Cuando éramos mozalbetes, en el juego de bolas o cualquier otro entretenimiento sin fines mercuriales, algunos nos las íbamos o librábamos; la ganancia de uno, era compartida con otro. Cualquier amiguito exclamaba: fulano y zutano “se las van”.
Aunque parezca un retruécano o ironía, en la política partidaria sucede lo mismo. Pero no sólo en ese sector. Entre profesionales también hay colegas que se las van; se protegen; se apañan, independientemente de retorcimientos conductuales reñidos con la ética.
Con otras características, los juegos de la muchachada de entonces coincidían con la práctica de los políticos de ahora, que se libran en ganancias, con los repartos de cargos. Lo mismo sucede con conspicuos segmentos de nuestro tejido social considerados insumergibles que siempre salen a flote, protegidos por sectores licenciosos decididos a apoyarlos todo el tiempo.
Los gobiernos, en una jugada que a veces mueve a suponer no hay posible independencia en nuestra política vernácula, colocan a improvisados aliados. Asimismo, hay entidades profesionales cuyos representantes defienden a capa y espada a escogidos colegas sobre los que se ciernen rumores de que el gobierno cancelará, o sustituirá en el cargo.
Y para esto no hay que exhibir un dechado de virtudes. A propósito del tema, se dice que el pionero y estímulo de la corrupción de estos tiempos, Leonel Fernández, siempre será protegido por Luis Abinader, nuevo gobernante por el Partido Revolucionario Moderno (PRM), hoy en el poder. Se entiende que su alianza no ha terminado, y algunos acólitos del primero, ocuparán importantes espacios en el gobierno.
Como hay estos extraños consensos es que muchos de nosotros no creemos en el sistema, y mucho menos votamos. Estas complicidades también se dan en conglomerados profesionales donde, aunque se entienda injusto que se sustituya de sus cargos a algunos colegas, en otras ocasiones, no ha habido tanta vehemencia en defender a otros.
Y, aunque se alegue entender que cada gobierno coloca a su gente de confianza, del mismo modo, éstos defienden a los que son sus cofrades sin importar que no hayan dado la cara por colegas que, por su trayectoria profesional, conducta y verticalidad, también merecen beneficios y reconocimientos. Y es que, como síntoma de nuestras corruptelas, hay algunos que «se las van».

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Señor Rivas, aprenda; aprende a interpretear; estoy contra todos, en el estado de cosas.. Lee bien y te darás cuenta de lo que quiero dejar establecido, y busca sierto término que, adrede, es repetitivo.
Tardó demasiado en revelarse como bocina pestilente de Danilo y el casi muerto PLD.