La corrupción: ¿maldición?
La vida política dominicana ha estado normada por el clientelismo y la corrupción. Culpa del sistema, y no de entes individuales. La corrupción dobló el lomo a casi todos los agentes partidistas nacionales. Es el único sueño que permite hacerse rico de la noche a la mañana, sin tener condiciones para dar un salto social. La ideología como norma de conducta de los partidos poíticos, pocas veces ha llegado al poder. Lo más que se pudo lograr es un sincretismo de ligar a conservadores con liberales, y nada más. Pero en un mundo uni-polar, donde a las ideologìas se las llevó el diablo, no se puede pedir más. Lo más que se puede tener a mano es la seriedad personal y colectiva, que rechace a la corruptela en cualquiera de sus manifestaciones. Pero una sociedad sin ideologìas, está preñada de corruptos y corruptores. La corrupción comienza desde abajo y llega hasta la cima. Es corrupto el vendedor de un colmado que le sube cinco pesos a un pan, o que una libra de queso la convierte en diez onzas, o el que la calidad la deja en la maleta para vender porquerías. El de cuello blanco y el político avezado nos da latigazos todos los días. Pero en la vida nacional hay que limpiar a los partidos políticos de la corrupción tanto individual como colectiva, pero si se debe tener presente en esa lucha que será imposible, sin una modificación sustancial del sistema. Pocos se plantean cambios en el sistema, y lo más que se trata de agarrar es la modificación de la cara, de la sonrisa, de la máscara de fango y excremento que adorna a muchas de las actividades partidistas nacionales. Sin renacer de las ideologías, es difícil erradicar la corrupción. Los partidos políticos tienen que convertirse en escuelas, para educar a sus miembros, para preparar a dirigentes, para llevar una nueva orientación a la población. Estamos en la cultura del dao, de qué me toca, de dónde están dando. En la calle usted lo escucha cuando un dirigente politico es menospreciado, por aquella consigna de que no da ni siquiera aire. La gran masa de a pie conoce de la corrupción arriba, y vende su voto por un par de cientos de pesos o la comida de un día, cuando hay elecciones. Un torneo electoral se puede ganar con un buen activista parado ante un colegio de votaciones con una manilla de pesos, dándolo al que le asegura el voto. El clientelismo electoral, la corrupción de los partidos, no es un mal que vino de Marte, es parte del desarraigo popular, de la falta de oportunidades, de perder la vergüenza al tener que vender el voto y la conciencia, para poder subsistir. Esos cuadros de millones de personas que viven en la mayor de las pobrezas, sin distribución de riquezas, es el principal perfil que aupa la corrupción. Sin mejorías de los niveles de vida de la gran población, la corrupción será un compañero de los pescadores de ilusiones, y un mordisco de los eternos pasa-hambre.

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