La República Dominicana, igual que la mayoría de los países que comparten frontera con otras naciones, encara un problema fronterizo; el dominicano es un problema grave por las condiciones del vecino con quien deslinda el territorio de la isla.
Las condiciones de Haití, llevan a sus nacionales a buscar cualquier camino de subsistencia fuera del desastre que tienen en su territorio; catalogado desde hace muchos años como un estado fallido, Haití no ofrece las condiciones mínimas de existencia para ningún ser humano de extracción humilde, los cuales componen las grandes masas de carenciados.
Esos barrios de ciudades dominicanas, que los enemigos de la República Dominicana, denuncian como el fracaso de los gobiernos del país para combatir la pobreza extrema, son vistos por los depauperados haitianos como las puertas de un paraíso terrenal; esa es la principal razón de los tantos ilegales que deambulan por las diferentes ciudades.
Los 391 kilómetros de frontera abierta entre los dos países, son imposibles de cubrir por una vigilancia permanente, que resultaría muy costosa de mantener; sería como un estado de guerra continuo contra un enemigo cuya única arma es la miseria, que muchos creen es usada como instrumento de invasión silente.
¿Porque la llamada invasión del útero no se da hacia territorio norteamericano, digamos a la península de la Florida? _ pues, por lo costoso que le resulta a cualquier ciudadano haitiano pagar un pasaje a los traficantes de seres humanos, para su traslado por mar a esas costas, además de los riesgos del océano.
Si el Atlántico no se interpusiera entre USA y Haití, en esta problemática no se hablara de la República Dominicana; el flujo migratorio de los mejicanos hacia Estados Unidos de Norteamérica pasaría a ser un juego de niños.
Las mujeres embarazadas haitianas que acuden a dar a luz en hospitales dominicanos, son traídas por ONG nacionales e internacionales, que reciben fondos de diferentes países, que los destinan con la finalidad de combatir la pobreza mundial; pero es más fácil utilizar las disponibilidades del Estado dominicano, y disponer de esos fondos para beneficio personal.
Ningún plan, nacional o internacional, encaminado a destruir la nacionalidad dominicana puede dar resultado, si existe la disposición de la sociedad dominicana de no permitirlo; y si el Estado, rector de las conveniencias sociales y de la soberanía nacional, cumple con su papel.
Además de hacer cumplir las leyes migratorias, el gobierno dominicano debe darse un plan definitivo de largo alcance para detener el flujo migratorio por la frontera; este plan debe tener como norte estratégico, aumentar la población en la línea fronteriza; no hay mayores garantes de sus propios intereses que los mismos pueblos.
La población de las 5 provincias fronterizas, es de apenas 320,700 habitantes; comenzar con un programa de infraestructura productiva que lleve ese número al millón de dominicanos viviendo en esos lugares, sería como poner un muro de contención a la horda migratoria del vecino país.
Con el incremento de la población, vendría el incremento de la presencia de autoridades reales con raíces en los diferentes lugares de esas provincias; así los incentivos para el crecimiento comercial, industrial y agrícola, estarían sentados en las jurisdicciones donde sus habitantes los necesitan.
Reforestar la frontera es un plan ambicioso; pero que militar miraría un soborno, si se le otorga un incentivo de 200 tareas de tierra, y crédito para sembrar aguacates, cacao o café; se pueden hacer asentamientos mixtos de militares y civiles en esos lugares para incentivar un flujo migratorio interno, contrario al que se ha venido dando.
El Estado dominicano debe mirarse en el espejo de nuestros orígenes; no olvidar las consecuencias de las devastaciones del gobernador Osorio. La Patria comienza en la frontera, y solo allende los mares están sus límites.
No hay que ser un economista experto, ni un sobresaliente analista de las ciencias sociales, tampoco un profeta, para adelantar que una concertación de voluntades de todos los sectores productivos del país, incluyendo el Estado, tendente a cerrar progresivamente la brecha salarial, nos traería grandes beneficios a todos, al tiempo que nos ahorraría buena parte de las tantas penurias que nos abaten.
Nuestro país vive sobre grandes y graves contrastes. Uno de ellos es la amplísima –y onerosa– brecha salarial. Se trata de un tema discutido innumerables veces, tanto en sus implicaciones técnicas como también sociales, pero sobre el que, a pesar del sostenido crecimiento de nuestra economía, se ha avanzado muy poco. Inexplicablemente cada día la brecha salarial se hace más amplia sin reparar que esta situación, que afecta primaria y directamente a una gran mayoría, en sentido general, termina afectándonos a todos.
Una brecha salarial tan amplia y desproporcionada como la nuestra nos da de entrada un diagnóstico poco esperanzador. La desigualdad salarial nos afrenta y nos perjudica a todos. En un país como el nuestro que vive sobre permanentes y cada vez más agudas tensiones sociales que, aunque no terminan expresándose en términos capaces de alterar o amenazar las estructuras y el clima político, si tienen otras repercusiones preocupantes que dañan la vida colectiva.
Esas insatisfacciones tienden a volcarse en violencia, en desconocimiento a las normas de orden público, en delincuencia y desorden que, luego buscamos contener emitiendo leyes o tomando medidas de fuerza, cuando estos ímpetus pudieran ser atenuados con iniciativas más eficaces, duraderas y sostenibles.
