OPINION: Los haitianos y la doble moral política

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EL AUTOR es periodista.

Es sumamente preocupante que toda la población de la provincia Pedernales haya salido a las calles en protesta y haya otorgado un plazo no mayor de 24 horas a los haitianos para que vuelvan a su país de origen, enardecidos por el asesinato de una pareja indefensa que deja en la orfandad a sus hijos, mientras el gobierno se muestra ausente ante estos reclamos de justicia. 

La mayor parte de los asesinatos provocados por los haitianos en contra de dominicanos, se llevan a cabo, tras realizar ritos satánicos que convocan a la agresión física y que finalmente terminan en la muerte, todo esto, producto de acuerdos diabólicos que datan desde tiempos inmemoriales. 

Asesinatos similares al de Pedernales han sucedidos en otras provincias, no necesariamente cercanas a la frontera entre República Dominicana y Haití, los cuales son cada vez más frecuentes quedando en la mayoría de las veces impunes ante los administradores de justicia, por ejemplo, el secuestro del joven deportista  de 22 años, Julián Rodríguez, hipnotizado por dos haitianos, herido a puñaladas y trasladado a un cementerio para más tarde ser enterrado vivo y convertirlo en un zombis. Por suerte recuperó el conocimiento y logró escapar antes de que volvieran al ritual que terminaría con su vida. 

Todos estos acontecimientos deben llevar al presidente Danilo Medina a reflexionar y dictar medidas estrictas para recuperar la nacionalidad dominicana mediante órdenes drásticas contra los haitianos que con el transcurrir del tiempo se apoderan del país en pobladas multitudes por los cuatro puntos cardinales, con el propósito de atacarnos con inmediatez y sin descuido, hasta invadirnos definitivamente. 

En vez de contribuir al desarrollo del país, los haitianos lesionan nuestra economía, trafican armas, asesinan, nos traen enfermedades infectocontagiosas, usurpan nuestra mano de obra, no pagan impuestos, reciben servicios de salud y nos maltratan físicamente ante los ojos de un Gobierno donde sus propios funcionarios tienen como negocio la inmigración, sin embargo, son becados con cargos en la administración pública. 

La situación que actualmente vive el país con respeto a la inmigración haitiana no es para que algunos políticos y funcionarios del gobierno de turno estén jugando a la doble moral, es para que el Gobierno ponga atención a un país que solapadamente es ocupado por haitianos que dejan sangre y orfandad en muchas comunidades. 

Los haitianos son siervos del diablo que convencen a los indefensos, los llevan a reuniones, auspiciadas por promotores del satanismo, los consagran como sus feligreses, los sacrifican y luego torturan inmisericordemente hasta convertirlos en personas que deambulan por las calles y con desatinos pierden el control de sus sentidos, actuando como el que no tiene espacio para la existencia, o sea, viven, pero no sienten ni padecen porque su mente está influenciada exclusivamente para incursionar en la maldad. 

El satanismo haitiano bordea todas las esferas de Quisqueya; y esa egocentrista fuga de caracteres, data desde el año 1918, cuando La Hasco (Haitian American Sugar Corporation), ofrecía una gran cantidad de puestos de trabajo para sus plantaciones y acudían a la oficina de empleo de la compañía grandes cantidades de trabajadores haitianos con un dialecto emburujado, desorientados y convertidos en zombis tras practicarle hechicería. 

Según la historia, el vudú era una secta religiosa maldita que se manifestaba entre colonizadores franceses  en 1791 y se realizaba con rituales satánicos ante una rebelión de esclavos que hoy día se apostilla entre nacionales haitianos para agredir y asesinar dominicanos indefensos a palos, cuchilladas y todos los maltratos posibles los cuales muchas veces entierran vivos. 

La inmigración haitiana está gestando un problema potencialmente grande en la República Dominicana que el actual Gobierno conoce y no toma en cuenta los peligros futuros que le vienen al país y; en consecuencia, mantiene desde el 2013, el denominado “Plan de Nacional de Regularización” donde son beneficiados aproximadamente 458 mil haitianos que invaden la isla pacíficamente y sin reparos. 

Existe un juego a la doble moral en torno a la ocupación de la isla por parte de los haitianos que hasta el propio presidente teme enfrentar, mientras políticos como el Senador de Pedernales, Dionis Sánchez, muestra preocupación por la invasión desmedida en dicha provincia, abogando porque sea el gobierno dominicano que construya empresas en el litoral fronterizo de Haití, para evitar la inmigración, inversión que no es de nuestra competencia, sino de Francia, Estados Unidos y España, entre otros países que abogan por la unión de las dos islas del Caribe.

mbaezjj@gmail.com

JPM

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