San Valentín empieza antes de la cama (OPINION)
Hay una frase que se repite en la consulta: “Doctora, mi esposa ya no tiene deseo”. Lo dicen con frustración, con miedo, a veces con enojo. Rara vez con curiosidad.
El deseo sexual en las mujeres no es un interruptor que se enciende y se apaga. Cuando una mujer, en una relación estable, con o sin hijos, pierde el deseo sexual no suele ser un problema individual, ni un acto de desamor, y mucho menos una falla moral. Es, casi siempre, una señal.
El deseo sexual de las mujeres está determinado por su historia. No es automático, ni constante, ni desconectado del contexto. En muchas mujeres, el deseo es responsivo: aparece después de sentirse seguras, escuchadas, acompañadas y deseadas, no exigidas. No nace de la presión, sino del vínculo.
Y aquí viene lo incómodo:
el mayor inhibidor del deseo en las mujeres no es la falta de amor, sino el cansancio, la sobrecarga y la desigualdad.

Mujeres que trabajan, crían, organizan y sostienen emocionalmente a la familia, y que además cargan con la expectativa de “tener ganas”. Para muchas, el sexo deja de ser encuentro y se convierte en otra tarea pendiente. Y cuando el cuerpo siente obligación, el deseo se retira.
San Valentín suele reforzar el error: flores, cenas, regalos… y una expectativa silenciosa al final de la noche. Como si el deseo se activara por calendario. Como si el amor se midiera en frecuencia sexual.
No funciona así.
La evidencia muestra que el deseo sexual en las mujeres está profundamente ligado a la conexión emocional, al reparto justo de las responsabilidades y a sentirse vista más allá del rol de madre o esposa. El erotismo empieza mucho antes de la cama: empieza cuando ella no está sola con todo.
Si ella no quiere, no es que no te ame.
Tal vez está agotada.
Tal vez está resentida.
Tal vez nunca aprendió que su placer también importa.
Tal vez el espacio para el deseo se llenó de exigencias.
Y aquí lo esencial: el deseo no se despierta pidiéndolo, reclamándolo o comparándolo con el pasado. Se despierta cuando la mujer deja de sentirse presionada y vuelve a sentirse persona.
Este San Valentín, más que preguntar “¿por qué ya no quieres?”, pregúntate:
¿qué tan acompañada se siente?,
¿qué tanto descanso tiene?,
¿cuánto de la carga diaria es realmente compartida?,
¿cuándo fue la última vez que la toqué sin esperar nada a cambio?
El deseo no se mendiga.
Se cuida.
Se construye.
Se merece.
Porque amar también es aprender que el cuerpo de la otra no está en deuda. Y que ninguna flor compensa la ausencia de presencia.
jpm-am

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