Todos estamos preocupados por la delincuencia y la violencia a la que hemos tipificado en diversas modalidades: domestica, de género, juvenil, pero no hemos tipificado ni le hemos puesto calificativo a lo que debe llamarse la violencia salarial.
Las mujeres también son víctimas de violencia salarial, pues tal como se ha demostrado, en un alto porcentaje, reciben pagos menores a los hombres, aun cuando realizan el mismo trabajo y tienen el mismo rendimiento.
Acercar más social y económicamente a los sectores que componen la sociedad es contribuir a un clima de mayor seguridad, es extender para el disfrute colectivo el bienestar social capaz de garantizarnos un estado de mejor y mayor convivencia que se traduciría en menos ira social acumulada, menos miedo, menos estrés colectivo, menos histeria y espanto entre otros daños sicosociales que nos abaten.
Cerrar la brecha salarial debe ser una preocupación de todos. En nuestra escala salarial hay sueldos cuyos altos niveles solo son sostenibles y explicables sobre la base de un estructura social, política y económica injusta. Igual sucede con los llamados salarios mínimos, como si la vida humana unos pocos la pudieran vivir al máximo, a costa de una mayoría que está obligada a vivirla en los límites mínimos de la sobrevivencia, un mínimo que estrangula y reduce la existencia a la más precaria de las posibilidades.
Esto nos indica que vivimos en una sociedad que tiene estructuras institucionales que minimizan la vida de las grandes mayorías, y la amplían a excedentes sin límites para unos pocos. Esto nos conduce a una revisión de los valores sobre los cuales definimos y concebimos la vida.
No es admisible que una minoría pequeña se haya apoderado de las estructuras y de todos los mecanismos de orden social para imponer un modelo tan despiadado e injusto. Tenemos una élite que disfruta de abundancias insospechadas conviviendo con una amplia franja de la sociedad que mal vive carencias insoportables en situaciones tan minimizadas y reducidas como los salarios que le pagan.
Se podría alegar que este es un patrón muy universal y que responde a principios básicos del capitalismo. Pero esto no debe ser justificado; todo lo contrario, son estas tendencias negativas que los pueblos pobres como el nuestro deben revertir con voluntad y determinación.
Comenzar a hacer esfuerzos serios de parte de todos los sectores productivos de la nación es una manifestación de inteligencia social y política que nos beneficiaría a todos. Es un esfuerzo de entendimiento colectivo en el que nadie sale perdiendo.
La clase poderosa que sostiene esta estructura salarial tan desigual, ni siquiera se motiva por la teoría que expone que cuando el poder de compra de las clases más necesitadas aumenta, la producción y el comercio también crecen, y en consecuencias las ganancias también se multiplican.
En los países donde la brecha salarial es más cerrada, los beneficios sociales (seguridad, salud, educación, alimentación) son mejor aprovechados por todos. Es seguro que, si ponemos voluntad para construir una sociedad más justa, tendríamos un país más grande, más seguro y también más feliz.
Lo primero que los moralistas de conveniencia deberían preguntarse es si el sistema persecutorio y judicial de Brasil sentenció a Luis Inacio-Lula- da Silva a 12 años de prisión por la comisión de peculado o porque su retorno al Poder era inminente.
¿Alguien en su sano juicio puede creer que con el líder más carismático y presidente más exitoso de la historia carioca brasileña fue condenado por supuestamente aceptar un apartamento de playa como soborno?
Uno de los personajes de mayor involucramiento en la telaraña de corrupción fue juramentado como presidente de Brasil en sustitución de Dilma Rousseff, destituida por el Congreso, por una supuesta falta de naturaleza administrativa. Ese solo episodio indica que contra Lula se aplica la misma dosis venenosa.
La lucha contra la corrupción, que debería ser la más trascendente cruzada para impedir el enriquecimiento ilícito con dineros públicos, se ha convertido en un instrumento político empleado por grupos corporativos para degradar o denigrar figuras públicas progresistas o vinculadas con el cambio social.
Lula, un dirigente obrero, líder del Partido de los Trabajadores, alcanzo la presidencia de Brasil por vía del voto popular, cuya gestión de gobierno pudo sacar de la pobreza extrema y moderada a casi 40 millones de brasileños y convertido a esa nación en la séptima economía del mundo.
Una izquierda vergonzosa no se atreve hoy a defender a un auténtico líder de los trabajadores, la más genuina expresión del anhelo de millones de pobres y excluidos de alcanzar algún día la cima de la justicia social. Esa gente se viste hoy de lino y seda enganchada en el mismo tren en el que viajan los que pretenden crucificar a Lula.
En el Gobierno de Lula, Brasil escaló el liderazgo de las economías emergentes a través del Brichs, un esquema de relación que aglutino además a la Indias, Rusia, China y Sudáfrica, que puso en jaque al hegemonismo comercial, político y militar.
Las oligarquías continentales no le perdonan a Lula su liderazgo en la oposición al Tratado de Libre Comercio de las Américas, impulsado por Washington, ni sus iniciativas de concertar esquemas de relación comercial interamericanos y con Europa y China.
