Suave…, que ahora vienen por Danilo Medina
Todavía retumba en mis oídos aquella consigna -post-electoral 2012- del PPH (ahora PRM-Convergencia), sus bocinas mediáticas y demás jauría: “¡Gobierno ilegitimo!” Luego, y después que esa consigna no se sostuvo, siquiera con la impugnación de un solo colegio electoral, esas mismas bocinas y sus pares de la sociedad civil (otro partido político) mudaron de piel (¡cuándo no!) y descubrieron algo más expedito: agenciarse un pie en el estribo (en algunas aristas del poder), y los más radicales e “impolutos” (Andrés L. Mateo y comparsa) retomaron su Primavera Árabe de estiércol y bajeza contra Leonel Fernández.
La estrategia era sencilla: ensalzar a Danilo Medina para denostar a Leonel Fernández (en esa línea periodística-mediática –y por tres años- llovieron los análisis “periodísticos” comparativos: Leonel-Danilo). Todo iba bien, hasta que Danilo Medina –“corriendo sólo en el carril de adentro” y centrado en la agenda social- se convirtió en un fenómeno político-social de posicionamiento-valoración pública inaudita y de resonancia nacional e internacional. Sin duda –y sin ellos sospecharlo-, Danilo Medina se le había escapado a la estratósfera.
¡Hallazgo raro!, digo yo, en medio del descrédito de la actividad política y de los políticos.
Pero, ¿qué hacer ahora? O mejor dicho –y en la estrategia de ellos-: ¿cómo apear de las nubes al que, en el juego de la política y de la conveniencia política-electoral coyuntural, contribuyeron a ensalzar-encaramar creyéndose dueños de esos hilos?
En eso están ahora (en apear a Danilo Medina), y la primera señal al respecto, es ver y leer –cual guion cinematográfico- como van sacando de escena a Leonel Fernández para entrar-entrarle a Danilo Medina.
Y una nuestra fehaciente de ese viraje “mediático-periodístico” es este botón apriorístico del vocero (buque-insignia) de ese ensamble mediático-político: “El costo económico, democrático e institucional de la reelección apenas comienza y de inmediato cobrará en los partidos de oposición para obtener la veintena de votos que faltan para aprobar la reforma constitucional. Se da por hecho que los lograrán entre los 9 diputados reformistas, ya sus dos senadores la aprobaron, y entre unos 44 que son la fortaleza de ese extraordinario empresario de la política que es Miguel Vargas. Se adelanta que, para no vaciarse, dejará en libertad de votar a sus partidarios”.
Y todo porque ¡fracasaron! Primero, porque aunque lograron mellar, coyunturalmente a Leonel Fernández (con su doble objetivo fallidlo: disipar-conjurar su crisis interna y dividir al PLD), no lograron quedarse con el PRD; y luego, tuvieron que conformarse con un PRM que de “2 millones y tantos de inscritos”, según Milagros Ortiz Bosch, no logró convocar a su “convención -¿o plan piloto?- siquiera a cuatrocientos mil de ellos. Sin embargo, Juan Bolívar Díaz, vocero y buque-insigne mediático de ese proyecto fáctico-empresarial, certificó, con su cara de “hacedor de opinión pública” que nadie se la cree, que esa “convención” fue “un éxito notable”.
Pero además, agregó esta lista de “analistas” y “cientistas sociales”, certificadores imparciales también del “éxito notable”, a la sazón: Analistas, sociólogos, politólogos y articulistas de oxígeno para la raquítica democracia dominicana” según Pedro Catraín, porque implica una “voluntad de cambio y renovación del liderazgo”, a juicio de Wilfredo Lozano y porque abriría perspectivas de una nueva opción electoral que por lo menos equilibraría el monopolio del poder en manos del PLD, según Olaya Dotel, César Pérez y otros”. Sólo faltaron dos: el inefable Ramón Colombo y el rugidor Miguel Guerrero.
Finalmente, no hay que perder de vista, en lo adelante, a estos acuciosos “cientistas sociales” (¡que vienen ahora tras Danilo Medina!, su repostulación, el PLD y la oferta –aún no publica- de Gobierno de Unidad Nacional), pues, seguramente sus “hallazgos y análisis” nos orientarán, con “objetividad e imparcialidad” periodística (¡sopla!), sobre posibles tendencias y posicionamientos políticos-electorales de cara a mayo-2016. ¡Qué amenos!
“¡Ojo al Cristo pues!”, porque además de borregos, el susodicho vocero insigne y esa claqué de políticos científicos -curiosamente, ¡todos perremeistas!-, nos estarán viendo la cara de pendejos al través de un libelo y de un emporio-oligopolio periodístico.
Y mientras tanto, Abinader, y colateralmente, el Jurassic Park que le acompaña, sabrá –al costo más alto- el significado semántico-político de aquel estribillo que el otrora fogoso Ramón Alburquerque hizo famoso: “!Entren todos coño!”
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