La devolución parcial de lo robado es una afrenta a la sociedad que exige sanciones drásticas contra el saqueo del Estado.
Por más que intenten justificarlo, negociar con la corrupción es un insulto a la justicia y un golpe a la dignidad del pueblo.
Bajo la figura de la delación premiada, muchos culpables ni siquiera figuran en los expedientes judiciales.
La justicia parece hacer vista gorda, permitiendo que el único castigo sea el descrédito público, mientras los responsables disfrutan de sus hazañas en restaurantes de lujo, blindados por acuerdos que huelen a impunidad.
Es imperativo entender que, sin importar la colaboración que ofrezca alguien que haya robado, debe recibir una sanción ejemplar por los hechos cometidos.
La entrega de información no puede ser una patente de corso para evadir la cárcel; quien traiciona la confianza pública debe rendir cuentas por el daño causado, pues una justicia que perdona el delito a cambio de relatos es una justicia parcial.
Si seguimos fomentando la cultura del delincuente consentido, seremos siempre víctimas de quienes roban a su antojo, sabiendo que, al final, si aplican el criterio de oportunidad, la justicia simplemente les dirá:
«‘Y si te he visto, no me acuerdo'».
Con Dios siempre, a sus pies.
jpm-am

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Es el mejor país para los ladrones de grandes ligas. Pero cuidado los vira lata?
Es una afrenta a las buenas costumbres y a la decencia y la conciencia nacionales que en nuestro pais los hechos delictivos sean castigados a «sigún quien sea» el acusado de haberlos cometido. SI el acusado es hombre, -o mujer-, del pueblo ahí no hay causa atenuante a su favor. Pero si se es un personaje con buen rango económico y social, el trato es completamente diferente. ¿Hasta cuando?
Lamentablemente,lo que trata el articulista en éste oportuno trabajo,es una de las principales razones,de que en éste país,hayan venido desapareciendo,por varias décadas ya,las buenas costumbres,la decencia,y la seriedad ( contestando la pregunta que hacia el articulista en su penúltimo trabajo)