A Lula no lo quieren presos por corrupto, sino por su inminente retorno a la presidencia de Brasil, porque si fuera de otra manera, hoy ese país no tuviera el presidente que tiene y Dilma Rousseff hubiese concluido su gestión de Gobierno.
El liderazgo progresista de esta tierra insular debería verse en el espejo de la inmoral persecución política contra Inacio Lula, un esquema que se aplica para todo el continente, basado en la tesis de que en vez de matar con balas o de invadir a una nación, se asesinan moralmente a los líderes por vía de una impresionante maquinaria mediática, jueces y fiscales controlados por Wastsapp.
Santo Domingo, 8 abr.- La Asociación Dominicana de Agrimensores (Asodagrim) planteó hoy que todos los miembros de esa institución deben aumentar en un 50 % el cobro para los trabajos catastrales y topográficos, hasta llegar a la meta de un incremento de un 150 %.
El presidente de la entidad, Miguel Valoy, señaló que el incremento se debe «a lo costoso que se ha convertido para los agrimensores el ejercicio profesional y a la falta de protección por parte del Estado», según un comunicado.
Indicó que aunque algunas instituciones del Gobierno han mejorado en el trato hacia los miembros de Asodagrim, en otras como el Plan de Titulación, el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y Bienes Nacionales, «siguen perdidos por la falta de transparencia».
De su lado, Yvelisse Almánzar, vicepresidenta de la entidad, dijo que los agrimensores están dando seguimiento a todas las actividades que involucran el ejercicio profesional como es el caso de la automatización en la Jurisdicción Inmobiliaria y los planes de catastro que llevan algunos ayuntamientos.
Abogó para que el Estado tome en cuenta a la mujer agrimensora y la dote de mayor oportunidad y protección.EFE
BOGOTÁ. La guerra comercial entre EE.UU. y China que no da tregua mantiene en vilo a los analistas económicos y sigue repercutiendo en los resultados de Wall Street y las bolsas de Latinoamérica que cerraron la semana laboral en rojo.
Después de tres sesiones consecutivas de alzas, Wall Street retornó a las pérdidas luego de que el Dow Jones de Industriales, el principal indicador del mercado, perdiera un 2,34 % y cerrara en 23.932,76 enteros.
Por el mismo sendero transitó el selectivo S&P 500, que cayó un 2,19 % y cerró en 2.604,47 enteros, a la vez que el índice compuesto Nasdaq, en el que cotizan las principales firmas tecnológicas, retrocedió un 2,28 % y finalizó la jornada en 6.915,11 unidades.
Como ha sido constante en las últimas semanas, la guerra comercial entre China y EE.UU. disparó los temores en la bolsa neoyorquina y tiñó de rojo sus indicadores.
La volatilidad en Wall Street se aceleró por las declaraciones del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, quien anticipó más alzas graduales de las tasas de interés en lo que resta de año para mantener la inflación bajo control.
América Latina no fue ajena a esta realidad y por ende sus principales mercados retrocedieron en la enrevesada jornada de hoy, en la que la coyuntura política brasileña fue protagonista en el plano regional.
La bolsa de Sao Paulo retrocedió un 0,46 % al cierre de la jornada y su índice Ibovesopa, referencia del parqué, se situó en los 84.820 puntos, tras efectuar operaciones por 9.664,5 millones de reales (unos 2.928,6 millones de dólares)
El corro paulista se contrajo y está a la expectativa con respecto al inminente encarcelamiento del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, ordenado por la Justicia para que cumpla una condena de 12 años por corrupción.
Asimismo, el principal indicador de la Bolsa Mexicana de Valores retrocedió un 0,05 % y cerró en 47.926,11 unidades, después de hacer negocios por unos 13.018 millones de pesos mexicanos (710,9 millones de dólares).
Los números negativos también fueron la constante en la plaza bonaerense que terminó con una bajada del 0,40 % y finalizó en 31.738,77 puntos en una sesión en la que se intercambiaron títulos equivalentes a 358,52 millones de pesos argentinos (unos 17,76 millones de dólares).
El parqué de Santiago restó un 0,43 % en su índice principal, el IPSA, que cerró en 5.583,15 unidades al cabo de movimientos por 128.106.187.506 pesos chilenos (unos 211,67 millones de dólares).
Por su parte, el índice S&P/BVL Perú General retrocedió 0,46 % y concluyó en 21.038,12 enteros en una sesión con transacciones que totalizaron 22.875.814 soles (unos 7.088.879 dólares).
La historia fue distinta en Colombia, en donde el índice de capitalización Colcap sumó un 0,39 % y apuntó 1.520,76 puntos tras una compraventa por 76.652,40 millones de pesos colombianos (unos 27,4 millones de dólares)
También tuvo un comportamiento positivo la Bolsa de Valores de Montevideo cuyo principal índice avanzó un 0,09 % y se ubicó en los 111,16 puntos, con un monto de acciones que sumaron unos 247.256.841 pesos uruguayos (unos 8.744.155 dólares).
