Por Yanet Girón
Desde hace años, la realidad del periodismo dominicano ha estado marcada por una constante: la debilidad institucional de su gremio. No es un tema nuevo ni coyuntural, sino una deuda histórica que se arrastra en silencio. El Colegio Dominicano de Periodistas nació para dignificar la profesión y proteger a sus miembros. Sin embargo, muchos no se sienten representados ni respaldados. La distancia entre la institución y sus afiliados se ha vuelto evidente.
La Ley 10-91, el marco legal que rige el gremio. establece con claridad, dentro de sus disposiciones, mecanismos destinados al fortalecimiento institucional del sector periodístico. Asimismo, el artículo 21 dispone que los medios escritos y electrónicos deben aportar mensualmente un 0.5 % de los ingresos obtenidos por publicidad pagada. Sin embargo, gran parte de estas disposiciones no se cumplen a cabalidad y, en muchos casos, ni siquiera se ejecutan de manera efectiva.
Una de las interrogantes más sensibles es por qué estas disposiciones continúan enfrentando limitaciones en su aplicación. Tanto instituciones como medios de comunicación se benefician diariamente del trabajo periodístico, de su capacidad de difusión y de la construcción de imagen pública. Sin embargo, ese vínculo no siempre se traduce en un fortalecimiento real del gremio. Existe una relación necesaria, pero todavía distante en términos de respaldo institucional.
A lo largo del tiempo, los periodistas han mantenido su compromiso, incluso cumpliendo con sus cuotas. Sin embargo, ese esfuerzo no se traduce en beneficios concretos. La institución no ha logrado consolidar un sistema de apoyo sólido. Esto debilita el sentido de pertenencia dentro del gremio. Un profesional sin respaldo pierde confianza en su organización.
La precariedad laboral sigue siendo una realidad constante en el ejercicio periodístico. Bajos salarios, limitada protección social y escasas garantías marcan el día a día. Ante este escenario, se espera un Colegio firme y activo. Su rol debe ser de defensa, acompañamiento y representación. No obstante, su incidencia ha sido limitada. Defender al periodista es también defender el derecho a la información.
No se trata de señalar responsables individuales, sino de reconocer un problema estructural. Esta situación ha trascendido distintas gestiones sin cambios significativos. Sustituir directivas no resuelve el fondo si no hay transformación institucional. Se necesita una visión estratégica y sostenida en el tiempo. La continuidad en las acciones es clave para el fortalecimiento.
El momento de mejorar no puede seguir postergándose. El Colegio Dominicano de Periodistas debe asumir una transformación visible y coherente. Es necesario garantizar beneficios claros, respaldo efectivo y gestión transparente. Los periodistas merecen una institución que los represente con dignidad. Sentirse orgulloso de pertenecer al gremio no debe ser una excepción.
jpm-am


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