El 2028 será, para el PRM, un examen de fuego: administrar el desgaste del poder tras ocho años de gobierno y elegir al candidato capaz de mantener la continuidad sin devorarse a sí mismo.
En esa ecuación, dos nombres sobresalen: David Collado y Raquel Peña. Ambos presidenciables encarnan estilos distintos, pero también arrastran vulnerabilidades que pueden convertir la primaria en una carnicería política.

David Collado juega el papel del gerente convertido en estrella. Su gestión en Turismo le permite ondear la bandera de los récords, cifras que lo hacen ver como el hombre que convirtió al país en potencia caribeña del turismo.
Es mediático, hábil en la construcción de imagen, y sabe venderse como “político light”: sonríe, abraza y evita confrontar. Ese estilo, útil para seducir al votante blando, lo coloca como favorito en mediciones internas.
Pero bajo esa fachada de modernidad hay grietas: depende excesivamente de un sector económico que puede desplomarse con una crisis global, y su ambigüedad calculada —nunca confirma, nunca niega— lo hace parecer un político que teme comprometerse.
Peor aún, carga con el estigma de usar el cargo como plataforma electoral. La oposición lo acusa de hacer campaña disfrazada de gestión, y en política dominicana eso equivale a jugar con fuego cerca de un bidón de gasolina.
Raquel Peña, por su parte, es la cara institucional del oficialismo. Como vicepresidenta, tiene legitimidad y acceso al corazón del poder. Su imagen de mujer sobria, sin escándalos, disciplinada y con bajo rechazo le da credenciales de confiabilidad.
Representa la continuidad sin estridencias, el orden frente al ruido. Sin embargo, su talón de Aquiles es la falta de narrativa propia: fuera del círculo gubernamental, pocos podrían mencionar una política que lleve su sello.

Su estilo discreto, que le sirvió para sobrevivir en la sombra de Abinader, puede volverse un lastre en una campaña que exigirá magnetismo y épica. A esto se suma que sus primeros gestos de aspirante han levantado acusaciones de activismo desde la vicepresidencia, un terreno pantanoso que la expone a la crítica de la oposición y al fuego amigo dentro del PRM.
La disputa entre Collado y Peña no es solo de nombres, sino de almas dentro del PRM: la gerencia mediática contra la institucionalidad sobria. El primero seduce con cifras y estética de éxito; la segunda promete estabilidad y continuidad.
Collado puede ganar una primaria mediática; Peña, una primaria de aparato y legitimidad presidencial. El problema es que ambos tienen debilidades tan visibles que, en el fragor de la competencia, podrían terminar desgastándose mutuamente y dejando al PRM vulnerable frente a una oposición que espera agazapada el menor error.
El 2028, más que una elección, será un plebiscito sobre si el PRM aprendió a gobernar sin autodestruirse. Y en esa prueba, Collado y Peña son al mismo tiempo sus mayores cartas… y sus riesgos más letales.
jpm-am

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EL PRM SERA DERROTADO. POR UN CANDIDATO IMPROVISADO. EL CUAL SURGIRA COMO DE LA NADA. Y BARRERA CON TODOS LOS CANDIDATOS. ASI ES QUE NO SE HAGAN ILUSIONES……. EL NAVEGANTE
El ambience indica que podia ser el tiempo correcto para que una MUJER sea presidente. Collado puede apoyarla ahora, y luego Ella y abinader appeal a collado, el es mas joven y puede esperar.
Señor, el PRM no repunta ni que lleven a Nayib Bukele como candidato a presidente y a Vladimir Putín como vicepresidente.
Paliza y compartes, destruyeron ese partido.
Dr. Raúl Hernández P.