La evolución de las bolsas latinoamericanas fue la siguiente: Mercado Cierre Puntos
A los sacerdotes y el obispo católico que en Semana Santa subieron al púlpito a hacer causa común con la campaña que persigue avergonzar a los dominicanos de sus exigencias de aplicación de las regulaciones migratorias, instrumentalizando las palabras atribuidas a Jesús, en la crucifixión, algunas precisiones:
Manipulan con conocimiento de causa porque saben de la frágil sustentación evangélica de expresiones que, si bien han sido asumidas por la tradición, desbordan la racionalidad, porque algunas no figuran en los primeros manuscritos del Nuevo Testamento, y, el entorno en el que supuestamente acontecieron es insustentable.
En los tres evangelios definidos como sinópticos, porque con ciertas diferencias describen una trama similar: Mateo, Marcos y Lucas dicen que “desde la hora sexta hubo una oscuridad hasta la hora nona”
Las primeras tres palabras habrían sido pronunciadas antes de la tiniebla y las otras cuatro con posterioridad, pero después que la ciencia ha desentrañado el fenómeno de los eclipses está totalmente descartado el que se haya producido uno el 14 del mes lunar, que es el día en que según Lucas se produjo la crucifixión de Jesús: “Cuando llegaron al lugar llamado “del cráneo” lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y otro a la izquierda…”
Nunca ha ocurrido un eclipse en tiempo en luna llena o plenilunio que eran los de la Pascua Judía, y jamás se ha presentado uno con tres horas de duración, su máximo son tres minutos, y siendo la luna más pequeña que el sol, su interposición nunca cubre a la tierra plenamente de tinieblas, de modo que si el contexto ha sido ficción tampoco hay garantías de que la misma creatividad no haya operado en los diálogos.
Caso, por ejemplo, de la primera palabra: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, no figura en ninguno de los manuscritos originales conocidos: Papiro 75, Los Códices Sinaíco, Vaticano, Claro Montano ni Freeriano. En edición científica del Nuevo Testamento Griego, los investigadores la incluyen entre paréntesis cuadrado o corchete, como todo o que colocan bajo cuestionamiento.
Otro elemento importante es que Jesús rehuyó de la procura de efectos políticos coyunturales para sus palabras, razón por la que se resistió a militar en los movimientos nacionalistas como el de los Celotes, que procuraron hacer provecho de su popularidad para insubordinar al pueblo judío contra el yugo Romano, a ellos les había repetido lo mismo que a los que les pidieron que se liberara del suplicio al que había sido sometido demostrando que era el hijo de Dios: “Mi reino no es de este mundo”.
Violan el octavo de los diez mandamientos que les fueron comunicados al pueblo judío a través de Moisés y que ha sido asumidos por las grandes religiones monoteístas, el de no mentir ni levantar falsos testimonios.
Ni la condición de obispo ni la de sacerdote facultan a nadie para auscultar los sentimientos de los demás y prejuzgar si las ideas que profesan son sinceras o fingidas a menos que lleven una práctica claramente divorciada del discurso que pregonan.
El sector de la Iglesia Católica que se ha sumado a la campaña que pretende pintar de xenófobo, discriminatorio y racista, el sentimiento que anida en la mayoría de los dominicanos por recuperar su país comete un grave error, porque lejos variar la indignación de un pueblo solidario que ha compartido como nadie su pan con el vecino, contribuirán a seguir disminuyendo la influencia del catolicismo.
Durante los primeros años de la década de los 70, todavía un mozalbete tímido y espigado, quien escribe ya laboraba como locutor. Había debutado en la gloriosa Radio Reloj Emisoras Unidas del siempre bien recordado doctor Pedro Julio Santana (Pimpín), uno de los seres humanos más dignos que he conocido, un hombre alto y delgado, siempre de impecable chacabana blanca, que llegaba a los estudios de la Arzobispo Meriño30, siempre al atardecer.
Aun era yo estudiante de la secundaria y Miguel A. Hernández, entonces el único comentarista de artes y espectáculos del país, hizo que yo le acompañara en su programa Artes y Espectáculos en el Aire, que se transmitía de lunes a viernes por Radio Ahora, división de radio de Publicaciones ¡Ahora!, fundada por el doctor Rafael Molina Morillo, fundador también del primer periódico vespertino y, otra vez, el único, El Nacional de ¡Ahora!
Era un adolescente de voz grave y no fueron pocas las veces en las que muchas radioyentes pidieron al único columnista de espectáculos de entonces, Miguel A. Hernández, que publicara mi fotografía porque no podían creer que yo era tan joven con una voz de ese calibre. Salía corriendo del colegio donde estudiaba la secundaria para llegar a tiempo, a Radio ¡Ahora! Terminado el programa corría hacia la casa para ducharme, comer y salir casi de inmediato a Radio Reloj Emisoras Unidas. Además, inventaba tiempo para entrevistar a algunos artistas que visitaban al país, entrevistas que transmitía en el programa radial y que, luego, ya en mis comienzos como periodista en El Nacional eran publicadas.
