Oportunidad para RD: presidencia de la CEPAL
Por: Emelyn Herasme
El pasado 10 de marzo, el canciller Roberto Álvarez firmó en Santiago de Chile el acuerdo que convierte a República Dominicana en sede del 41° Período de Sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
¿Es esta una oportunidad histórica para liderar la región o solo un título honorífico que terminará en fotos y discursos?
Por primera vez en años, un país caribeño como el nuestro asume la presidencia de la principal instancia de pensamiento económico de la ONU en América Latina. Actualmente ocupamos una de las tres vicepresidencias; tras la reunión de octubre pasaremos a liderar el foro. El gobierno de Abinader lo ha vendido, con razón, como un acto de descentralización: no será en Santo Domingo, sino en la segunda ciudad del país, enviando un mensaje al interior.
El propio canciller Álvarez lo dijo: “Asumimos esta responsabilidad con profundo sentido del compromiso y con la convicción de que la cooperación regional sigue siendo indispensable”.
Pero aquí viene el pero necesario. Un título sin plan concreto se convierte rápidamente en un adorno vacío. Otros países que han ejercido la presidencia, Perú ahora, México y Brasil en el pasado, aprovecharon el período para impulsar agendas específicas: desde la integración productiva hasta la lucha contra la desigualdad o la transición ecológica.
Hasta ahora, no se ha presentado una estrategia nacional que conecte la presidencia de la CEPAL con una visión de desarrollo para la República Dominicana, para la región del Caribe y América Latina.
Si no actuamos con rapidez, octubre de 2026 será solo una cumbre bonita en Santiago de los Caballeros y en 2028 entregaremos la presidencia sin haber dejado huella. Eso sería un desperdicio imperdonable.
Por eso propongo tres prioridades concretas que RD debería asumir desde ya como ejes de su presidencia:
En primer lugar: Integración económica del Caribe. Somos el puente natural entre Centroamérica, Sudamérica y el Caribe insular. Impulsemos un plan concreto de nearshoring caribeño que atraiga inversión estadounidense y europea hacia toda la subregión, no solo a RD.
Segundo: Turismo sostenible y adaptación climática. El sargazo, los huracanes y el calentamiento global amenazan nuestro principal motor económico. La CEPAL puede ayudar a diseñar políticas regionales de adaptación que incluyan seguros climáticos, energías renovables en hoteles y un fondo caribeño de resiliencia.
Tercero: Políticas de nearshoring y cadena de valor regional. Aprovechemos la relocalización de industrias para posicionar al país (y a la región) como hub de manufactura avanzada, semiconductores y logística. Eso significa inversión en educación técnica, puertos y conectividad digital.
Estas tres líneas son demandas de nuestra economía y coinciden con los temas que la propia CEPAL está impulsando (desarrollo productivo, igualdad y sostenibilidad). Solo falta que el gobierno convoque a expertos nacionales, al sector privado y a la academia para construir un “Plan RD-CEPAL 2026-2028” antes del verano.
Esta no es solo una reunión en octubre. Es la oportunidad de que República Dominicana deje, por primera vez en décadas, una huella real en la agenda económica de América Latina y el Caribe. No la desaprovechemos por falta de visión. El prestigio ya lo tenemos. Ahora falta la acción.

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