Insisto con este tema: ¡el de la niñez dominicana indigente y no protegida!
Cuando un niño es huérfano, indigente, que deambula por las calles (y avenidas) de Santo Domingo y pueblos del interior no encuentra protección, especialmente del Estado, ¿qué le espera?
Esto es, ¿qué futuro tendrá un niño harapiento, sin educación, marginado y que por necesidad tiene que andar sin horizonte, como un simple pedigüeño y casi nunca sin ser favorecido con algunos devaluados pesos dominicanos por la mayoría de los ciudadanos?
No hay que ser estadígrafo o sociólogo para saber que más del 75% de esos niños -cuyas edades oscilan entre los siete y 13 años- que piden en las calles o son limpiadores de vidrios de los vehículos que se estacionan en las esquinas cuando los semáforos están en luz roja son iletrados, huérfanos o abandonados por sus propios padres.
¡Son los llamados niños harapientos de la calle!
Hace unos cuatro meses, en esta misma tribuna, escribe sobre los pobre y olvidada niñez hambrienta dominicana…de la niñez -y permítanme parafrasear al afamado escritor colombiano Gabriel García Márquez- ¡que no tiene quién le escriba, o la que no tiene quién le dé la tan reclamada protección!
En el momento que de nuevo decidí abordar el tan espinoso tema, se lo comenté a mi amigo entrañable José Longo quien de inmediato reaccionó: «Estoy de acuerdo en que escribas sobre esos infelices niños, pero sé que lo haces porque tú también fuiste un niño desamparado, analfabeto e indigente»
A mi caro amigo José Longo le confirmé que sí. Que fui un niño abandonado, harapiento, pero que lo que realmente me impulsa a tratar el grave problema es básicamente por mi condición de periodista que aspira a una sociedad más justa, equilibrada y menos hipócrita.
Dato: Existen 100 millones de niños viviendo en las calles del mundo. Los infantes de la calle son especialmente vulnerables a la victimización, la explotación y a la violación de sus derechos civiles y económicos.
Resaltar, asimismo, que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) es un programa que proporciona ayuda humanitaria y de desarrollo a niños y madres en países en desarrollo.
No sé si esa ayuda de UNICEF llega hasta los niños desamparados dominicanos.
Pero hay que reclamar que el Estado debe ofrecer a nuestra niñez indigente la protección que necesita.

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