EL AUTOR es. escritor y poeta. Reside en Santo Domingo
En aquellos tiempos, en labores propias de lo que ya era mi oficio, fui a los estudios de la antigua Radio Televisión Dominicana (Canal 4) para entrevistar a Altemar Dutra, quien actuaba ese día en El show del mediodía. La voz de Altemar Dutra siempre me ha gustado, y sigue gustándome casi con el mismo fervor. Aquella era una tarde calurosa y salimos en carrera (abordando un Austil azul), como se decía entonces a los vehículos contratados de manera exclusiva, sin montar otros pasajeros, como los taxis de ahora. ¿Dije taxi? Pues no solamente lo dije, sino que escribí la palabra y el ordenador no la puso en rojo, lo que indica que es palabra ya aceptada en este castellano tímido que se niega a quedar rezagado en la urgencia de los tiempos. Taxi era entonces una palabra muy extraña en este país, pero ahora es palabra común por lo que al escribirla ya no se usan las cursivas.
Esa tarde Altemar Dutra era un hombre medio cabizbajo, de estatura mediana y algo pasado de libras, vestía camisa clara de mangas cortas. Tomamos el vehículo y nos quedamos en la cuestecita de la Sarasota para caminar hasta El Embajador, nuestro clásico hotel 5 estrellas que aun permanece hirsuto con su habitaciones mirando hacia el mar Caribe. No recuerdo con exactitud lo que hablamos durante aquel encuentro, pero ha quedado grabada en mí aquella sonrisa tan triste, el hombre de gestos casi tímidos, quizás atormentando por algún recuerdo infeliz, o quién sabe si por algún sentimiento de culpa, una de las cosas que hacen más infeliz hace a los seres humanos.
Esta tarde, viernes de primavera que se comporta como verano, oigo una vez más al carioca que, de verdad, cantaba con sangre en la garganta, como diría mi fraterno Anthony Ríos. Una voz que, empalagando cual miel, llega al alma como sucede con todo auténtico cantor. Llega hondo el Altemar, demasiado hondo, como muy pocos, con ese español estropeado por aquel cuya lengua es el portugués. Mientras fluye la tarde calurosa y espero a quien no ha quedado de llegar, sigo evocando con Altemar Dutra de fondo, como un cómplice que nunca ha de saber que ha sido cómplice de amores, gozos y despedidas.
Esto en el balcón de mi estudio, aún quema el sol, y aún despierta en la piel el recuerdo de otra piel, un nombre, una fragancia que sentimos no ya en los 70 sino en los 90 o en los principios del siglo, cuando creíamos que realmente el mundo nos pertenecía y no era esta sentina de farsantes y simuladores que se meten hasta por el hoyo de una aguja, mientras oigo algunos clásicos populares.
Si ahora evoco a Altemar Dutra con regocijo y con una cierta tristeza casi ingenua, es porque al escucharlo desentierra raíces en mis reinos interiores y en los de cualquier mortal que, igual que yo, se dispone a contemplar el ocaso y empinar el codo. Y es porque La pretendida y Qué quieres tú de mí hace ya décadas que son himnos populares de esos que motivan y ayudan a vivir y a morir cada vez que se levanta la copa que ahora levanto en memoria de aquellos tiempos y el Altemar que vi esa tarde, visiblemente entristecido, preguntándome algunas cosas.
El formidable poeta T. S. Eliot, feliz autor de La tierra baldía, ha llamado “ hora violeta, cuando los ojos y la espalda / se alzan del escritorio / cuando el motor humano aguarda como un taxi..”
En esta hora violeta recuerdo a Altemar Dutra y apertrechado en mi balcón estudio compruebo cuán oscuro es el mar, como en el formidable poema de Miguel Alfonseca, pero con la diferencia de que la guerra de ahora es muy diferente de aquella que cantó con envidiable lirismo el poeta de san Miguel. La de ahora es la peor de todas las guerras porque es guerra del corazón. Del corazón que enceguece por la pasión y, ebrio, procede a multiplicar errores.
Soy amante del bolero, aunque lo sé alienante. Algo me dice que es memoria y es deseo, fatalidad y compases que arden y matan. Poesía popular que desnuda deseos reprimidos. Sigo escuchando esas voces portentosas que aun me conmueven. Felipe Pirela, Tito Rodríguez, Leo Marini, Marco Antonio Muñiz, Roberto Ledesma, Olga Guillot y mi siempre amada Blanca Rosa Gil, la muñequita que cantaba. Y qué puedo decir de Alfredo Sadel, si es mi buque insignia, aquel a quien escucho en todo momento y circunstancia, lamentando ese otoño en New York, cuando sentado en el segundo piso de la casa de mi amigo César de la Cruz, en Fort Washingthon con 88 Avenue, después de unos tragos fabulosos que serían seguidos de suculento sancocho de tres carnes, bollitos de plátanos, fritos verdes y envidiables tajadas de aguacate del país, me tocó al hombro convocándome al balcón. Una vez allí, me echó un brazo por la espalda y, señalando hacia abajo, me dijo: Mira quién está ahí, yo lo miré ignorante de lo que me hablaba y no me dio tiempo para más nada porque me dejó caer la frase muy seguro de lo que me decía: Es tu ídolo, Alfredo Sadel. Lo miré incrédulo mientras comprobaba que era él, el tenor de Venezuela, uno de mis ídolos, probablemente el que vuela más alto en mi corazón, el muñeco de Caracas, quien estaba allí, una medio oscura tarde de una primavera agonizante. No bajé a saludarlo porque nunca me ha interesado conocer ni tratar en persona a celebridades que admiró. Prefiero que permanezcan intactos en mi corazón. En mi fresca primera juventud lo había visto cuando vino a actuar en la ópera Carmen en el Teatro Nacional entonces recién inaugurado, pero no fue en ese momento que nació mi afición por él. Fue años después, cuando movido por la vida y los amores, me adentré en este mundo.
