No es casualidad que el presidente Danilo tenga en sus manos los recursos del Estado y que sus maniobras dentro del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana les otorgan un sesenta por ciento para definidamente vencer de nuevo a su compañero y presidente del Partido, el ex presidente Leonel Fernández; y que a dicho porcentaje hay agregare el caso Quirino y el reciente escándalo de los aviones Tucano. Sin embargo, Leonel cuenta con ese cuarenta por ciento que nunca deja de ser tan peligroso; no obstante, si en otra oportunidad, Leonel llegara a la presidencia no solo desaparecería al presidente Medina del escenario político; más bien, lo enviaría al exilio o lo desconsideraría de tal manera que lo haría pasar varios años en una cárcel de máxima seguridad.
Los efectos del “cianuro político” en la cultura de poder de República Dominicana como otras naciones es un archivo que pasa de generación en generación como una mariposa monarca que cruza la frontera de la conciencia humana. Nuestra última capsula de “cianuro político” se manufactura en 1996 cuando sale electo el doctor Leonel Fernández, quien nombra como Ministro de la Presidencia al licenciado Danilo Medina. Aquí y a la sombra palaciega se inicia una historia de amares y cálculos que jamás estuvieron en la mente de Fernández como mandatario ni mucho menos como presidente de un partido que lentamente va quedando entre los maniobras del presidente Medina.
Tal situación ha hecho de Leonel Fernández un “preso de confianza” del presidente Medina y Leonel ya convertido en un “delibery boy” del “establishment” de Estados Unidos, capaz de realizar la más denigrante misión que encomienda el Imperio.
Tan pronto ocupó el cargo como Ministro de la Presidencia, Danilo Medina inicia su magistral proyecto de “cianuro político” contra su propio compañero de partido que a todas luces lo subestimó y sin medir las consecuencias del péndulo político, Leonel jamás intuyó que el hoy mandatario es arquitecto del silencio y un connotado maestro de esgrima que golpea en el “hígado político” de su más acérrimo adversario: el mismo doctor Leonel Fernández Reyna. Tanto Leonel como Danilo se han propuesto eliminar las fuerzas políticas y los obstáculos para exhibir un lastimoso escenario de poder interno que sigue derramando la copa moral de una nación aniquilada por la incuestionariable advertencia de su propio maestro y líder, Juan Bosch: una lastimosa ausencia de una clase gobernante.
Es que la ausencia de dicha clase ha permitido que estos dos últimos líderes (Leonel y Danilo) se hayan apoderado no solo de los resortes del poder; en la nación dominicana se cuece una sociedad moralmente enferma: corrupción y una gravísima falta de aseo moral de un Estado atrapado en una aberrante impunidad. Allí, se han eliminado las fuerzas vivas de la sociedad para darle paso a empresas proselitistas cuyos líderes han puesto de rodilla a la nación dominicana.
Quiérase o no, Leonel y Danilo serán protagonistas de primer orden en un péndulo de intrigas que hundirá a la sociedad dominicana bajo los síntomas del ”cianuro político”.

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