por ALEJANDRO ALMANZAR
En el debate generado por la Sentencia que beneficia a Felix Bautista, entró en escena el magistrado Mariano Germán Mejía, respondiendo enérgicamente a quienes cuestionan dicha decisión judicial.
Dijo el presidente de la Suprema Corte, que a él nadie lo puede cuestionar por la forma transparente en que se ha manejado tanto en su vida pública como privada. Creo en sus palabras, pero lo que no entiendo es, por qué darse como aludido ante esos cuestionamientos, pues hasta donde sé, nadie duda de su reputación.
Lo que sí tiene la seguridad el país es, que esta Sentencia fue arreglada acorde con intereses políticos, pues los pueblos tienen clara conciencia de las acciones de sus hombres al frente de instituciones, y el papel que estas deben desempeñar.
Olvidó, que su reacción frente al procurador y los críticos de la decisión no pasará de ser palabras que se lleva el viento, y lo que queda es el mal proceder del poder judicial bajo su directrices, liberando de culpas a quienes rehúyen enfrentarse a la justicia.
Si el presidente del más alto tribunal de justicia se remonta al decir de los griegos, encontrará que no somos lo que decimos ser, si no, lo que aparentamos ser, por aquello de que Cesar y su mujer, no es sólo que sean serios, si no, que deben aparentarlo.
Esta Sentencia dice, que los jueces no están comprometidos con la lucha contra la corrupción, culpable de las peores desgracias que vive el país de Duarte y Los Trinitarios, prefiriendo enfrentarse a quienes demandan castigo por la misma.
Esa Suprema carecería de moral para enjuiciar y castigar al ladroncito que se roba una gallina, cuando no es capaz de sentar precedentes judiciales contra quienes hacen mal manejo con las cosas públicas para enriquecerse, mientras los hospitales no tienen recursos para atender a los pobres que asisten en busca de salud.
Aquí, mucha gente se levanta y acuesta sin saber dónde está su sustento, muere por falta de medicina, mientras políticos exhiben fortunas incuantificables obtenidas en corto tiempo, y creíamos deber de la justicia ayudar a detener eso.
El pueblo no se callará porque el magistrado Germán truene contra quienes rechazan una Sentencia complaciente a intereses de grupos poderosos de la política. La decisión de un juez se debe atacar en las instancias competentes, pero la máxima autoridad judicial debe enviar el mensaje a sus súbditos de predicar con el ejemplo.
Ya es mucho el daño a la moral de una nación que parece empujada hacia el precipicio por parte de actores políticos, y mal haría la justicia ponerse de su lado. Sería lo peor que puede pasarles a los dominicanos de buena voluntad.
Si no predican con el ejemplo, no tendrán calidad moral para condenar al crimen organizado, el narcotráfico o a la delincuencia común, porque nada es tan dañino para un país como la falta de sanción a quienes se enriquecen indebidamente.

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