos que se oponen a medidas de profilaxis políticas, pidiendo justicia a las autoridades y reclamando castigo, obviando al parecer, que es mejor prevenir que tener que llorar o lamentar como lo ha querido hacer Donald Trump.
   No asevero que las inmigraciones ilegales y descontroladas sean las causas exclusivas de esto atentados terroristas en Estados Unidos y Europa, pero es indudable que las misma en estos tiempos no son en nada favorable a las naciones receptoras, pues ocasionan gastos en salud, educación, viviendas, roce sociales y políticos en la sociedades donde se establecen y, lo peor de todo, por ahí se están infiltrando los demonios y asesinos yihadistas en su afán de castigar y someter a los “infieles del  mundo Occidental  ”  a los designios del Islam.
   Por esas aperturas demagógicas y pusilánimes e irresponsables de algunos líderes políticos en torno a recibir estas migraciones desaforadas y descontroladas, queriendo pensar que al aceptarlas resolverán los problemas que originaron la mismas en sus respectivos países, han hecho que los ciudadanos de las naciones receptoras hoy sus vidas y su diario quehacer se vean amenazados con la espada de Damocles sobre sus cabezas.
JPM

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