Perdón. Si la tarde ha querido que yo recuerde a Altemar Dutra y a Sadel, dos artistas monumentales. Dutra cantaba con el alma y con esa tristeza casi indígena hasta que murió en Queens durante los años 80. Sadel era capaz de cantar la ópera Carmen con el mismo encanto que cantaba Como llora una estrella o ese Nocturnal que tan hondo me llega cuando lo escucho. Aquel señor de sonrisa casi ingenua y modales muy educados no nació para respetar ni temerle a tonos musicales. Su portentosa voz sigue llevándonos a ese muy alto paraíso al que solo quienes son auténticos de verdad pueden llegar.
Yo los recuerdo y los celebro, escuchándolos. Soy su fans. Pero ya es noche. Noche joven y tibia. Escucho y veo los helicópteros que cruzan. Cláxones imprudentes. Voces y gritos de mozalbetes. Vendedores con megáfonos que ponen al desnudo la infeliz pronunciación de nuestra gente. Son recuerdos que regresan. Nombres y formas de cuerpos que retornan. Fragancias de encajes y colores de batas que dejan ver. Ruidos ligeros de neceser abriéndose. Una voz delicada. Memoria de piel que despierta cuando menos uno lo espera. Aquellos instantes efímeros, pero tan eternos, son como estas calles mojadas en noches de domingo, convertidas en espejos infelices y tercos. Tiempos que todo lo devuelven y regresan como si nos estrujara un periódico en plena cara al sorprendernos en la antesala del consultorio del dentista..
Están muertas estas calles que ahora veo. Reposa en el tramo el ejemplar de Neruda o esa novela de mi fraterno Alfredo Bryce Echenique. Ese jodido LP del Indio Duarte, esa mierda del poeta Quijada de Asno y el lugar donde alguna vez estuvo un opúsculo del hombre más envidioso del mundo, como le llamó Marcio Veloz Maggiolo, por si señas faltan, nuestro escritor vivo más alto, actual coloso de la literatura dominicana. Este balcón me condena y me convoca recordándome que la vida no es lo que muchos han creido y que este es un país plagado de locutores gagos y catedráticos iletrados.
Siguen irremisiblemente muertas estas calles convertidas en espejos. Me conmueven algunas palabras que décadas después sigo escuchando y no sé si preguntarte a Sadel o a Altemar, o si entrar a Facebook o a Twitter sin saber lo que estoy buscando. Las mejores cosas a veces se deshacen sin que nos demos cuenta, aunque la memoria de la piel no olvide. Por eso hoy he vuelto a Altemar Dutra y Alfredo Sadel con la curiosidad de quien va por primera vez y para que no muera el cielo violeta de aquella en que vi una l{iquida nostalgia descendiendo por uno de los pómulos de Altemar Dutra-
La decisión de la oligarquía brasileña de procesar, condenar y encarcelar a Lula, bajo cualquier infamia, deja herida gravemente a la democracia en el mundo de los hombres y mujeres libres.
La manera irresponsable, irrespetuosa y atropellante de como se ha manejado la acusación contra el más grande líder del progresismo latinoamericano, de seguro será objeto de estudio para los especialistas del derecho democrático.
Lula, el obrero que se atrevió a desarrollar un proyecto político de redención social (El Partido de los Trabajadores, PT) y que en el cuarto intento electoral alcanzó la presidencia del inmenso e inequitativo Brasil, cometió el pecado de demostrar que la oligarquía pro imperialista es una absoluta mentirosa, pues durante siglos predicó que la pobreza no podrá ser superada, asumiéndola como un castigo divino, y el en apenas ocho años de gobierno sacó a más 29 millones de brasileños de la pobreza.
Bajo su dirección elevó al Brasil a la categoría de país desarrollado con capacidad para liderar la integración de la región de Latino América y más allá, generando espacios y procesos de solución a problemas y a conflictos diversos, al margen de los Estados Unidos.
El delito de este hombre, que fue condenado sin que se haya aportado una sola prueba de los hechos que un condenado confeso le endilga por encargo, es haber logrado aplicar políticas publicas desde el gobierno para poner el pan en la mesa de los ciudadanos tradicionalmente pobres y excluidos. Lo imperdonable es que democratizó la educación y el crédito dando facilidad para que la gente común ascendiera a la categoría de seres humanos socialmente realizados.
Con el juicio a Lula, los tratadistas del derecho tendrán que revisar el principio universalmente aceptado de que “entre la palabra de un acusado y un acusador debe mediar la prueba”, porque en este caso ha prevalecido la palabra del acusador contra el acusado de manera reiterada niega las acusaciones.
