POR ELVIN SANCHEZ
Las Cuevas del Pomier, también conocidas como Cuevas de Borbón, constituyen un tesoro histórico, natural y cultural de la República Dominicana ubicado en el municipio de San Cristóbal.
Este conjunto de 55 cuevas no solo es la capital prehistórica del país, sino también un legado viviente de las primeras civilizaciones de las Antillas. Aquí, las paredes hablan: cada pictografía y cada rincón narran una historia que conecta a los pueblos originarios con la tierra y el cosmos.
Un legado de reconocimiento y protección
El primer registro oficial de estas cuevas fue realizado por Sir Robert Schomburgk en 1851, marcando un hito en su descubrimiento para el mundo. Posteriormente, en 1969, fueron declaradas Monumento Natural, un paso crucial en su preservación. En 1993, adquirieron el título de Reserva Antropológica, destacando su importancia para la arqueología y la antropología.
Más recientemente, en 2018, se impulsó su candidatura ante la UNESCO para ser declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad. En 2022, una comisión comenzó a fundamentar su designación como capital prehistórica, subrayando su relevancia universal.

Un museo vivo de arte y ciencia
Las Cuevas del Pomier albergan arte rupestre de más de 2000 años de antigüedad, representado en pictografías que muestran aves, reptiles, peces y figuras humanas. Este legado artístico de los indígenas taínos y otras culturas precolombinas es uno de los más ricos del Caribe. Además, el complejo es un santuario para diversas especies endémicas, especialmente murciélagos, que encuentran aquí un refugio esencial para su conservación.
Lucha por proteger un legado milenario
Las «Voces Centinelas» que claman por la preservación de estas cuevas son una metáfora de nuestro deber colectivo. Estas voces nos recuerdan que proteger este legado no es solo una responsabilidad local, sino un llamado global. Las Cuevas del Pomier enfrentan amenazas por actividades humanas, incluyendo minería y expansión urbana descontrolada. Por ello, es imperativo aglutinar esfuerzos entre comunidades locales, instituciones nacionales y aliados internacionales.
Preservar las Cuevas del Pomier es más que salvaguardar un espacio físico; es perpetuar la memoria de los primeros pobladores, proteger la biodiversidad única que habita allí y garantizar que futuras generaciones puedan escuchar las «voces del tiempo». Este lugar no es solo un sitio arqueológico, sino un puente entre pasado, presente y futuro. Solo con la unión de las «Voces Centinelas» locales, nacionales e internacionales podremos eternizar este patrimonio invaluable y liberar de amenazas este santuario cultural y natural.
En cada visita, en cada esfuerzo por preservarlas, las Cuevas del Pomiehr nos recuerdan que somos custodios temporales de un legado eterno, un eco profundo que resuena desde el corazón de la tierra y de la humanidad.
jpm-am


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