Bonao no es solo el corazón geográfico de la República Dominicana, sino una tierra bendecida por un paisaje envidiable que, irónicamente, se ha convertido en su mayor condena estructural al tratarse de una ciudad enclavada en el centro del país, donde las nubes besan las montañas casi a diario, provocando que la lluvia sea sinónimo de angustia y no de vida, debido a la falta de un sistema de alcantarillado pluvial y sanitario moderno que transforme cada aguacero en desarrollo y no en una amenaza latente para el patrimonio y la salud de sus habitantes.
Históricamente, el desarrollo de la ciudad ha corrido a una velocidad muy superior a su infraestructura de saneamiento porque, mientras la población y el comercio crecen, las entrañas urbanas siguen confiadas a canales de drenaje que datan de hace más de un siglo, simbolizando una desconexión entre el progreso superficial y un abandono subterráneo que ya no admite más parches ni promesas de campaña, exigiendo en cambio una cirugía mayor en su ingeniería urbana.
La propuesta legislativa sometida por el doctor y diputado José Antonio Fabián, no es un capricho político, sino un grito de auxilio técnico ante el Poder Ejecutivo, vía INAPA (Instituto Nacional de Agua Potable) y el INDRHI (Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos), a fin de que asuman la construcción de un sistema integral de alcantarillado pluvial en Bonao como una solución real a un problema que drena la economía de las familias nouelenses cada vez que el río Yuna o sus afluentes reclaman su espacio para encauzar las aguas que aumentan su escorrentía.

El alcantarillado pluvial es el escudo que protege nuestras calles en una ciudad donde llueve más de 180 días al año, evitando que la ausencia de este sistema degrade el asfalto prematuramente y convierta la inversión pública en un bacheo constante que se disuelve en un vacío degradante para la población, mientras el agua estancada detiene el motor económico de una provincia que aporta significativamente al Producto Interno Bruto (PIB) a través de la minería y la agricultura ante la mirada indiferente de muchas autoridades.
El componente sanitario representa una deuda ética con la salud pública, pues no es posible hablar de modernidad cuando las aguas residuales amenazan con contaminar nuestros acuíferos mediante la mezcla de desechos con aguas de lluvia durante las inundaciones, convirtiéndose en un caldo de cultivo para enfermedades que afectan principalmente a los sectores más empobrecidos, quienes sufren el rigor de cada tormenta en la intimidad de sus hogares.
El respaldo unánime que recibió esta pieza en la Cámara de Diputados es un avance esperanzador pero insuficiente si se queda en el papel, ya que el protocolo legislativo es solo el primer peldaño de una escalera que debe conducir a la ejecución presupuestaria para que Bonao deje de ser una “Venecia improvisada” y la voluntad política se traduzca en partidas económicas concretas dentro del Presupuesto General del Estado.
Bonao está en emergencia y esto debe servir a los congresistas de la provincia como espejo de sus responsabilidades, por lo que la iniciativa del diputado Fabián debe ser reforzada por el senador Héctor Acosta y los diputados Orlando Martínez y Nolberto Ortiz, quienes tienen el deber de alinearse para lograr la aprobación de los recursos necesarios para la ejecución de esta obra vital a más tardar en el 2027.
La historia enseña que las grandes obras llegan cuando existe una presión social y política coordinada, y como Bonao ha sido un pueblo de lucha, sus ciudadanos merecen transitar por calles secas y vivir en hogares donde el olor a lluvia traiga frescura y no el temor a perderlo todo bajo el lodo de un drenaje colapsado que requiere una reingeniería integral proyectada para los próximos cincuenta años.
El impacto ambiental de esta obra elevaría el perfil turístico de la zona, potenciando a Bonao como un destino ecológico de primer orden, ya que nadie desea visitar balnearios si el saneamiento río arriba es deficiente, haciendo razonable la protección de nuestras cuencas para asegurar la sostenibilidad de la flora, la fauna y el futuro del turismo de montaña.
El momento de actuar es ahora, aprovechando el consenso parlamentario de una pieza legislativa que pone en manos del Poder Ejecutivo la oportunidad de hacer justicia con una provincia que pide el derecho básico de no inundarse, entendiendo que la inversión en alcantarillado, aunque no se vea por ir bajo tierra, se siente en la dignidad de cada ciudadano que logra dormir tranquilo bajo la lluvia.
Como ciudadano que siente el palpitar de mi pueblo, hago un llamado a la conciencia de las autoridades para que no permitan que el progreso de Bonao se ahogue en la desidia, viendo en el proyecto del diputado Fabián la balsa de salvamento necesaria antes de que la próxima tormenta arrebate lo poco que queda y logrando que el presupuesto nacional refleje el respeto que esta provincia merece.
jpm-am

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