El juicio a Lula, viola el principio de presunción de inocencia, pues a Lula se le asumió y se le presentó como culpable de manera artera, mucho antes de conocerse en un juicio de fondo las falaces acusaciones de que esta siendo víctima.
El principio de la jurisdicción, así como el de la imparcialidad de la justicia, quedan bastante cuestionados por la manera atropellante en que han actuado jueces políticos, taimados y prejuiciados, al servicio de intereses económicos contrarios al bien común, distantes de la ética y a la razón.
La democracia queda herida de gravedad y solo resta apostar al pueblo soberano para que imponga su veredicto, frente a una conspiración ignominiosa contra los derechos fundamentales de un hombre cuya vida, que es ejemplo de austeridad y honradez, pretende ser cercenada por la componenda de quienes nunca han creído en la solidaridad, ni el respeto y menos en el amor al prójimo.
Las venas de la democracia en América Latina se desangran ante el intento por matar al más fiel practicante luchador por la redención de los pobres y al mejor ejemplo de que se puede, desde el poder y por medio de la acción política, lograr el bienestar de los unos, sin empobrecer a los otros.
Estamos frente a otra de comprueba que la derecha no tiene escrúpulos cuando de imponer sus intereses se trata. Con Lula se busca consumar la descalificación del adversario electoral por medio de sentencias judiciales, impuestas de manera aviesas y con métodos perversos a los que se prestan jueces de juicios sesgados.
Los sectores oligárquicos nacionales que bajo la tutela de los Estados Unidos, antes imponían golpes de Estado contra presidentes electos democráticamente para en su lugar imponer a títeres serviles y cuya acción ejecutaban los militares, buscan en el caso de Lula, ensayar la instauración de una nueva escuela para imponer a las naciones, quienes pueden ser o no, candidatos a la presidencia en un país, evitando con sentencias judiciales que los pueblos ejerzan su derecho al voto.
A esta nueva modalidad para impedir que se instalen gobiernos progresistas, bien podría denominarse como la Escuela del Golpe de Estado Preventivo.
De ahí, que Lula, ante la precipitación de un juez politiquero y obsesivo, decidió no acatar la sentencia política que le “condena” a la cárcel y por el contrario, apelar a la fuerza de la razón, que el pueblo brasileño le confiere con su respaldo militante, no por temor a la cárcel, porque a eso probó no temerle hace cuarenta años, cuando estuvo preso, debido a sus luchas por alcanzar la democracia y la libertad, frente a la dictadura militar, cuyas garras asomaron en las últimas horas del juicio, amenazando con imponer un golpe de Estado al estilo de la vieja escuela, sino se imponía el Golpe Preventivo contra Lula..
Los hombres y mujeres dignos del mundo, sabrán manifestar el más solidario de los apoyos a uno de los hombres más solidarios del planeta, y es que no tienen de otra, pues de aceptarse lo que se pretende hacer con Lula, ningún hombre o mujer decente podrá en el futuro aspirar a la presidencia de su país, sin que se active este perverso mecanismo, de acusar, juzgar y condenar sin pruebas para descalificar a potenciales adversarios por la vía judicial.
No tenemos la menor duda de que la historia absolverá a Lula de los hechos que falsamente le son imputados por aquellos que siempre han usado el poder para aplastar a la verdad y a la razón.
En la tradición intelectual de Occidente, es al filósofo español José Ortega y Gasset a quien le cabe el mérito de tener ideas claras y distintas en torno al tema de las generaciones y su importancia en la vida social, cultural y política de las sociedades.
Una generación es un grupo de personas, que además de contemporáneos, son coetáneos, es decir, viven el mismo momento de sus vidas, reaccionan idénticamente frente a los eventos, y su alma está construida de ideas, valores y creencias del mismo entramado social. En ocasiones conforman un grupo, a su vez, amigos entre sí, lo que facilita cualquier proyecto común de desarrollo y cualificación del entorno.
Lúdicamente se dice que 20 años no son nada, pero el filósofo mencionado piensa que son suficientes, para marcar el paso entre una generación y otra. “La articulación de tres generaciones en todo presente produce el cambio de los tiempos” (Ortega y Gasset).
Los tres grandes acontecimientos protagonizados por el pueblo dominicano, a saber: la independencia dominicana de 1844, la Restauración de la República Dominicana de 1863 y la Guerra de abril de 1965 fueron dirigidos por personas en la plenitud de su existencia física y mental, además, tenían el mismo fondo común de verdades e idéntica actitud frente a los eventos importantes de la vida social.
El Movimiento Renovador, el acontecimiento de mayor trascendencia en la historia de la UASD, fue obra de hombres y mujeres de la misma generación, que venían actuando en común desde las postrimerías del régimen de Trujillo, y que luego de su caída, como en la persecución de los remanentes y en abril de 1965, siguieron viéndose la cara.
Es decir, cuando se tomó la decisión de darle curso, dirección y sentido a la obra renovadora, al mirar sus rostros, se dieron cuenta de que eran fichas conocidas, que venían de las mismas trincheras, combatían enemigos semejantes y los alentaban iguales esperanzas de redención y desarrollo humano.
