Por Bolívar Balcacer
Que nadie se engañe: el acorralamiento que viven los dominicanos en New York no es casual, es funcional. Funciona para un sistema que nos quiere dispersos, agradecidos por migajas y silenciosos ante los abusos. Somos muchos, pero actuamos como pocos. Votamos, pero no mandamos. Marchamos, pero no decidimos.
Cada elección repite el mismo libreto: promesas en español mal ensayado, sonrisas de campaña, banderitas y abrazos. Después, la comunidad vuelve a ser invisible. Y mientras tanto, suben las rentas, se precariza el trabajo, se criminaliza al inmigrante y se administra la pobreza como si fuera un favor. Incluso hay funcionarios, que hablan de que traen millones a la comunidad, cuando la realidad es otra, como el caso del Bronx donde apenas se han llevado 220 mil dólares con un distrito que supera los 120 mil habitantes.
Basta de autoengaños: nadie respeta a una comunidad que no se respeta a sí misma. El voto dominicano se ha regalado sin condiciones, sin memoria y sin castigo. Así no se construye poder; así se perpetúa la dependencia. Hacer juego sucio con una biblia bajo el brazo, sabiendo que se le miente al pueblo, desde una mesa que se le rinde culto a “baco”.
El 2026 exige ruptura. Ruptura con la fragmentación, con los liderazgos decorativos, con los intermediarios que negocian a espaldas del barrio, engañando a todos incluso a nuestros indefensos envejecientes. La unidad no es una consigna bonita: es una necesidad política. Una agenda común, clara y no negociable en vivienda, trabajo, educación y servicios es el mínimo para sentarnos a la mesa.
El conocimiento es una amenaza para quienes viven del abuso. Por eso urge educación cívica y legal en nuestro idioma.
Un dominicano informado es un dominicano difícil de manipular. La comunicación propia, documentada y valiente debe reemplazar el rumor y el miedo. El silencio nos ha salido demasiado caro.
Y sí, hay que decirlo sin rodeos: el reciclaje de figuras agotadas es parte del problema. El futuro no se construye con los mismos vicios del pasado. Necesitamos liderazgo nuevo, preparado, ético y con carácter, no figurines de redes ni eternos candidatos.
El 2026 no será un regalo. Será una conquista o no será nada. Seguir acorralados es una opción. Organizarnos y mandar también.


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