El coronavirus ha llegado atacando el cuerpo, sin discriminación, para activar la mente y despertar el alma; no se sabe, con precisión, cuál es su origen, ni la medicina para erradicarlo. Demuestra que lo material importa poco; los millonarios, tampoco podrán comprar la medicina segura para erradicarlo, ni podrán divertirte ni viajar tranquilamente, mientras la pandemia este en el ambiente. Ha revuelto la sociedad en todos sus aspectos.
Parecería que vino a darnos importantes lecciones; demuestra que los grandes males atacan sin importar la clase social; que para combatirlos se necesita esgrimir valores morales, principios y la unión de todos; por tanto, debemos pensar y ayudar al prójimo; de nada vale que te cuides, si no cuidas al chofer, la empleada, al asistente, etc.
Todos somos posible fuente de contaminación. Esta pandemia nos pone contra la pared para que nos auto conozcamos y valoremos las personas del entorno, fomenta la solidaridad, la igualdad.
Los gobernantes del mundo buscan fórmulas para erradicarla, pero, lamentablemente, se han concentrado en el cuerpo: “la vacuna, distancia, mascarilla, confinamiento, lavar las manos”; han descuidado la mente, el alma, el espíritu de la población. Se están enfermando. Urge que dinamicen adecuadamente, las iglesias, psicólogos, psiquiatras, educadores, etc.., para atender la salud mental, el comportamiento, la paz espiritual.
Es el momento de recordar que de nada vale tener riquezas materiales si estamos presos y no la podemos disfrutar. Esta pandemia cierra muchas puertas, empresas, escuelas, etc.., confundiendo la mente, deprimiendo, especialmente los más débiles.
Son muchos los que se preguntan qué hacer en el día; niños y jóvenes agotan la creatividad, se desesperan, actúan fuera de sí. Urge que los gobernantes, no solo busquen la vacuna y hablen de mascarilla, distanciamiento y lavar manos, sino que recurran a profesionales de la conducta, psicólogos, teólogos, etc., para que a través de los medios de comunicación ayuden la población a entender los mensajes y consecuencias que se desprenden de esta pandemia; que las iglesias se
abran como los supermercados y llenen el espíritu de fe; que los artistas, con su música, despierten sentimientos.
A mi juicio, el coronavirus vino a dar una gran lección a la humanidad: vino a pellizcar el cuerpo para que se atienda el alma; habla de igualdad, cuando arropa con el mismo manto a ricos y pobres; cuando atrinchera la economía, la educación, la justicia, la diversión, las actividades sociales, sin privilegio; cuando confina en el hogar, obligando a tomar las riendas en la educación de los hijos.
El coronavirus, indiscutiblemente, provoca el encuentro intimo consigo mismo, invita a revisar si la conciencia está tranquila, si no hay temor a la soledad.
Parecería que esta extraña plaga que sacude el mundo, más que atacar el cuerpo, tiene como misión enseñarnos a valorar el alma, lo espiritual, la paz interior, la tranquilidad de conciencia; enseña a valorar y amar más al prójimo, invita a aumentar la fe en Dios.
veneciajoaquin2010@hotmail.com
JPM

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