Se espera que los jóvenes sean agentes del cambio, por tener sangre fresca, y un aparente porvenir, lleno de ilusiones e ideales que presagian la nueva vida. Quien no es revolucionario antes de los treinta, está condenado a una vejez prematura, y a una vida des-proyectada, se solía decir durante los años 60-70, que dicho sea de paso, fueron las décadas de oro de la utopía social dominicana.
Querer cambiar las cosas en beneficio de todos, aspirar a desplazar lo viejo por lo nuevo, porque se resiste al cambio, y arriesgar el pellejo, por lo que se creía correcto, constituyeron tópicos que orientaron y poblaron el mundo ideal de la juventud de aquellos años.
Toda una generación de hombres y mujeres se abrasaron a la causa del el antiimperialismo y el socialismo, pero el mundo cambió, y al hacerlo cambiaron también las cosas y procesos que lo constituyen, a saber: el tipo de hombre, las generaciones y los ideales. Está claro, no hay razones para esperar que los jóvenes de hoy, actúen como los de ayer, porque son frutos de circunstancias diferentes y aspiraciones distintas.
La década del ochenta, perdida de tantas maneras, fue dura para mi generación, pues, sentimos que el mundo ilusionado y pensado, ya no era posible, cundió el pánico, y muchos terminaron por recogerse. Apenas, comenzamos a reponernos de aquella terrible caída que constituyó el muro de Berlín.
Pero los jóvenes de hoy no vivieron eso, ni cargan con frustración en relación con ese tema. Su problema es otro: tiene que ver con el bienestar, el empleo y disfrute hedonista de la vida presente. Por fuerza, las dos generaciones que están en centro de la vida social de hoy (hombres y mujeres de 25 a 60 años), carecen de antenas utópicas, habitan el mundo de la opinión y pululan en la epidermis de los eventos sociales.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo, que trascendió ayer (cómplice, madre acogedora de buenas causas), hoy desliza su vida en la intrascendencia, el conservadurismo, el miedo y el silencio. Es el ejemplo de un organismo social, que después de haber querido tomar el cielo por asalto, cae en la indiferencia y en reconciliación pasmosa con las circunstancias.
Pero no es ella, son las generaciones que gobiernan su vida, las que la han convertido en una mole de cemento, que no ve, oye, ni entiende. Las instituciones son lo que los humanos hacen de ellas, si somos grandes, ellas también lo serán, si somos transparentes, esa virtud irrigará positivamente los espacios sociales donde estemos.
Finalmente pregunto, ¿hay esperanza? Sí la hay, y la cifro en lo mejor y más decidido de las tres generaciones que conforman la institución. A ellas apelo, para que pensemos la UASD, inventemos nuevas ideas, sentimientos y prácticas que la renueven, y abran cause definitivo, hacia la nueva vida académica, institucional y ética.
SANTO DOMINGO.- José Olivares y Nick Hardt se unieron para ganar su primer punto decisivo en una serie de Copa Davis por BNP Paribas para su país.
Los dominicanos marcaron un 6-3 6-1 en el dobles contra Kaipo Marshall y Xavier Lawrence para dar el triunfo por barrida a los criollos.
Debido a la molestia que presentó en el tobillo derecho en su partido del viernes, Haydn Lewis no estuvo disponible para participar en las duplas, como estaba originalmente nominado.
En apenas su tercera ocasión jugando juntos, Olivares y Hardt pudieron combinarse para sellar la victoria en solo una hora y dos minutos.
“Muy contento de darle este punto decisivo a mi país. Esto nos sirvió para medirnos y saber que podemos jugar juntos. Si nos dan la oportunidad haciendo una gira podemos darle muchos puntos a Dominicana porque tenemos mucho que aprender todavía”, dijo Olivares.
Para Hardt, la química fue lo más importante para alcanzar el punto definitivo.
“Nos entendemos muy bien. Somos buenos amigos dentro y fuera de la cancha. Tácticamente jugamos muy bien pero hay que mejorar mucho más”, explicó Hardt.
El final
La serie concluyó en el cuarto partido con una victoria de José Olivares contra Kaipo Marshall a quien superó tras 39 minutos en cancha 6-0 6-1.
“Buscaremos el Playoff”
Para el capitán dominicano, el hecho de no haber contado con Víctor Estrella en la serie anterior fue clave para que este fin de semana no estuvieran jugándose el pase a las Eliminatorias del Grupo Mundial, pero entiende que el próximo año tendrán su oportunidad.
“Estamos trabajando a José Olivares para el dobles para intentar combinarlo con Víctor (Estrella), que todavía puede jugar par de años más. La idea es tratar de jugar los Playoffs del Grupo Mundial el año que viene ahora que nos quedamos en América I”, puntualizó Rafael Moreno.
Lo que viene
Con la victoria, República Dominicana se queda en América I para 2019, y tendrá que esperar el sorteo de septiembre próximo que determinará sus rivales. En cambio, Barbados depende de la serie Chile-Argentina para conocer a su oponente, contra el que tendrá una segunda oportunidad para tratar de quedarse en la Zona el próximo año.