La felicidad no es un asunto individual
Uno de los dilemas más debatidos de todos los que enfrentamos los seres humanos es la llamada “felicidad” … se han dado muchas explicaciones, bíblicas, filosóficas, catedráticas, entre muchas otras y en conclusión “se percibe” a esta como “un gozo interior por hacer “algo” que se desea”.
Hacer dinero, brindar bienestar, matar, robar, estudiar, en fin, cualquier cosa que “ese individuo” entienda le hace feliz.
En búsqueda de la felicidad perdida se han escrito cientos y cientos de novelas, poemas, tratados, congresos, frases y siga usted agregando a esa lista de sueños e ilusiones que nos venden día a día ofreciéndonos “objetos” que nos “garantizan” una felicidad eterna…
De todos los tipos de felicidad que existen, y miren que el número es casi infinito, yo escogería aquella que comparte bienestar, así sea poco, de lo poco que posea.
Uno, además de lo material, posee algo más rico y nutritivo que incluso, puede enriquecer constantemente hasta sumas inimaginables. Se trata de la mente. El poseer una mente dispuesta al crecimiento espiritual y consciente del mundo en el que vivimos y del mundo al que “viviremos” podría brindar beneficios que no alcanzan a pagarse con nada de lo terrenal conocido.
El bienestar que emana de una mente dispuesta a “incentivar”, en todos, la fortaleza ante los constantes obstáculos de la vida, es para mí, la felicidad secuestrada a esa otra dimensión que alcanzaremos al despedirnos de esta y en donde descubriremos un bienestar arraigado en un todo.
No existe una felicidad individual. No puede alcanzarse la plenitud para uno mismo ya que uno es apenas “un elemento” de un compuesto mayor.
Podríamos tener “lapsus” momentáneos en donde podríamos caer en la trampa de “sentirnos” “Dios”.
Podríamos llegar a pensar que “somos perfectos” y “superiores” ante los demás, olvidándonos que no somos capaces de crearnos a sí mismos y que mucho menos saber, ¿de dónde carambola fue que venimos?
La soledad “Feliciaca” es una mentira que nos engaña haciéndonos sentir, por momentos, alucinantes y eternos.
La humildad produce felicidad, recorre subliminalmente las mentes de los observadores activos y pasivos. Se inserta de modo perdurable produciendo neurotransmisiones hormonales de serotonina.
No es necesario tener una mente prodigiosa y llena de pensamientos alentadores para motivar. También el silencio de la humildad produce actitudes que estimulan los cambios buscados para alcanzar la felicidad.
Si la búsqueda de la felicidad comienza de forma individual, no es menos cierto que se alcanza plenamente al ser compartida.
Si todos hiciéramos consciencia de la caducidad de todo lo que contiene este sueño al que llamamos vida. Dejaríamos de empeñarnos por poseer a Ucrania, Siria, palestina o Afganistán.
Derribaríamos todas las cercas para compartir lo humano.
La felicidad no es individual, no está cimentada en el egoísmo lejano de un iglú o de una cabaña perdida en una montaña.
Le felicidad recorre las praderas tomadas de cientos de manos libres e impolutas de polvos cegadores y ambiciosos lodos.
Alcanzar la felicidad para el hombre común y vulgar, es aún un sueño no soñado, su imaginación no alcanza a escuchar las voces del alba. La mañana lo despierta indiferente al murmullo que lo arropa.
A lo lejos, y de todas partes, vienen trayendo una bandera que no tiene color ni nombre. Que se hace transparente ante las voces que la acompañan. Ya no hay idiomas extraños. ¡Ya estamos en casa!
¡Salud! mínimo caminero
jpm-am

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