La obra de Juan Luis Guerra ha sido celebrada -con razón- por su profundidad lírica, su elegancia musical y su coherencia espiritual. Sin embargo, esa misma coherencia permite, e incluso exige, una lectura crítica: ¿cómo explicar que un autor tan atento a lo humano haya omitido líricamente una de las épocas más simbólicas, bellas y culturalmente densas del calendario?.
La Navidad no es solo un producto comercial ni un ritual prefabricado. Es, antes que nada, un territorio narrativo poderoso: infancia, reconciliación, memoria, comunidad, fragilidad, fe, espera. Para un compositor que ha sabido poetizar la injusticia social, el amor cotidiano y la trascendencia, la ausencia de una canción que dialogue explícitamente con este tiempo resulta, cuando menos, problemática.
La defensa habitual señala que Guerra evita lo estacional y desconfía de la estandarización navideña. Pero esta explicación corre el riesgo de convertirse en una coartada estética.

No toda canción navideña es banal, ni toda referencia a diciembre implica rendición a la industria cultural. Existen formas críticas, profundas y hasta subversivas de abordar la Navidad, y un artista de su calibre posee las herramientas para hacerlo sin sacrificar integridad.
Desde lo sociológico, la omisión también es significativa. La Navidad es uno de los pocos momentos donde lo colectivo aún se impone-aunque sea de manera tensa- sobre lo individual.
El silencio lírico frente a ese fenómeno puede leerse como una retirada del conflicto, una renuncia a disputar el sentido de una celebración que hoy oscila entre lo sagrado, lo popular y lo mercantil.
Más aún, tratándose de un creador que ha hecho de la fe un eje central de su obra, resulta llamativo que el acontecimiento fundacional del cristianismo no haya sido abordado de forma directa.
Vivir la espiritualidad como permanente no debería excluir la posibilidad de nombrar lo excepcional, de detenerse poéticamente en aquello que millones experimentan como esperanza compartida.
En este sentido, la falta de un tema navideño no es neutral. Es una elección que, aunque coherente, empobrece el diálogo cultural. No todo silencio es profundidad. A veces, también es una ausencia que pide ser cuestionada.
A lo largo de los años, artistas y orquestas nacionales e internacionales han convertido la Navidad y el Año Nuevo en himnos musicales que regresan puntualmente cada diciembre. Desde Johnny Ventura, Wilfrido Vargas, El Gran Combo y La Sonora Ponceña, hasta figuras globales como José Feliciano, Celia Cruz, Héctor Lavoe y Mariah Carey, entre otros, muchos entendieron que cantar estas fechas no era un gesto menor, sino una forma de inscribirse en la memoria colectiva y acompañar emocionalmente a generaciones enteras en el cierre y renacer del año.
jpm-am

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