Con el rigor y los silencios diplomáticos, pasó la visita de Antony Bliken a la República Dominicana. Desde luego que se dejó a las sombras y las elucubraciones dos temas que eran y son de obligatoriedad: la crisis de Haití y las elecciones en Venezuela.
Un silencio sepulcral en un tema que es importante para los dominicanos; el represamiento del río Masacre, dejando sin agua a los agricultores fronterizos. Haití violó acuerdos internacionales, y por la fuerza y la provocación a continuado desviando el cauce del río.
En política hay cosas que se ven y cosas que no se ven, lo dijo hace siglos el obispo Pablo en una carta a los Corintios. Después políticos y filósofos han acuñado el tema a su manera. Y lo que se oculta, lo que se calla, es más importante que lo que se da a conocer.
La República Dominicana tiene que mantener en los organismos internacionales su protesta porque los haitianos violaron el derecho de la buena convivencia entre países. Inclusive, a raíz de este problema se ubicó a cientos de miembros de las fuerzas armada en la zona fronteriza.

Está el tema de las deportaciones. Estados Unidos y Canadá, en la parrilla de las Naciones Unidas, claman para que se ponga fin a la deportación de indocumentados. Un abuso y un atropello de superpotencias, al querer dictar normas de conducta a un país pequeño
Despectivamente estos sectores se refieren a las naciones del tercer mundo, como repúblicas bananeras, y en ese lenguaje neo-colonial muestran toda su prepotencia al tratar con el que consideran débil.
Medidas extremas
Sin embargo, las grandes potencias tienen medidas extremas, violadoras de los derechos humanos al momento de impedir que latinoamericanos indocumentados penetren en su territorio. Pero como pasa siempre, los organismos internacionales solo sancionan a las repúblicas emergentes.
El gobierno tiene que seguir con la política de deportación de indocumentados, y de poner control a los que tienen sus documentos en orden.
Cada día hay más haitianos sin documentos y si se les deja llegar a la libre, en un futuro será imposible poner controles a una invasión que hasta ahora es pacífica.
Cierto que hay ilegales de otras nacionalidades, pero los haitianos representan la mayor carga para el país, y ejemplo suficiente son los gastos en que se incurre para prestarle asistencia médica y escolar.
Más del cinco por ciento de la matricula escolar dominicana es de haitianos, y en las maternidades, las haitianas son cerca del 40 por ciento. Una carga que el país no puede seguir soportando.
jpm-am

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