Un día sin AMET
En muchos países han surgido y puesto en práctica diferentes iniciativas que apuntan a disponer de un día sin determinadas acciones, incluso sin determinados grupos poblacionales.
Por ejemplo, en Estados Unidos se ha promovido alguna vez la acción de “un día sin indocumentados”, con lo cual se ha querido matizar la importancia que tienen para la economía estadounidense esos ciudadanos asentados de manera irregular.
Es posible que en la República Dominicana a alguien se le pudiera ocurrir un día de estos ensayar “un día sin haitianos”, con la finalidad de medir el impacto que tendría la ausencia de éstos en la industria de la construcción, en la agropecuaria y en otros sectores, pero fundamentalmente en estos dos renglones.
Pues bien, siguiendo esa línea se me ocurre plantear la conveniencia de que, al menos en la capital de la República, podamos ensayar un día sin los agentes de lo que antes se conocía como Autoridad Metropolitana del Tránsito (AMET), cuyo nombre fue cambiado en la nueva ley de la materia, en un esfuerzo por convencernos nosotros mismos de que la fiebre está en la sábana y no en el cuerpo del paciente.
En otras palabras, pensamos que con cambiar el nombre de AMET por el de Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte (Digesett) ya resolvimos el problema, cuando el asunto es mucho más complejo que una simple variación de denominación.
Un día sin AMET significaría que sus agentes dejen que los semáforos hagan las funciones para las cuales fueron diseñados, conforme se registra en Wikipedia, por el ingeniero británico John Peake Knight, en 1868, y mejorados posteriormente en los Estados Unidos.
Esto no implicaría, obviamente, que los agentes salgan de la calle, pues deben continuar obligando a los violadores de la ley a ajustarse a ella. A lo que me refiero es al tema de los interminables embotellamientos que provocan los agentes deteniendo la circulación en una dirección determinada mientras hacen fluir el tránsito en la otra, algunas veces para darle paso a alguien pretendidamente importante sólo porque ocupe un cargo u ostente un rango militar o policial, y la mayoría de las ocasiones sin ninguna razón entendible.
Esto sólo se justifica en el afán de importantizar a personas que una vez dejan la posición regresan al mundo de los mortales sin agentes para franquearles el tráfico mientras paralizan la circulación en otras direcciones.
Con un día sin agentes de Amet-Digesett se comprobará que son ellos los responsables de que en casi todas las horas la circulación vehicular en las principales arterias de Santo Domingo se constituyan en situaciones insufribles debido a los tapones. Un día sin Amet. Probemos a ver qué sale.

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