El pararrayo es un artefacto compuesto por una varilla metálica, terminada en una o varias puntas, conectada a la tierra o al agua. Se coloca sobre edificios y embarcaciones para protegerlos de las descargas eléctricas atmosféricas. Pensando en la misión y funciones de las madres, he llegado a la conclusión de que somos algo así como un pararrayo en el hogar.
Recibimos o preferimos recibir, todas las descargas negativas que vienen de la sociedad y las que surgen del hogar. La idea es proteger los hijos, que nada les haga daño. La meta es formarlos para que vivan felices, sean personas de bien, útiles a la sociedad.
Las buenas madres rechazan con firmeza y coraje los antivalores, corrupción, drogas, delincuencia, etc., para que no toquen sus retoños. Con recursos limitados y aun en detrimento propio, buscan la forma de atender las necesidades básicas, comida, salud, educación, etc., sin sucumbir ante tentaciones.
Para cumplir su misión, la madre necesita la ayuda de un Estado honesto, responsable y disciplinado. A ella se le dificulta neutralizar los malos ejemplos que se desprenden de funcionarios, legisladores, líderes nacionales, que se enriquecen con facilidad por medios ilícitos y luego enseñan que el dinero todo lo puede comprar: conciencias, posiciones, justicia, impunidad, aplausos y ser tratados como héroes. Ocultan que pierden el tesoro más valioso: la paz interior, la dignidad.
Estas enseñanzas, intentan destruir los planes de las madres y dificultan su tarea de enseñar sanos valores. Es de imaginarse las luchas de las que llevan sola la responsabilidad del hogar o la que con escasos recursos buscan salir adelante por buen camino. Es difícil contrarrestar las corrientes poderosas que deforman los hijos. El Estado puede hacerlo, dando lecciones ejemplares.
En lo personal, a las madres, les duelen las bofetadas de la vida, incomprensiones e injusticias pero no les inyecta su dolor a los hijos. No guarda rencor. Tampoco espera recompensa. El proyecto madre es de amor. Busca paz y felicidad para sus hijos y por tanto, para su entorno.
En medio de los impresionantes e incontrolables males sociales, sigue el sentir de un filosofo alemán que dijo “Ya que no puedo hacer llover sobre Alemania entera, me conformo con mojar mi jardín”.
Indiscutiblemente, que lo más maravilloso de ser madre y lo que realmente nos identifica como tal, es precisamente la capacidad de ser un pararrayo en el hogar. Un pararrayo que al estar constituido de amor, tiene el mágico encanto de evitar que las descargas duelan y tiene el tremendo poder de atenuar o destruir todo lo feo y odioso que la vida encierra.
La madre: un pararrayo en el hogar
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