Los datos para la etopeya y retrato de un señor como el licenciado Manuel Núñez Asencio, deben ser conocidos por el lectorado dominicano, sobre todo para que no haya dudas con respecto a sus “inconductas” personales y desvíos morales. Todas nuestras opiniones expresadas hasta ahora, van encaminadas a defender la integridad intelectual, institucional y moral de la ADL.
Es importante que el doctor Bruno Rosario Candelier y ante todo nuestra ciudadanía cultural, no se engañen con respecto al tesorero, miembro de número y candidato a diputado por la Fuerza Nacional Progresista (FNP), y conozca algunas informaciones académicas del mismo. Desde el año 2002, el señor Manuel Núñez Asencio se hace llamar “doctor” e “historiador”. Los lectores de este debate han observado que en todo momento sobresale el título de “doctor” e “historiador”, sin él haber obtenido en Francia, donde estudió, dicho título, pero donde tampoco cursó ni “libre” ni oficialmente la carrera de Historia. Dicho señor tiene la “mala costumbre” de engañar a su comunidad académica y a su sociedad usurpando títulos que no posee, pero también aprovechando su “bocina” pública para mentir. El doctor Bruno Rosario Candelier debe ser cauto con esta situación, pues a este conocido manipulador y usurpador de títulos académicos le gusta hacerse pasar por lo que no es, para aparentar altos niveles académicos y grados de saber.
El doctor Bruno Rosario Candelier debe pedirle a dicho miembro el título tan “brilloso” y “deseado” de doctor y que muestre el diploma (verso y reverso), debidamente “apostillado”, legalizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia y República Dominicana, sellado por nuestra embajada acreditada en Francia, donde supuestamente él hizo su doctorado y obtuvo dicho diploma. Nuestro director debe “curarse en salud” para que no lo tomen de tonto. Pues el nombrado Manuel Núñez Asencio firma como “doctor” documentos de nuestra Academia y, hasta el mismo diploma del premio al jefe de la FNP que emitió la misma, sin que ninguna institución académica o educativa de Francia le haya expedido titulo de doctorado.
Los seguidores y lectores de dicho “historiador” y “doctor” deben tener un perfil verdadero, un retrato y una etopeya para que conozcan la estatura moral de dicha persona. Mentir sobre un “título” que no obtuvo en Francia es una grave falta, pues, el sujeto se revela como mitómano consumado y sobre todo poseído por una nombradía que no le corresponde.
En nuestra ADL no hay dudas con los títulos de doctor de los firmantes del Diploma y Premio al señor Marino Vinicio Castillo, pero con la firma de doctor de Manuel Núñez Asencio sí existen reservas y dudas.
Un miembro de número de nuestra Academia Dominicana de la Lengua (ADL), debe tener una conducta académica transparente y sobre todo no mentirle a su comunidad. Como hemos observado en el transcurso de este debate, el nombrado señor ha sobresalido por una indigencia de pensamiento que debemos señalar y enfatizar, ya que dicha indigencia (sobre todo moral), ha creado contratiempos institucionales y le ha creado problemas a nuestra Academia.
En efecto, es importante que el doctor Bruno Rosario Candelier, averigüe la titulación real de un individuo que firma documentos como doctor en una disciplina, sin haber obtenido el diploma de dicho nivel de postgrado en disciplina alguna.
Es bueno para la salud moral de la Academia aclarar y comprobar si dicho miembro en cuestión obtuvo en Francia o en cualquier otro lugar su título de doctor, pero que el mismo tenga su número, sello y registro legal. De igual manera que la “reserva” y la “duda” que tiene la comunidad científica sobre él sean aclaradas y se muestren evidencias de lo que exhibe o luce este señor.
En nuestros días hay medios normales para saber si un sujeto miente, aparenta, fabula o engaña a propósito de su condición personal y académica. Es por eso que creo de rigor alertar al doctor Bruno Rosario Candelier sobre una posible tomadura de pelo o burla a la inteligencia y al sentido común.
Numerosos tunantes y enchaquetados presentan títulos, diplomas de estudios de tercer y cuarto nivel y papeles que carecen de respaldo legal, académico y científico, aparentando niveles, crecimiento social, deseo de “relumbrar”, encumbramiento y encubrimiento de taras, defectos personales, y discapacidades éticas.
jpm