Me informó Claudio el lamentable fallecimiento de Álvaro Caamaño, Barín o Varín, como lo llamábamos sus amigos y familiares. Consciente de que se acercaba la hora su partida, le dejó instrucciones precisas para después de su muerte. Con entereza solicitó su cremación y que las cenizas fueran lanzadas al mar. Lo conocí hace mucho tiempo ya que vivíamos en el mismo sector y laboramos en la industria azucarera Estatal.
Durante la guerra de abril del 65, Álvaro fue combatiente desde el inicio hasta el final, siempre al lado de sus familiares: Francis, Claudio, Fellita, Daisy, Cuqui, y sus hermanos fallecidos Cesar Rafael, y Mercedes. En bajo perfil, pero disciplinado, sonriente y valeroso. Hasta en los momentos más delicados, encontraba una salida alegre. Como si estuviera convencido de que el mundo nunca le caería encima.
Luego de finalizada la guerra, junto a Cesar Rafael se ausentó forzosamente del país, y cuando asistí a un evento internacional, en mi calidad de Secretario General de la Juventud Revolucionaria Socialcristiana, a finales del 65, en Lima, Perú, fui recibido por ellos. Barín trabajaba en el Ingenio Trujillo, no muy lejos de Lima, y me invitó a quedarme en su apartamento.
Allí conocí a fondo su calidad humana y solidaridad. Pasamos días inolvidables aunque lejos de nuestra tierra. Llegaba tarde del trabajo, pero siempre encontraba espacio para compartir junto a Cesar Rafael y Guarocuya Sánchez que estudiaba veterinaria en ese país. Luego se agenció un permiso para poder acompañarme el tiempo necesario, cosa que jamás podré olvidar.
Barín ocupó varios cargos, desde Guardacampestre, Inspector de cultivos hasta ocupar la Administración de la División Hato Nuevo del CEA, que tenía a su cargo proveer el trasporte de caña y boyada a todos los centrales azucareros del Estado, donde se desempeñó con eficiencia y pulcritud.
Estuvo de alguna forma ligado a la política, más por razones de amistad que por otras causas. Fue amigo de Don Antonio Guzmán, Peña Gómez y Jacobo Majluta. Tanto con Peña como con Jacobo participó de cerca en algún momento de su vida, pero hace tiempo me informó que estaba dedicado a asuntos privados con una de sus hijas.
Era una persona pragmática. Sin temor a inventar diferentes actividades comerciales o empresariales. En una ocasión me informó que estaba dedicado al negocio de la pesca y que tenía un barco en alta mar, pero como muchos combatientes y personas que creyeron en la revolución y los cambios, Barín terminó, no frustrado, sino desencantado de la política.
No era un gran pensador ni teórico, pero en una ocasión, probablemente motivado por alguna acción que le tocó su sensibilidad humana, me expresó, que muchos políticos utilizan a los demás como si fueran caña, pues cuando los necesitan los exprimen para sacarle el jugo, y luego los tiran hasta que se seque y puedan usarlo como combustión.
Pido a Dios por el alma de Alvarito, que fue un hombre bueno, alegre, solidario y sobre todo, buen familiar. tabasa1@hotmail.com


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