La gestión que nos trajo hasta aquí ya no nos llevará más lejos

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El autor asesor en crecimiento de empresas, presidente de ProEstandar. Reside en Santo Domingo.

¿Por qué la transformación sistémica de las pymes dominicanas es clave para crear más empleo?.

La República Dominicana enfrenta un desafío silencioso, profundo y estructural. No se trata únicamente de crecimiento económico, ni de estadísticas de ocupación, sino de la forma en que gestionamos nuestras empresas, particularmente las pequeñas y medianas, que según las cifras oficiales rondan el 98–99% del tejido empresarial del país.

Durante décadas hemos sostenido, casi sin cuestionarla, una presunción cultural profundamente arraigada: “quien tiene tienda o la atiende o la vende” es decir, para nosotros es natural que sea el dueño quien lleve la empresa. Esta idea, heredada de una lógica artesanal y de supervivencia, ha moldeado el comportamiento del empresario dominicano hasta convertirlo en el principal escollo de su crecimiento y del crecimiento de su empresa.

El resultado es visible: empresarios atrapados en la operación diaria, físicamente presentes en la empresa, pero estratégicamente ausentes del mercado.

Empresas que funcionan, pero no crecen. Negocios que sobreviven, pero no escalan. Y, como consecuencia inevitable, organizaciones incapaces de generar empleo sostenible.

Esto sucede porque cuando la empresa depende de una persona, el crecimiento se detiene.

Una empresa que depende exclusivamente de su fundador no tiene un sistema productivo, es una extensión de él o de ella. Mientras el empresario siga siendo el único que decide, supervisa, vende, corrige y apaga urgencias, la empresa no puede multiplicar su impacto. Y una empresa que no crece, simplemente no necesita contratar.

Aquí se produce una fuga silenciosa de crecimiento:

  • No hay sistemas que garanticen continuidad.
  • No hay roles claramente definidos.
  • No hay indicadores que permitan dirigir con visión.
  • No hay tiempo para pensar estratégicamente.

En resumen: gestionamos urgencias, no crecimiento.

Nuestro empresario gestiona la empresa, pero no el negocio. Y cuando esto ocurre como parte de la cultura —como sucede en nuestro país— el impacto ya no es individual, sino nacional y este es el verdadero origen de la escasez de empleo.

La creación de empleo no es un acto de buena voluntad ni un decreto administrativo. Es una consecuencia directa del crecimiento empresarial. Una empresa que crece se ve obligada a contratar.

Una empresa que se expande necesita nuevos roles.

Una empresa que escala requiere estructura.

Por el contrario, una empresa estancada no genera empleo porque no lo necesita. Cambia personas, rota colaboradores, reemplaza, pero no crea nuevas oportunidades. El problema, por tanto, no es la falta de intención, sino la incapacidad estructural para crecer, porque ese es el límite natural de una gestión basada solo en personas y no en sistemas.

Durante años hemos intentado resolver este problema apostando únicamente al factor humano, sin reconocer una realidad incómoda: gran parte del personal disponible arrastra deficiencias estructurales en formación, hábitos de pensamiento y visión de largo plazo. No por falta de talento, sino por un contexto histórico de escaso acceso a lectura, educación estratégica y modelos de desarrollo empresarial.

Cuando una empresa depende exclusivamente de personas —y no de sistemas— se vuelve frágil, impredecible y limitada. La solución no es exigir héroes operativos, sino construir estructuras que permitan a personas normales, comunes y corrientes, producir resultados extraordinarios.

Esta realidad hace imprescindible un cambio radical de paradigma: de la empresa-persona a la empresa-sistema.

La gestión moderna, más que probada en economías emergentes que lograron saltos significativos, se basa en un principio claro:

las empresas deben depender de sistemas, no de individuos.

Esto implica una transformación profunda:

  • Separar el rol del gerente técnico del estratega de negocios.
  • Diseñar procesos claros, medibles y replicables.
  • Delegar con método, no por cansancio.
  • Construir una organización que funcione incluso en ausencia del dueño.

Esta es la forma correcta de iniciar la transformación: del experto técnico que conoce cada rincón de su empresa, al estratega capaz de crear sus propias oportunidades de crecimiento.

La evidencia existe: cuando el sistema cambia, el empleo aparece

Este enfoque no es teórico. Países con condiciones incluso más adversas que las nuestras han demostrado que es posible. En países como Etiopía, por ejemplo, donde se realizó un programa nacional de transformación empresarial basados en sistemas de gestión, se logró generar más de 200,000 empleos, no mediante subsidios, sino a través de programas combinados de competitividad y fortalecimiento estructural de las Pymes.

Cuando el empresario deja de ser el centro operativo y pasa a ser el arquitecto del sistema, la empresa comienza a crecer. Y cuando crece, el empleo surge como una consecuencia natural.

Un movimiento nacional, no un programa más

La República Dominicana no necesita otro taller aislado ni otra iniciativa fragmentada. Necesita un movimiento de conciencia empresarial, un punto de inflexión que cuestione la gestión obsoleta y abra paso a una nueva forma de dirigir nuestras empresas.

Por esta razón, se convoca a los empresarios que entienden que el futuro no se construye repitiendo el pasado. Los primeros veinte líderes empresariales que decidan apadrinar este movimiento civil recibirán asesoramiento estratégico gratuito, orientado a elevar su productividad y a pensar en sistemas.

No se trata de aprender más, sino de pensar distinto.

No se trata de trabajar más horas, sino de diseñar los procesos como deben ser.

No se trata de sobrevivir, sino de crecer para generar empleo y futuro.

El país que queremos comienza en la forma en que gestionamos nuestras empresas. Y ese cambio, inevitablemente, empieza por quienes deciden liderarlo hoy.

sp-am

El empleo en América Latina y el Caribe (OPINION)

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