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Cambiando la palabra engañar por complacer, vamos a utilizar una de las más famosas frases de Abraham Lincoln: «Se puede complacer a todo el pueblo parte del tiempo y a parte del pueblo todo el tiempo; pero no se puede complacer a todo el pueblo todo el tiempo.»
Esto nos ha pasado con nuestro último artículo. “Frustración y rabia en Nueva York” Son muchos los que se nos han acercado de manera personal o nos han llamado dándonos las gracias e identificándose con nosotros. Nos manifiestan que han sentido un inmenso sentimiento de alivio, porque dijimos algo que ellos, desde hace mucho tiempo, deseaban decir, pero no se atrevían, por diversas razones, a manifestarlo.
El sentimiento de frustración y rabia, ha cambiado entre estos amigos a una especie de sosiego, de bálsamo, de paz interior. Se sienten ahora mucho mejor. Más calmados.
Por otro lado, algunos, por suerte han sido los menos, han querido freírnos en aceite hirviente, pues se han sentido aludidos por nuestras expresiones.
La verdad no rompe reglas. La militancia en un Partido Político no nos obliga a cerrar los ojos o mirar hacia otro lado cuando de forma obvia se está haciendo lo incorrecto. Todo lo contrario, nuestro deber es tratar de desenmascarar a los que desde las sombras o cubriéndose con una sombrilla de hipocresías, conspiran contra lo que dicen defender.
Los que deben sentir vergüenza y callarse, son aquellos que ostentan una posición que no se la han ganado y que para peores, ni siquiera cumplen con las mismas. No es así como se defiende un gobierno y se ayuda a mantener el poder.
Aquellos que acuden diariamente a sus trabajos, a la Misión Permanente de la República Dominicana ante la ONU, al Consulado General de la República Dominicana en New York, al Comisionado Dominicano de Cultura, a ejercer con dignidad y decoro la labor para las que fueron nombrados, pero que desgraciadamente tiene que cargar con el estigma de las parasitarias botellas, no se sintieron aludidos.
Los que levantaron la voz, son los oportunistas de profesión, los que se colocan en el proscenio, debajo del fulgor de las candilejas, solo cuando se termina la obra, sin haber actuado en la misma. Siempre, tratando de recibir aplausos que no se han ganado. Buscando embriagarse con los flashes de las cámaras para luego enseñar fotografías con historias inventadas, con mentiras y falsos protagonismos. Por lo general, intentando robarse el éxito ajeno. Así no se le hace ningún favor ni a un Partido ni a un Gobierno.
Estos pseudos-Boschistas, que siempre andan pregonando palabras y frases de Don Juan para impresionar a los incautos, son los que deben revisarse. El Boschismo es un sentimiento. Una forma de vida. Nosotros podemos decir, con la frente en alto y mucho orgullo, que hemos vivido de acuerdo a los principios del Profesor Juan Emilio Bosch y Gaviño.
¿Quiénes, de esos que nos han criticado, pueden decir lo mismo?
¡Farsantes!


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