Un discurso tan bueno como los demás
Los presidentes se esmeran en sus discursos los 27 de febrero. Generalmente son buenos discursos aunque la gente solo recuerda el último. O sea, el que acaba de pronunciar Danilo Medina.
Leonel Fernández también tuvo sus momentos de gloria con elocuentes discursos lleno da cifras y promesas. Si seguimos retrocediendo Hipólito Mejía hizo lo mismo, especialmente cuando le tocó anunciar que el país al fin tenía un Ley de Seguridad Social, un sueño eterno del líder del PRD José Francisco Peña Gómez.
Balaguer era un mago citando cifras y logros y hacia uso de sus dotes intelectuales para adornar sus discursos con citas de eminentes filósofos y grandes novelistas.
Pero al final de cuentas todos pintaban un país diferente. Las cifras generalmente se maquillan o se magnifican a niveles absurdos, las contradicciones son patentes si analizamos los logros con los recursos invertidos, se habla más de lo que se va hacer que lo que se hizo, nada de lo incumplido se menciona, especialmente si son reformas estructurales o temas controversiales, se prepara el escenario para grandes anuncios que pocas veces se materializan y se salpica el discurso con alguna declaración sensacionalista sobre la defensa de la Patria o la seguridad nacional en nuestras fronteras.
Es un clisé y solo basta revisar los discursos presidenciales de antes para comprobar lo que aquí decimos. Pueden coger cualquier año y cualquier periodo de gobierno y es lo mismo. Nada cambia.
Mientras se anuncian decenas de obras públicas ejecutadas, sin ningún plan que la justifique, otras tantas se deterioran porque nada se invierte en mantener las que están hechas. Por ejemplo, para la circunvalación del Gran Santo Domingo había presupuestado 200 millones en el 2014 pero se invirtieron más de RD$5 mil millones. Eso demuestra que el presupuesto anual no sirve para nada ya que rara vez se ejecuta lo que se asigna.
El cacareado 4% a educación no se ha cumplido en los dos años de este gobierno pero nadie habla de eso. Se construyen miles de aulas pero el Ministerio de Educación sigue siendo un barril sin fondos con una burocracia decadente e infuncional que no permite que la calidad de la educación mejore ni con un millón de escuelas.
Y sobre la pobreza, hablar de que se redujo un 5%, es una bofetada a los pobres, un insulto al intelecto, una falta de respeto al país.
Pero Danilo no es único culpable de estas atrocidades estadísticas, es el sistema y de eso ningún Presidente se escapa.
Y así, mientras el tiempo pasa y el discurso sobre un país imaginario se olvida, todo vuelve a la realidad. Seguimos siendo cada vez más pobres, donde la indigencia se multiplica aunque quieran reducirla desde un escritorio. El desempleo sigue altísimo y nada muestra que se reduce, con una informalidad en la economía que crece como una bola de nieve. El salario es de miseria y cada año su poder adquisitivo es menor lo que crea más pobreza.
La calidad del gasto público se deteriora cada año, con menos inversión de capital y más empleo clientelista, con su secuela de corrupción y despilfarro. Las grandes reformas que necesita el país se barajan constantemente y mientras el gobierno se mantiene a la deriva, el Presidente reemplaza los canales institucionales, por equipos de su confianza para ejecutar su obra de gobierno. Es como si el Presidente Medina nos quisiera decir “Yo soy el que construye las escuelas, yo soy el que doy el dinero para ayudar a los productores o microempresarios, yo soy el que resuelvo, yo soy Dios” Y así se creen todos los que llegan al poder.
En fin, el discursos de Danilo Medina, como todos los discursos del 27 de febrero sin importar el año, son excelentes piezas oratorias pero carentes de objetividad, llenas de contradicciones y promesas y usando cifras totalmente apartadas de la realidad, salvo raras excepciones.
Lo que si tenía este discurso de Medina, a diferencia de los dos anteriores (2013 y 2014) era un aroma reeleccionista que se extendió por todo el país.
Y no faltaba más ya que debemos que reconocer que hubo importantes logros económicos en el 2014, aunque la mayoría de ellos por razones coyunturales externas y no por reformas estructurales internas que garantice un crecimiento sostenido con equidad e inclusión social. Si mañana sube el petróleo todo se revierte y volvemos para atrás.
jpm

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