La obsesión por no pasar desapercibido y ganar buena cobertura en redes sociales no debe llevar a un estadista a banalizar su trabajo, logrando que lo intrascendente desplace lo que realmente incide en las vidas de las personas, como ha ocurrido con el presidente salvadoreño, Najib Bukele, en la ONU.
Se puede preguntar a los salvadoreños para qué se gastaron los boletos aéreos, los hospedajes y los viaticos de Najib Bukele y la comitiva que le acompañó a la Septuagésima Cuarta Asamblea de la ONU, y seguro que responderán que para hacerse un selfi en el podium de las Naciones Unidas y para burlarse de esa plataforma, juzgándola de innecesaria.
Al hablar como le toca al mandatario de un país de escasa incidencia en la vida de los otros, es decir, ante su propia delegación, personal de acompañamiento de la ONU y cantidad de asientos vacíos, dijo que el nuevo mundo al que se dirigía no estaba en ese auditorio, insinuando que allí estaba la obsolescencia.
Pero resulta que el gobernante que se ha encargado de decir a su gente que viajó a NY para nada, desarrolló dos encuentros de suma importancia para El Salvador, que sólo habrían sido posibles en el escenario que propicia la ONU: una reunión bilateral con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para exponer temas cruciales como es el tratar de postergar las deportaciones que aguardan a millares de salvadoreños por la finalización del TPS, y los auxilios que requiere su administración para seguir combatiendo la criminalidad y a las bandas armadas que imponen el caos.
Muestra de que Trump dio a la reunión carácter de bilateral como otro jefe de Estado fue el haberse hecho acompañar por el secretario de Estado, Mike Pompeo, el secretario interino de Seguridad Nacional, Kevin MacAleenam, y Jared Kurhner, yerno y asesor.
La otro reunión importante fue la desarrollada con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, para solicitar apoyo para la Comisión Internacional contra la Corrupción y la Impunidad (CICIES).
Ninguno de los dos encuentros dan amplias reproducciones en las redes sociales, pero impactan las vidas de los salvadoreños, que para eso son los gobernantes, y si ellos mismos no les dan importancia a las cosas importantes, menos la va a valorar la gente.
En ONU hubo otro discurso, contraproducente, que ganó muchos comentarios, el de la activista medioambiental Greta Thunberg, que va ante escenario que le da alcance mundial a denostarlo:
“Yo no debería estar aquí arriba. Debería estar de vuelta en la escuela, al otro lado del océano. Sin embargo, ¿ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza? ¿Cómo se atreven? Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. Y sin embargo, soy de los afortunados. La gente está sufriendo. La gente se está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva. Y de lo único que pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?”
Los que la llevaron saben bien lo que hacían, como lo explica The Times:
«El fenómeno Greta también ha involucrado a lobistas verdes, relaciones públicas, eco-académicos y un grupo de expertos fundado por una rica ex ministra socialdemócrata de Suecia con vínculos con las compañías de energía del país. Estas compañías se están preparando para la mayor bonanza de contratos gubernamentales de la historia.”
of-am

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