pueblo dominicano en el año 2020, cuyos umbrales casi pisamos. Esa
renovación debe ser integral y debe partir de un cambio en el estilo
de gobernar, lo cual vale decir la forma de administrar los bienes
públicos y dirigir las instituciones del Estado.
El modelo predominante en los últimos dieciséis años ha demostrado que
el interés se centró en la acumulación de riquezas personales, para
quienes gobiernan, a costa de los negocios estatales. La continuidad
de esa organización al frente de los asuntos públicos constituiría la
peor desgracia para “el noble y sufrido pueblo dominicano”.
El cambio de Gobierno se impone para imponer la decencia y la
transparencia en el manejo de los recursos y volver al concepto de que
gobernar es servir a todos, no solo a los dirigentes del partido
gobernante. Gobernar para todos conlleva que los servicios sociales
merezcan la debida atención y lleguen a la población eficazmente.
En nuestro país, la realidad es una afrenta: el sistema de salud, por
ejemplo, no es una prioridad, por eso el presidente Danilo Medina
viajó a los Estados Unidos a tratarse una afección epidérmica. La
salud pública es un perfecto ejemplo de desatención. Los servicios
privados, en tanto, funcionan con la misma rapacidad de un negocio
financiero.
El cambio es urgente para que nuestro sistema educativo se torne capaz
de cumplir las metas que le corresponden a la educación en la
transformación de una sociedad de primitiva a civilizada, de caótica a
organizada, de sumisa y pedigüeña a crítica y laboriosa. El principal
problema de los dominicanos radica en la crisis de la educación.
Urge el cambio para que desde el Estado se dé importancia al
desarrollo agrícola, fuente indispensable para la producción de
alimentos y para la obtención de divisas mediante la exportación de
rubros requeridos en los mercados internacionales. Menos vehículos de
lujos y más implementos de trabajo es una exigencia del momento.
La República Dominicana necesita cambiar su rumbo, no puede continuar
como un barco timoneado por una tripulación ebria. El grupo que
gobierna desde 2004 anda borracho de poder y de apetencias desordenas
de fortuna, no obstante estar podridos en cuartos. Ostentan sus bienes
mal habidos con absoluta desvergüenza, pero quieren más.
La renovación conlleva independencia de los poderes del Estado y el
predominio de la institucionalidad. El pueblo dominicano tiene en
2020, comenzando en febrero, la oportunidad de darse un “feliz año
nuevo”, eligiendo personas adecuadas para las funciones públicas. Es
oportuno el cambio: Año nuevo, Gobierno nuevo.

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Señor Peralta, una pregunta ¿Cuál es el cambio que usted propone? Un vehículo tiene varios. En el año 2000 una gran parte del pueblo se equivocó y metió ¡La reversa!