Pero ¿de eso no fue que hablamos? ¿Qué es esto? ¿Qué está diciendo este hombre? Según nuestra impresión, éstas fueron las interrogantes que expresaban el cuasi sorprendido y adusto rostro del Procurador General de la República, Jean Alain Rodríguez, luego de oír que en su rendición de cuentas el presidente, Danilo Medina, afirmara que en su gobierno no “hay vacas sagradas”.
El pasado 27 de febrero preferimos pasar toda la mañana observando la pantalla chica, atento a lo que iba a decir el presidente Medina. Se dice que en su alocución, Medina, recibió unas 90 ovaciones; pero además, al margen, hubo unas 83 repeticiones de promesas que había formulado con anterioridad.
Nos llamó la atención el nerviosismo de Medina, cuando abordó el tema de Punta Catalina y la Obedrecht. Lució inquieto y perdió el manejo del escenario, y como reportero televisivo que a veces utilizaba el telepromter podría añadir que, de seguro, le transmitió esa inquietud a quién o quiénes lo operaban.
Al igual que otros, pudimos notar el rostro un tanto desazonado del procurador Rodríguez, quien no atinó a pararse cuando otro al frente y a su lado lo hicieron, aplaudiendo con aprobación, lo expresado por Medina. Aunque muchos de éstos hoy en posición holgada no estén involucrados en el actual escándalo de la Obedrecht; han sido y son “vacas sagradas”.
En ocasiones, Medina, trastabilló en sus pronunciamientos y podría considerarse normal, porque como nunca antes el partido gobernante había tenido tanta presión en demanda de acabar con la corrupción y la impunidad. Por un momento llegamos a pensar cuando dijo que en su gobierno no habría privilegios, ni dentro ni fuera de él; iba a remachar diciendo: “yo mismo no soy vaca sagrada, y estoy a disposición de la justicia”.
Pero sin juzgar lo bueno o malo del discurso de Medina, lo que si nos debe preocupar fue la expresión del procurador, porque cualquier bisoño y joven funcionario se habría parado de su asiento tras los demás ovacionar a Medina. Nadie sabe bajo qué condiciones y tareas inmediatas, Jean Alain Rodríguez, está metido en este lío que no es de ropa.
Y debe haber aprensión cuando el mandatario se centró más en que los trabajos de Punta Catalina deben continuar y, prácticamente, envío un mensaje advirtiendo que ningún resultado podría viabilizas el camino contrario; es decir, está dispuesto hasta a violar cánones legales con tal de terminar la obra que, aparentemente, lo redime.
Desde ahora entendemos que encontrar el hilo que desenrede esto va a ser un tanto tortuoso. Y nos vamos más lejos, si resultara imputado en este asunto alguna importante figura política, los que quieren seguir disfrutando del dinero fácil serían capaces de convocar a cualquier contingencia para que no se haga justicia. Lo cierto es que la actitud del procurador Rodríguez motiva a la ocurrencia de ciertas prognosis, en nada halagüeñas.
JPM

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